Capítulo 08: Fiesta de Striptease

777 Palabras
Rubén estaba en la barra junto a Mangel y otros hombres. El tiempo había pasado lento. Al inicio de la fiesta, solo llegaban los amigos mientras las chicas del local los atendían con ropa corta y ajustada. Comenzaron a beber cervezas, pero luego pedían cosas más fuertes, aunque siempre cuidando de no quedar muy borrachos para poder disfrutar del espectáculo que vendría más adelante. El Rubius siempre estuvo junto a Mangel y conversaba con algunos de los demás invitados, pero evitaba mirar a las chicas que iban a atenderlos. Solo les agradecía con una leve inclinación de la cabeza. Cuando eran cerca de las dos de la mañana, y todos habían bebido mucho el espectáculo ya estaba en su apogeo. Un par de chicas bailaba en los fierros usando solo una tanga y zapatos de tacón. Los hombres estaban enajenados con los sensuales movimientos de las bailarinas, excepto uno... o quizás dos. Rubén le dijo a Mangel que saldría porque el humo del local le estaba mareando. Había dejado el cigarrillo hacía cosa de un año, y ahora le molestaba el olor. Mangel asintió con la cabeza sin tomar mucha atención a su amigo y siguió disfrutando del show de las streptease. Rubén salió por una puerta trasera del local. No se sentía bien, aunque no sabía bien por qué. Entonces un ruido le indicó que no estaba solo. Apoyado en la pared, estaba el primo de Mangel por el cual estaban haciendo esta fiesta. —Hey, tú eres el novio —dijo Rubén —¿Qué hacéis aquí? El novio lo miró con una triste sonrisa y le indicó que se acercara. —Sé que esta fiesta es por mí y tal, pero, no lo sé, siento que de alguna manera estoy engañando a mi prometida. —Pero si aún no se casan. Tienes que aprovechar ahora de ver tetas porque después solo podrás tener las de tu esposa. —Lo sé, y es lo que elegí. Yo solo la quiero a ella, a mi Teresa, y no la cambiaría ni por todas las tetas del mundo, porque ella es la única mujer con la que quiero estar... bueno, no sé si me comprendas, pero así de grande es el amor que tengo por ella. Rubén lo miro con sorpresa y un poco de admiración. El chico ese no debía ser mayor que él por tres años, y ya estaba totalmente seguro y tan enamorado de una sola mujer que ni las chicas tan guapas y deseables de la fiesta lo hacían querer estar con alguien más. —Bueno, no le digas a nadie, pero yo me voy —dijo el novio. —Vale. El chico se despidió con la mano y se fue por el callejón. Rubius lo vio alejarse y volvió a entrar. Se sentó en la barra, pero sin ver el espectáculo de las chicas bailando y sacándose la poca ropa que llevaban. —Chaval, ¿qué te pasa? —preguntó una chica en bikini que atendía la barra. —No sé, j***r. Me siento mal. —El baño está por allá —dijo la bar tender apuntando hacia la derecha. Quizás fue el alcohol que le soltó la lengua, pero Rubén sintió ganas de desahogarse con alguien. —No es esa clase de malestar. Es que, no lo sé, estoy aquí y mi novia no lo sabe... Pero con mis otras novias no me importaba salir y no decirles, nunca las engañé, claro, pero no sentía la necesidad de ser totalmente abierto con ellas. Bueno, con la última no podía ni salir porque todo le daba celos... Pero ahora no. Le digo todo, coño, todo lo que hago, incluso si no me lo pregunta... Pero Mangel me invitó acá y dijo que tenía que ser hombre y mandarme solo y no decirle nada a mi novia, y ella me invitó a cenar y yo la traté como los cojones... —Ay, chico, pero tú estás enamorado. Eso te pasa —le dijo la mujer con compasión. —Bueno, claro, por algo somos novios... —Mira, mi niño, es que ahora estás enamorado de verdad, ¿entiendes? Creo que con tus otras novias había cariño y tal, pero con esta chica debe ser diferente, y te sientes mal por tratarla mal, y por el qué dirán de tus amigos, pero ¿sabes? Si tú eres feliz con la chica, contándole tu vida y estando con ella, está bien. Solo, no te alejes de tus amigos por ella, pero tampoco la dejes de lado por tus amigos, ¿entiendes? —Sí... Vaya, deberías ser psicóloga o algo. Muchas gracias. La chica le sonrió y Rubén se levantó. Fue a despedirse de Mangel, pero su amigo estaba bailando con una de las chicas, así que decidió no interrumpir. Salió del local pensando cómo pedirle perdón a Amanda por haberla tratado tan mal. Había sido un estúpido y debía reparar el daño que le había hecho a su novia.
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