Capítulo 09: Qué haces aquí

713 Palabras
—El número al que usted llama no se encuentra disponible —dijo una voz de mujer. Era la tercera vez que Rubén llamaba a Amanda al móvil, pero la chica no contestaba. Quizás la razón fuese que ya eran cerca de las 3 de la mañana, pero Rubén no podía quedarse con la sensación de haberla tratado mal injustamente. Tenía que pedirle perdón. Sin saber bien lo que hacía, caminó algo tambaleante aparentemente sin rumbo, hasta que se encontró frente al edificio de su novia. El aire frío le despejó un poco la mente. Sí, estaba algo ebrio, pero a cada minuto se sentía más despejado. Mientras más se le pasaba la borrachera, más se iba a arrepintiendo de lo que le había dicho a Amanda, sobre todo de la forma tan desagradable que la trató, y empezó a angustiarse, pensando que la chica terminaría con él. Subió al séptimo piso y tocó el timbre de su apartamento. Pasaron unos segundos, pero nadie abrió. Rubén decidió tocar otra vez y otra y otra hasta que la puerta se abrió. —¡Rubius, qué haces aquí a esta hora! —dijo Amanda cuando vio al chico. —Yo... Rubén pensó que quería pedirle perdón, lo tenía todo en su mente, más o menos claro (aunque no tanto debido al estado de ebriedad en que se encontraba) pero se dio cuenta de que decir lo siento era más difícil de lo que imaginaba. —Oye, apestas —le dijo Amanda secamente —estuviste bebiendo. —Deja de controlarme, mujer —dijo Rubén. ¿Pero qué coño le pasaba? ¿Que era estúpido o algo? No quería tratarla mal otra vez. Amanda lo miró con enojo e intentó cerrar la puerta, pero el chico colocó su pie y detuvo la puerta con su hombro. Sin aviso ni permiso, volvió a abrirla y entró. Se sentía mareado. Cerró la puerta tras de sí. Amanda estaba sorprendida, el comportamiento de Rubén parecía violento, ¿podría llegar a dañarla? Lo miró con miedo y comenzó a alejarse lentamente, pero el chico la seguía de cerca. —No debiste venir —murmuró Amanda cuando Rubén estaba casi sobre ella. —¿Te molesta mi presencia? La chica estaba apoyada en la pared y Rubén estaba frente a ella, muy cerca. Las luces estaban apagadas, pero desde la ventana entraba la iluminación de la ciudad, que los alumbraba tenuemente. —Me ahogas —se atrevió a decir Amanda. Era verdad, la chica odiaba el olor a alcohol. —¿Es que no te gusta que beba? —preguntó Rubén con enojo —¿me vas a prohibir eso también? —Yo no te he prohibido nada —contestó la chica, desafiante. Rubén la miró sorprendido. Era verdad. Ahora que lo pensaba, ella nunca le prohibió nada, nunca le pidió explicaciones de nada. Pero él seguía tratándola horrible. Sin previo aviso, Rubén abrazó a su novia, y escondió su rostro en el cuello de ella. Amanda quedó paralizada por la reacción de su novio, pero luego le devolvió el abrazo. —Lo siento —susurró Rubén.  Amanda la acarició el cabello con cariño. —No importa —respondió ella también en susurro. Rubén se separó de la chica para mirarla a los ojos. —Claro que importa. Eres tan buena conmigo, y yo te pago así... no lo sé, no merezco ser tu novio... —No digas eso. —¿Vas a terminar conmigo? —preguntó el chico sin mirarla a los ojos. —Por supuesto que no, Rubius. Quizás tuviste un mal día, qué se yo... pero eso no quiere decir que seas un mal novio. Rubén sonrió en intentó besarla, pero ella no se dejó. Él la miró extrañado. —Será mejor que te des una ducha y duermas. Puedes quedarte aquí, si quieres... Rubén asintió. Se dio la ducha que despejó más su mente, aunque le daba vueltas la cabeza y si se movía muy rápido le daban náuseas. Volvió a ponerse la ropa interior, los pantalones y la camiseta. Luego de secarse el cabello con el secador, fue al dormitorio de Amanda. Para su sorpresa, su novia había preparado la cama que estaba debajo de la de ella. —¿No dormiremos juntos? —preguntó Rubén haciendo un puchero. —Lo siento, cariño —respondió ella con una sonrisa, acariciando el rostro del chico—pero no soporto estar cerca de alguien que huele a alcohol. Rubén, resignado, se acostó en la cama junto a la de Amanda. No pasó ni un minuto, y ya estaba durmiendo. Amanda lo miró dormir y le acarició el rostro. Tenía que contarle algunas cosas de su pasado, aunque no todas. No por ahora. Tenía que ir gradualmente, porque a ella tampoco le era fácil decir muchas de las cosas que vivió.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR