—Y mientras tanto yo me voy a quedar con Ezzio hasta que Amanda termine de arreglar y pintar su apartamento —dijo Rubén.
—Vaya —respondió Mangel desganado.
—Sí, y de verdad quedó muy sorprendida cuando vio al pequeño gatito dentro de la caja. Por su cara estoy seguro que había pensado que le iba a hacer alguna broma...
—Mmmhh, ya veo.
—Pero yo sería incapaz de hacerle alguna broma pesada como esas que esconden cosas feas en cajas. O sea, sí sería gracioso, no voy a negarlo, pero se lo haría a cualquier otra persona pero no a Amanda, no me gustaría verla asustada y después enojada conmigo por una estupidez así...
—Jodé', Rubiú', que no para' de hablá de tu noviecita —interrumpió Mangel colocando una mano sobre sus ojos y negando con la cabeza.
Estaban en el departamento de Mangel, jugando un poco a la consola y conversando mientras tanto. Rubén frunció el ceño y miró a su amigo.
—No es verdad —respondió el chico.
—Claro que sí —continuó el pelinegro —ya me sé toda su historia de amor y cada detalle de su perfecta y molesta relación.
El tono de Mangel, más que de reproche se parecía a algo como... ¿celos? No podía ser. ¿Acaso su amigo estaba celoso de que él pasara ahora más tiempo con la chilena? Si aúnque tuviera novia, Rubius se juntaba con Mangel casi tan seguido como antes, no debería enojarse. Todo seguía como antes, solo que él tenía novia otra vez.
El problema era que Mangel no estaba celoso porque su amigo no se juntara tanto con él, sino que por el hecho mismo de tener novia. No podía evitarlo e incluso se lo negaba a sí mismo, pero ver que su amigo era tan popular con las chicas y que ahora tenía a su lado una tan guapa y agradable le revolvía el estómago. ¿Por qué él no podía tener la misma suerte? Si las mujeres no caían a sus pies, al menos tener una que lo acompañara. Obviamente, no le iba a comentar nada de eso a su mejor amigo. Solo quería pasar un buen rato junto a su mejor amigo.
Rubén iba a agregar algo más, pero sonó su celular. Era Amanda, así que contestó de inmediato, dejando el juego y a su amigo de lado. Fue a la cocina, conversó unos 15 minutos con la chica, cortó y volvió a la sala, donde Mangel tenía cara de hastío.
—Eso e' a lo que me refiero —dijo Mangel cuando Rubén se sentó a su lado —habla' todo lo' día con la chica, ya no tiene'.... ¡ya no tiene' libertá!
—No es cierto, puedo hacer lo que quiera.
—Claro, pero tienes que ir avisándole a ella. Parece que fuera tu dueña o algo.
No podía ser. Sin que se diera cuenta, Rubén se estaba convirtiendo en lo que siempre detestó, una de esas parejas melosas que alejan a sus amigos por estar juntas. Y para peor, estaba perdiendo su libertad. Ya había tenido una relación así, y no quería volver a repetir ese error, pero parecía ser que estaba siguiendo los mismos pasos y todo lo que hacía y dónde estaba se lo contaba a Amanda, aunque, en realidad, no fuera necesario.
—Coño, Mahe, ¿qué puedo hacer? Quiero mucho a Amanda, pero no quiero convertirme en algo que no soy, ni estar amarrado a alguien como si fuera mi dueña y dejar de hacer lo que quiero por ella...
—Ha'ta que reacciona', tío. Mira, para probar que puede' salí sin permiso, este sábado me invitaron a una... fie'ta. Ven conmigo sin decirle a tu novia, lo pasa' bien y vuelve' a sé tú mismo, un alma libre y enamorado de la vida.
Salir sin avisarle a su novia... parecía un engaño, aunque bueno, técnicamente no lo era. Solo era omitir algo de información. Y francamente, con sus novias anteriores siempre hacía lo mismo. Aunque a ellas no las tomaba mucho en cuenta. Excepto a la última, con la que también tenía que avisarle todo y no podía salir prácticamente con sus amigos. Y al final la chica igual lo había engañado. Tanto tiempo desperdiciado. Pero ahora no cometería el mismo error. Ambos eran libres para hacer lo que quisieran sin andar avisando nada. No tenía porqué ser dependiente de su novia ahora que estaba con la chilenita.
—Está bien, Mahe. Iré contigo.