Capítulo 07: Despedida de soltero

802 Palabras
Amanda estaba muy concentrada. Ya era sábado. Hacía casi 4 días que habían cumplido un mes con Rubén, y recién estaba terminando de hacerle su regalo. Recordó que en algunos videos de su novio, decía que le encantaba que le hicieran cosas a mano, así que decidió hacer un amirigumi de Jodie de Beyond: Two Souls, uno de los juegos favoritos de Rubius. Tuvo que comprar los materiales y seguir tutoriales de YouTube para aprender cómo hacer esas figuras. Primero le salían medias deformes, pero después de un par de intentos ya le estaba saliendo una figura decente. Estaba casi terminando, y le quedó bastante bonito. Pero el amigurumi no era lo único que había planeado  ya que también estaba preparando una cena especial para esa noche. Cuando tuviese todo listo, invitaría a Rubén a su apartamento. El chico se llevaría una gran sorpresa. Seguro que se pondría muy contento, pensó Amanda y sonrió mientras seguía trenzando la lana. *** Mangel y Rubius caminaban por las calles de Madrid. Algunas fans les pidieron fotos y autógrafos, y ellos las complacieron. Cuando por fin llegaron al lugar de la fiesta, Rubén miró el cartel algo extrañado. —¿Strip Club? —dijo mirando a su amigo con una ceja alzada. Mangel se puso a reír. —Sí, es que se casa un primo la próxima semana y le vamo' a hacer la de'pedida de soltero. Ya sabes, como no podrá tener otras tetas en toda su vida, haremos que hoy tenga a oportunidad de tocar y ver toda' la' que pueda... y nosotro' también. —Mmmm, no lo sé, Mangel. No me parece muy apropiado, sobre todo porque ya tengo una novia y esto es como... no lo sé... —¡No seas gallina, Rubiú! Rubén estaba algo nervioso, nunca le gustó mucho la idea de ver mujeres desnudas paseándose por ahí rodeadas de un montón de hombres babeando por ellas. No podía negar que aveces se imaginaba a él solo con mujeres denudas, pero no en un lugar público. Bueno, ahora que lo pensaba, hacía varios meses que no pensaba en chicas desnudas al rededor de él... desde que cierta chilenita entró en su vida... —Bueno, vamo' a entrá o qué. Rubén asintió con la cabeza. Ya estaba ahí y no podía defraudar a su mejor amigo, así que ambos entraron al lugar. Estaba oscuro, iluminado con algunas luces de neón. Había muchos hombres, la música estaba fuerte, y chicas en bikini se paseaban por la barra y los sillones que había en todo el local sirviendo distintos tipos de bebidas alcohólicas. Había un par de fierros para que las chicas bailaran, pero aún estaban vacíos. Mangel y Rubén saludaron al novio, que tenía cara de nervioso, y luego se fueron a sentar a uno de los sillones. Un chica voluptuosa con bikini fue a atenderlos. —¿Qué les sirvo, guapos? —Un par de cerveza' —contestó Mangel. La chica asintió y a los pocos segundos les traía su pedido. —Ve' que no e' tan malo —dijo Mangel a Rubén. El chico asintió con la cabeza. Sintió que algo vibraba en el bolsillo de su pantalón. Alguien lo estaba llamando. Con el ruido no podría contestar, así que se levantó y le dijo a Mangel que iría al baño. Cuando llegó, se encerró en un cubículo y vio su teléfono. Amanda lo había llado. Rubén se mordió el labio, no podía decirle que estaba allí. j***r, porqué lo llamaba en el peor momento. El teléfono volvió a vibrar, y él cortó la llamada. Mandó un mensaje a Amanda que decía "No puedo contestar ahora". La chica le respondió "¿Estás ocupado? Quería invitarte a cenar". Rubén escribió rápidamente "No puedo. También tengo vida aparte de ti, ¿Sabes? No me ahogues". Envió el mensaje y apagó su iPhone. Salió del baño y fue a juntarse con Mangel. *** "No puedo. También tengo vida aparte de ti, ¿Sabes? No me ahogues". Amanda leyó una y otra vez el mensaje. ¿No me ahogues? ¡Pero si casi no se veían en la semana! La rabia comenzó a subir por su pecho. Apretó los dientes y tiró el amirigumi de Jodie bien lejos. ¿Qué le pasaba a Rubén? ¿Qué le había hecho ella para que la tratase así? Las lágrimas asomaron por sus ojos, pero más que tristeza, era enojo lo que sentía, rabia por la situación, por el estúpido de Rubius. Muy bien, si no quería que "lo ahogara", no lo haría. Que el idiota hiciera lo que quisiera, a ella no le importaba. Fue a su cuarto, enojada. La mesa quedó puesta para la cena especial que le había costado tanto preparar. Incluso había ido a comprar ingredientes para replicar algunos de los platos que había aprendido a hacer en Noruega junto a la madre de su novio. El salmón, las papas y verduras cocidas y el postre de frutos secos quedaron sobre la mesa, enfocándose. Le había tomado horas hacer esos platos que, al parecer, nadie probaría.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR