Capitulo 12

1630 Palabras
Gustav estaba revisando unos documentos en su oficina cuando escuchó un suave golpeteo en la puerta. Levantó la mirada y vio a Thomás parado frente a él, con una expresión seria en su rostro. Inmediatamente supo por que venía. —¿Doctor Thomás? ¿Qué hace aquí? —Preguntó Gustav, fingiendo sorpresa por la presencia del atractivo doctor. ¡Dios, como odiaba al maldito condenado! Thomás se acercó a su escritorio como un toro furioso y antes de decir cualquier cosa, tomó al subdirector de las solapas de su costoso traje obligándole a levantarse de la silla. Gustav asustado, trató de apartar las manos del hombre de su ropa, sin embargo, Thomás lo sobrepasaba en fuerza. —¿Qué se siente ser más débil que tú oponente? —Las palabras de Thomás salieron temblorosas a causa de la intensa ira. Sin medir sus acciones, Thomás estampó a Gustav contra la pared más cercana, haciendo que los documentos sobre su escritorio quedarán regados por el piso. El hombre comenzó a gritar, a pedir ayuda, acción que hizo enojar aún más al doctor. Ya no pudo contenerse más, por lo que estampó uno de sus puños contra el rostro del subdirector. Después del primer golpe, Thomás perdió el control sobre si mismo y comenzó a propinarle uno tras otro golpe, mientras que Gustav se limitaba a encogerse en un rincón y proteger su regordete rostro. —¡Ya basta, Thomás! —El gritó desesperado de Valentina provocó que ese fuego interior se apagara de pronto. —Por favor no sigas, te meterás en problemas y no deseo que eso pase. —Ella se acercó dudosa y con extrema lentitud tomó ambas manos del doctor y las acarició suavemente con la yema de sus dedos, provocando que todo en el interior de él se sacudiera. —¡Pero él te faltó el respeto, se atrevió a lastimarte y no es justo! ¿Quién carajos se cree para ponerte una mano encima? Entiende, no puedo dejar pasar esto... —Confesó frustrado. —Se defenderme por mí misma, puedo ser pequeña de estatura, o demasiado menuda, pero sé cómo defenderme de cerdos abusivos como este. —Apretó las manos del hombre entre las suyas, —esto podría arruinar tu puesto como futuro director... —Pero... —Poco a poco bajaron sus revoluciones. —Ya es demasiado tarde —intervino Gustav —en la junta directiva de mañana presentaré la queja correspondiente por este ataque tan bestial. Valentina volteó furiosa a ver al subdirector. Ella siempre se consideró una mujer respetuosa y evitaba los conflictos, pero este hombre sacaba de quicio a cualquiera. —Si usted se atreve a presentar una sola queja en contra de mi prometido, entonces yo ahora mismo presentaré una queja en el hospital y me iré inmediatamente a ponerle una denuncia con la policía. Usted me golpeó y eso no solo es penado en lo laboral, también lo es en lo penal. —Lo apuntó con su dedo índice y frunció el ceño. —Puedo dejarlo pasar por esta vez, pero usted también tendrá que dejar pasar lo que acaba de acontecer en esta oficina. La desición es suya, subdirector. Gustav, sabía que Valentina tenía razón y en ese momento se sentía entre la espada y la pared. No le quedó de otra alternativa que aceptar las condiciones de esa mujer. —Lo que acaba de pasar no saldrá de estas cuatro paredes. —Respondió Gustav a regañadientes. —Entonces, tenemos un trato subdirector —dijo secamente Valentina antes de abandonar la oficina del hombre. Thomás antes de abandonar la oficina de Gustav, se encargó de dejarle algo muy en claro. —No vuelvas a meterte con mi mujer, Valentina Hoffman será mi esposa y si vuelves a involucrarte con ella, entonces tendremos que arreglar este asunto de manera diferente y te juro, que me encargaré de hundirte a ti y a toda tu familia. —Gustav supo que aquello más que una amenaza sin sentido era una advertencia. Thomás, antes de volver a sus labores pasó a despedirse de Valentina. —Hoy no tengo turno y mañana es mi día libre, podría llevarte a casa. Es buena idea que nos vean juntos fuera de aquí. —Lo último lo dijo en un susurro. —Esta bien, me siento demasiado agotada como para negarme. —Le dedicó una pequeña y melodiosa risita. —Por cierto, gracias por lo que hiciste ahí dentro. Perdiste la oportunidad de hacer justicia por protegerme. —La miró fijamente a los ojos. —Tú ya hiciste la suficiente justicia por mi... —Valentina se levantó de la silla y se inclinó sobre la punta de sus pies para dejar un ligero beso en la mejilla de Thomás. —Gracias. En ese momento, Thomás Schumacher, supo que estaba perdido. ••• A la salida, Thomás la esperaba en el recibidor del hospital y