Capítulo 05: Ezzio

761 Palabras
Llegaron al departamento de Rubén cerca de las 6:30 de la tarde. El chico invitó a pasar a su novia y ambos se pusieron cómodos en el sillón. —¿Cuál es la sorpresa? —preguntó Amanda. Estaba impaciente por saber qué había hecho Rubén para ella. —Tranquila, debes tener paciencia que ya llega —respondió Rubén con aire misterioso. ¿Ya llega? ¿No la tenía en el departamento? ¿Qué podía ser? —¿Quieres grabar un juego conmigo, mientras tanto? —preguntó Rubén. Amanda asintió con la cabeza, contenta. Ya no le daba tanta vergüenza aparecer en los videos —¡Genial! Quiero probar una nueva consola que me enviaron aquí en el televisor, será mucho más cómodo que en estudio, porque tiene una cámara y hay que moverse y bueno, ya te vas a dar cuenta. Espérame aquí. Rubén se puso de pie y fue a buscar la consola junto a un juego a su habitación. Mientras tanto, Amanda encendió la televisión. Rubén llegó haciendo equilibrio con la cámara, el trípode, la consola y el juego. La chica se acercó a ayudarlo para que no se le cayera nada. Entre ambos instalaron todo. Rubén vio que estuviera bien encuadrada la cámara y la encendió. Ambis se sentaron nuevamente en el sillón. —Muy buenas, criaturitas del señafsadfdag —dijo Rubius mirando a la cámara encendida —hoy probaré una nueva consola que me ha llegado. Estoy con Amanda, la chilenita, que me ayudará a probar el multijugador. Amanda saludó a la cámara. Rubén le pasó un mando de la consola y encendió el juego. Jugaron unos 15 minutos uno contra otro y luego, hicieron una dupla para otro juego en el que debían jugar juntos. Jugaron, comentaron y rieron una media hora más. Cuando lograron derrotar al jefe, celebraron chocando las manos, que luego entrelazaron. Se miraron a los ojos intensamente. Rubén comenzó a acercarse al rostro de Amanda y ella al de él. No importaba el juego, no importaba que la cámara estuviese encendida. No importaba nada más que ellos dos juntando los labios y dándose un largo beso. Amanda cerró los ojos. Le encantaban los besos de Rubén. Él siguió besándola y la abrazó. Amanda recordó el primer beso que se dieron en la casa de ella, cuando recién se estaban conociendo, y sonrió. Rubén la abrazó con más fuerza y la besó con más desesperación. La recostó lentamente sobre el sillón, y él se puso junto a ella. Le acarició el pelo, ella le acarició la cara. —Rubius... —susurró la chica, pero él la calló con un beso y la volvió a abrazar. No quería separarse de ella. La quería muy, muy cerca. El timbre sonó. —j***r —dijo Rubén y se puso de pie. Amanda se sentó y se peinó el cabello con los dedos. El chico abrió la puerta, habló con alguien durante un par de minutos y cerró la puerta. Al volver, tenía una caja en las manos. La tan esperada sorpresa. —Antes de que la veas —le dijo Rubén a Amanda con voz seductora —tenemos que terminar de... —Grabar el video —interrumpió ella —debes terminar el video como corresponde. —Es verdad. Madre mía, voy a tener que cortar todo este sexy time —dijo Rubius riendo. Dejó la caja sobre la mesa, se sentó en el sofá y despidió el video rápidamente. Apagó la consola y la cámara, y fue a buscar la sorpresa. Rubén tomó la caja con suavidad y la llevó al sofá. —Ábrela con cuidado, guapa. Por el tono de la advertencia, Amanda sospechó que podía ser algún tipo de broma. Si no fuera porque Rubén le tenía fobia a las arañas, estaría segura de que habría alguna tarántula o algo así dentro de la caja, que se movía un poco. La chica abrió la sorpresa con precaución, y al mirar dentro, se le iluminó la cara. Metió los brazos y sacó un pequeño gatito gris. —Es para ti... como perdiste a Altair, supuse que no te molestaría tener a Ezzio. —Claro que no me molesta. Me encanta —dijo Amanda con la voz ahogada, mientras abrazaba al pequeño ser, que maullaba tímidamente —te quiero mucho... —Yo también te quiero mucho —respondió Rubén abrazándola de vuelta. Wilson y Raspy llegaron atraídos por los maullidos del pequeño Ezzio. Amanda lo dejó en el suelo para que se conocieran con los otros gatos. Al principio, el pequeño Ezzio les bufó, cruzando el cabello, pero Raspy se acercó y lo olió, para finalmente lamerle la cabeza. Wilson se mantuvo algo alejado, pero mirando con interés al pequeño ser. La chica estaba contenta, y Rubén también. El chico que decía que era medio descariñado podía ser capaz de dar sopresas tan lindas como estas. Entonces a Amanda se le ocurrió cuál sería el mejor regalo. Quizás se lo entregarí a algo atrasado, pero más vale tarde que nunca.
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