Había tenido un sueño intranquilo, partiendo porque cuando se recostó en la cama, todo empezó a girar a su alrededor. Cerraba los ojos y era peor, así que bajó un pie al suelo para "anclarse" y dejar de sentir que estaba en alguna montaña rusa. El mareo bajó y poco a poco se fue quedando dormido. A las pocas horas, se despertó con la luz del sol que le llegaba directamente a la cara. Abrió los ojos, pestañeó varias veces y tardó un poco en saber dónde estaba.
-Ah, que bueno que por fin despertaste -dijo Amanda asomándose por la puerta -tengo el desayuno listo.
Rubén le sonrió a la chica, se despertó y se levantó. El desayuno consistió en café bien cargado y pan tostado. Desayunaron lentamente sin hablar mucho, ya que al chico le dolía la cabeza por la resaca. Cuando terminaron, el Rubius dejó los platos y lo que habían utilizado en la cocina yAmanda se puso a lavar la vajilla mientras él se fue a sentar al sillón. Había pensado ayudar un poco más a la chica, pero debido a su estado, prefería descansar un poco más.
-Amanda, ven aquí.
La chica terminó de lavar y se fue a sentar junto a su novio, y él apoyó su cabeza en las piernas de ella mientras Amanda le acariciaba el pelo
-Guapa, perdóname por lo de ayer -dijo Rubén con voz arrepentida.
-Claro. No pasa nada -contestó ella sonriendo.
-Oye, ¿por qué no quisiste dormir conmigo anoche? ¿Tanto te molesta que esté algo... ebrio? ¿O solo estabas enojada?
Amanda lo miró y suspiró. Ya se tenían confianza, podía contarle casi cualquier cosa sin temor, así que la chica decidió abrir su corazón, recordar su infancia y sacar a la luz algunos tormentos que la hicieron reaccionar con miedo. Porque eso sintió cuando Rubén la tenía contra la pared la noche anterior.
-¿Recuerdas que te dije que mi papá nos abandonó cuando yo tenía unos ocho años? -preguntó la chica.
-Sí.
-Bueno, la cosa es que mamá tuvo que vender la casa y nos mudamos con una hermana de mi madre, para poder sobrevivir. Vivíamos en una pieza de la casa. Mamá trabajaba todo el día, y cuando yo volvía del colegio, quedaba sola con el esposo de mi tía. La cosa es que ese... hombre... bebía mucho. Digo, pasaba ebrio todos los días y se ponía algo... violento.
Rubén se sentó derecho y miró a su novia a la cara, pero ella tenía la mirada baja.
-A veces, cuando se enojaba por cualquier cosa, me... me pegaba. Y a mi tía también, pero ella me hacía prometerle que no se lo diría a nadie. Mamá nunca se enteró. Cada vez que yo tenía moretones, le inventaba que me caía en el colegio o algo así.
-¿Pero por qué tu tía escondía algo tan grave? -preguntó Rubén asombrado.
-No lo sé, quizás porque no se quería quedar sola, o porque tenía miedo de lo que podía hacer su esposo. Además, en esos años, en Chile era más normal la violencia en casa, y nadie se preocupaba de verdad... bueno, por suerte allí vivimos menos de un año y después nos mudamos a un apartamento solas. Nunca volví a saber de mi tía. Quizás ese hombre la mató o algo así. Espero que no, que haya logrado escapar...
Amanda se encogió de hombros y miró a Rubén con una sonrisa triste. El chico se imaginó a su novia de pequeña siendo golpeada por un hombre que debía oler igual como él la noche anterior. Ahora entendía porqué la chica no bebía... y a pesar de todo, tampoco a él le decía nada por hacerlo. Rubén abrazó a Amanda.
-Debiste habérmelo dicho antes, no habría venido aquí así de ebrio.
-No importa, ya lo superé, pasó hace muchos años.
Era claro que no era verdad.
-Te tengo una sorpresa, ¿la quieres ver? -preguntó Amanda cambiando radicalmente de tema. Rubén asintió con la cabeza, sorprendido. La chica fue hacia una esquina de la sala y recogió algo, lo sacudió un poco y lo escondió tras su espalda -perdón por la demora... es por nuestro aniversario de un mes.
Se acercó a Rubén y le pasó el amirigumi de Jodie que había hecho. Él miró su regalo sorprendido y besó a Amanda.
-También había preparado una cena anoche... podemos comerla hoy, si te apetece -continuó ella.
-¡Me encantaría!
Que dulce era su novia, y que valiente también. Con la confesión que le hizo, sentía que estaba aún más cerca de ella, y que la quería todavía más.