Capitulo 15

1300 Palabras
Charlotte, recogió los exámenes que el doctor Stuart mandó a pedir con Valentina. Los archivó dentro de un sobre y se encaminó a la oficina del médico. Dió dos toque suaves e ingresó cuando desde el otro lado de la puerta le mandaron a entrar. —Doctor, aquí están los resultados de los exámenes que mandó a pedir. Los de laboratorio trabajaron lo más rápido posible para tenerlos para antes de que su turno acabara. —La mujer le entregó el sobre. —¿Qué exámenes, Charlotte? —La cara del hombre se desfiguró y alzó una de sus cejas en un claro gesto de intriga. —Los exámenes urgentes que mandó a pedir con Valentina... —La mujer ante la metida de pata comenzó a titubear. —¡Yo no mandé a pedir absolutamente nada! —Exclamó furioso al momento que se ponía de pie y cogía el sobre con los resultados de los exámenes. —Pero esa maldita mujer me va a escuchar... El doctor Stuart salió de su oficina con los resultados de los exámenes en la mano, su rostro estaba enrojecido y su expresión era de furia absoluta. Caminaba con determinación hacia la oficina del director del hospital, quien al verlo entrar supo de inmediato que algo no iba bien. En el hospital para nadie era un secreto que el doctor Stuart tenía un pésimo temperamento. —¿Qué sucede, Stuart? ¿Por qué estás tan alterado?, —preguntó el director con preocupación. Se sentía demasiado agotado y no deseaba lidiar con más problemas. Stuart no perdió tiempo y sacó los papeles que sostenía en la mano arrojando estos con prepotencia sobre el escritorio del director. —Valentina, tu maldita asistente falsificó mi firma y mandó a hacer exámenes que yo no solicité. ¡Esto es inaceptable! Exijo que sea despedida de inmediato, —dijo con voz elevada y una expresión de furia en el rostro. El director se quedó en silencio por un momento, evaluando la situación. Sabía que Valentina era una asistente excepcional y que despedirla significaría perder a un m*****o valioso de su equipo, pero podía encontrar otra asistente a la brevedad, pero no otro doctor como lo era Stuart. Sin embargo, también comprendía la gravedad de la situación y la falta de ética demostrada por la joven. Finalmente, el director tomó una decisión. —Entiendo tu enojo, Stuart, y lamento profundamente lo sucedido. Agradezco que hayas traído esto a mi atención. Valentina será despedida de inmediato, —anunció con firmeza. Stuart asintió satisfecho, aunque en su interior sentía cierta pena por la joven y su patética situación. Sabía que estaba siendo demasiado severo, pero no podía permitir que su reputación se viera manchada por un error ajeno. Esa petulante mujer necesitaba aprender la lección, el que sea la novia del estúpido neurólogo no le daba derecho a hacer tales cosas. Mientras tanto, Jenifer, la asistente del subdirector corrió a buscar a Valentina. Ella justo iba de pasada a entregar unos documentos al director cuando esté le ordenó que fuera por Valentina en calidad de urgente. —¡Valentina! —Exclamó Jenifer angustiada —el director... El director quiere verte ahora mismo en su oficina. —¿Pasó algo? —La mirada de Valentina expresaba preocupación. —Si, por lo que llegue a escuchar el doctor Stuart se fue a quejar... —Se mordió el labio inferior nerviosa. —Hay no, tendré que aguantar un tremendo sermón... —se levantó de su escritorio encaminándose a la oficina del director. Valentina entró en la oficina del director, sintiendo el peso de las miradas frías del doctor Stuart y del director sobre ella. Sus manos sudorosas se frotaban nerviosamente en su regazo mientras intentaba mantener la compostura. Asumiría sus acciones, por que la vida de una niña inocente dependía de que ella fuera fuerte y defendiera su postura. Antes de que pudiera articular una sola palabra, el doctor Stuart tomó los resultados de los exámenes y los arrojó con furia en su rostro. Valentina sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras las palabras acusatorias del doctor resonaban en la habitación. —¡¿Cómo te atreves a falsificar mi firma y mandar a hacer esos exámenes sin mi autorización?! —gritó el doctor Stuart, con los ojos brillando de rabia. Valentina se sintió acorralada, sin saber cómo reaccionar ante la violenta acusación. El director intervino, intentando calmar los ánimos y buscar una solución al conflicto. Pero Valentina sabía que las consecuencias de sus acciones serían inevitables. En ese momento, se dio cuenta de que su mundo se estaba desmoronando a su alrededor, y solo le quedaba asumir las consecuencias de sus decisiones. —Se que me equivoque director, pero no podía simplemente ignorar la situación... —Dijo con firmeza, tratando de aparentar calma cuando en verdad deseaba llorar. —¿Tú que puedes saber de esto? ¡Eres una triste asistente, el médico aquí soy yo! —El médico arrojó aquello con desprecio. —Valentina, lamento mucho todo esto, pero el doctor Stuart tiene razón. Tristemente me veo en la obligación de despedirte. —Le entrega la carta de despido. —Puedes pasar por recursos humanos y retirar tu finiquito... —Pero señor... ¡Esto no es justo! —Se quejó. —Lo que hiciste no está bien, agradece que el doctor Stuart no tomó medidas legales —explicó el director con severidad. —Pero él está equivocado... —Se defendió Valentina. —Es el mejor pediatra del hospital, así que no me vengas con esas estupideces, toma tus cosas y retirate lo antes posible. —Sentenció tajante el director. Valentina no podía creer que nadie quisiera escucharla. Después de todo, sus acciones fueron en vano solo por que el doctor Stuart era un maldito egocéntrico. Conteniendo la respiración, se agachó y recogió los exámenes del piso para luego enfrentar a ambos hombres. —¡Váyase a la mierda, director! Un hombre que no puede ver más allá de sus ojos no merece tal cargo, con razón el hospital bajo su mando va en decadencia... Y usted —apuntó al doctor Stuart con su dedo índice. —Admito que es un buen médico, pero su ego lo ciega y por lo tanto, eso le resta mérito. ¡Esta a punto de poner en peligro la vida de una niña solo por que no acepta que alguien más pueda tener razón! —Gritó indignada, para luego darse media vuelta y abandonar la oficina del director. Valentina se encontraba en medio del pasillo del hospital, con los exámenes de la paciente en sus manos, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos de impotencia. La niña que estaba en la habitación necesitaba urgentemente un trasplante de médula ósea, no una simple operación de columna como indicaba su expediente médico. El doctor Stuart estaba cometiendo un garrafal error. A pesar de no ser doctora titulada, Valentina había estudiado medicina en línea en su país y había sido la mejor de su clase. Su sueño siempre fue convertirse en oncóloga, pero la vida le había jugado una mala pasada y no pudo finalizar sus estudios de manera tradicional. Ahora, viendo a la pequeña paciente sufriendo, sabía que no podía quedarse de brazos cruzados. Había mandado a realizar los exámenes necesarios y lo que encontró en ellos confirmaba sus sospechas. La niña necesitaba un trasplante de médula ósea con urgencia, la pequeña tenía leucemia y si el doctor Stuart no fuera tan necio y solo revisara aquellos exámenes se abría dado cuenta de su error. Nadie quería escucharla, ahora estaba desempleada y lo peor de todo el asunto es que no había logrado nada. De pronto pensó en Thomás, quizás él, si podría escucharla antes de juzgarla. Decidida se encaminó al área de neurología pediátrica. Thomás era su última esperanza.
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