Valentina al verlo sintió un poco de nervios. Desde que se separó de Dereck, no había vuelto a tener contacto con ningún otro hombre, más que el estrictamente necesario, pero ahora, ir a casa con alguien le generaba un poco de ansiedad. —¿Lleva mucho rato esperando, doctor? —Fue lo que se le ocurrió preguntar para romper el hielo. —Recién llego —miente y no sabe por qué decide hacerlo. —Vamos, después de este día tan nefasto debes de estar exhausta. —La verdad que sí, tan solo deseo meterme en la cama con Aylín y abrazarla muy fuerte. —Camina junto a él hasta el estacionamiento. Thomás le abre la puerta del auto y Valentina le dedica una pequeña sonrisa, el camino a casa es silencioso, ninguno de los dos se atreve a romper el hielo. Ella le indica cómo llegar y él estaciona fuera del edificio donde la joven vive. Como buen caballero, la acompaña hasta la puerta de su departamento, memorizando la dirección por cualquier emergencia. —Gracias por traerme, doctor. —Dice mientras busca las llaves en su bolso. —Por nada. —Aquello sale seco y no sabe como arreglarlo. Hace tanto tiempo que no se siente de ese modo que no sabe cómo manejar sus propias emociones. —Buenas noches. —Abre la puerta apenas un poco y antes de que pueda entrar, Thomás la toma de la muñeca con gentileza. Pero la acción es más que suficiente para que ella se detenga. Valentina podía sentir el pulso acelerado de Thomás mientras la sostenía suavemente de la muñeca. Levantó la mirada y se encontró con sus intensos ojos miel, llenos de deseo y ternura. Thomás se sentía irresistiblemente atraído por ella, por su mirada profunda y su aura de misterio. Por qué sabía que tras esa mujer de baja estatura y apariencia ordinaria, se encontraba una mujer fuerte, una mujer luchadora. Por otro lado, Valentina se sentía cohibida, después de lo que le había sucedido con Dereck no podía volver a confiar fácilmente en alguien. Sus emociones estaban en conflicto, por un lado el deseo de dejarse llevar por la pasión del momento y por otro el miedo a salir lastimada de nuevo. Después de todo, lo que había entre ellos no era más que una farsa. Thomás acarició la muñeca de la joven con ternura, tratando de transmitirle seguridad y confianza. Valentina cerró los ojos por un momento, sintiendo la calidez de su tacto y dejando a un lado sus temores por un instante. Cuando Thomás se dió cuenta de lo que estaba haciendo, soltó la muñeca de la joven como si el solo tacto lo quemara y retrocedió un par de pasos, desviando la mirada notoriamente incómodo. —Pensé que sería buena idea mañana salir junto a Aylín, es importante que nos tomemos algunas fotografías. Ya sabes, ¿quién creería nuestro teatro si ni siquiera tenemos fotos juntos? —Esta bien, doctor. Supongo que tiene razón en eso. —Frota sus manos con cierta ansiedad. —Pasaré por ambas a las 10 de la mañana, así desayunamos juntos. —Volteó dándole la espalda a Valentina. —Buenas noches. —Buenas noches, doctor —la joven observó cómo la silueta del hombre se perdía escaleras abajo. Valentina cerró la puerta de su casa tras de sí y dejó escapar un suspiro largo y cansado. Había sido un día agotador en el trabajo y todas las emociones y problemas parecían pesarle en los hombros. Pero al momento en que giró hacia el pasillo, la vio: Aylín, su pequeña hija, corría hacia ella con los brazos abiertos y una sonrisa radiante en el rostro. El corazón de Valentina se llenó de amor y gratitud al ver a su pequeña, quien con solo unos pasos lograba hacer desaparecer todo el cansancio y el estrés del día. Se agachó para recibir el abrazo de Aylín, quien se aferró a ella con fuerza como si nunca quisiera soltarla. Valentina cerró los ojos y se dio cuenta de que en esos momentos, todo lo demás pasaba a un segundo plano. El olor dulce de la cabellera de Aylín, el calor de su pequeño cuerpo y la risa traviesa que emitía al sentirse protegida en los brazos de su madre, eran todo lo que necesitaba para recargar energías y enfrentar lo que fuera que le deparara el día siguiente y los venideros. Al levantar la mirada y encontrarse con los ojos brillantes de su hija, Valentina supo que, sin importar los obstáculos y desafíos que la vida le presentara, siempre tendría a Aylín a su lado para recordarle que el amor y la familia eran su mayor fortaleza. Y en ese instante, se sintió completa y llena de alegría, sabiendo que su hogar y su corazón estarían siempre llenos de amor gracias a la presencia de su pequeña hija.
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