Después de la cena, Thomás se encontraba jugando con la pequeña Aylín en el salón de su casa. A pesar de los esfuerzos del doctor por llamar la atención de la niña, esta estaba absorta en su propio mundo, mirando las luces del techo y aleteando constantemente. Erika, la niñera de Aylín, ya se había retirado a su habitación, dejando a Thomás y Valentina, la madre de la pequeña, solos en la sala.
Valentina observaba con ternura la interacción entre Thomás y Aylín. Le gustaba ver cómo el doctor se esforzaba por adentrarse en el hermético mundo de la niña, a pesar de no ser nada sencillo. Valentina había sido testigo como a su hija le agradaba el doctor, a pesar de estar ignorando sus intentos de juego en ese momento.
Cuando el reloj marcó las 10 de la noche, Thomás se despidió de Aylín y de Valentina, y se retiró a su despacho a preparar el discurso que daría en la junta al día siguiente. Mientras tanto, Valentina tomó a Aylín entre sus brazos y la llevó a la habitación. Estaba demasiado cansada, solo deseaba estrenar esa maravillosa cama y dormir toda la noche.
Una vez en la habitación, Valentina arropó a Aylín y le cantó una suave canción de cuna para ayudarla a conciliar el sueño. Aylín cerró los ojos lentamente, y Valentina suspiró aliviada al ver que la niña finalmente se dormía.
Valentina cerró los ojos, quería dormir y poder descansar plácidamente, sin embargo, cuando se estaba quedando dormida la pequeña Aylín despertó llorando. Valentina hizo de todo para hacerla dormir nuevamente, pero la pequeña parecía ansiosa y de la nada rompía en llanto.
Mientras tanto, Thomás estaba absorto en la preparación de su discurso. A pesar de estar concentrado en su trabajo, no podía sacar de su mente la imagen de Aylín mirando las luces del techo en el salón. Sabía que la niña era especial, y sentía una conexión especial con ella que no podía explicar. Quizás eran sus inmensas ganas de ser padre...
A medida que avanzaba la noche, Thomás terminó de preparar su discurso y se tomó un momento para relajarse antes de ir a dormir. Se sentó en su escritorio, reflexionando sobre el día y pensando en la familia que de la nada había formado. Le gustaba la comida de Valentina, le gusta platicar con ella y le gustaba la pequeña Aylín y el solo pensar en que esto era algo temporal le provocaba un tremendo estrés. "No te involucres más de la cuenta" se dijo una y otra vez.
Pero se olvidó de aquella frase en cuanto subió a la segunda planta y escuchó el llanto de Aylín. Rápidamente se encaminó a la habitación de Valentina, encontrando a la mujer con la pequeña niña entre sus brazos, mesiéndola suavemente con la finalidad de calmarla.
Thomás se adentró en la habitación de Valentina con preocupación en su rostro. Sabía que algo estaba afectando a Aylín, la pequeña hija de Valentina que sufría de autismo severo. Al ver a la madre de la niña sentada en el borde de la cama con una expresión de agotamiento, Thomás decidió preguntarle qué le pasaba a Aylín.
Valentina suspiró y le explicó que Aylín estaba teniendo problemas para dormir. Los trastornos del sueño eran comunes en niños con autismo, y para Valentina era especialmente difícil lidiar con eso, ya que ella era la única cuidadora de la pequeña, claro, estaba Erika quien la cuidaba en el día, pero ese no era momento para molestar a la niñera.
Thomás miró a Valentina con compasión, admirando su valentía y dedicación hacia su hija. Sabía que ella necesitaba descansar, pero también entendía lo difícil que era para Valentina dejar a Aylín sola en la habitación en un momento como este, para la pequeña toda esa situación también era demasiado difícil.
Decidido a ayudar, Thomás se levantó de la cama y se dirigió rápidamente a su despacho. Buscó en un cajón y encontró una caja de gomitas dulces especiales que contenían melatonina, una hormona natural que ayuda a regular el ciclo del sueño.
Con una idea en mente, regresó a la habitación de Aylín y le ofreció a Valentina dos gomitas dulces, explicándole que podrían ayudar a que la niña se durmiera. Valentina agradeció el gesto de Thomás y decidió probarlo. Entre cosquillas juguetonas lograron que la niña entre carcajadas escandalosas accediera a comer las golosinas.
Juntos llevaron a Aylín a su cama y la arroparon con cuidado. Thomás se acostó a un lado de la niña, mientras Valentina se acurrucaba al otro. Juntos formaron una especie de pequeño círculo de protección alrededor de Aylín.
Thomás comenzó a contarle cuentos a la niña en voz baja, tratando de calmarla y hacerla sentir segura. Valentina miraba a Thomás con gratitud y admiración, viendo cómo se esforzaba por ayudar a su hija. El corazón de la joven madre latía alocado y el relvotijo en su vientre le indicaba que el doctor estaba provocando sentimientos más aya de la amistad y la gratitud.
Poco a poco, Aylín comenzó a cerrar los ojos, y finalmente cayó en un profundo sueño. Valentina suspiró aliviada, agradeciendo a Thomás por su ayuda y apoyo.
—Gracias, no te imaginas de cuánta ayuda fuiste —su voz se quebró y cubrió su rostro paliducho con el dorso de su antebrazo. Thomás al verla de ese modo sintió que el corazón de le estrujaba.
—Haré un hueco en mi agenda para la próxima semana, necesito mandarla a hacer una serie de exámenes y estudios, los que corren por mi cuenta. —Distraidamente jugaba con los rizos chocolate de la niña —necesita que regulemos la dosis de su medicamento.
—Esta bien, yo solo deseo que ella esté bien, que poco a poco pueda sentirse mejor —apartó el brazo de su rostro y Thomás observó su hermoso rostro cubierto por las lágrimas. —Sabes, no me importa si nunca jamás logra hablar, tampoco me importa que no aprenda o se comporte como los demás niños, tampoco me importa tener que cuidar de ella toda mi vida, pero lo único que le pido a Dios es que sus períodos de crisis disminuyan... —No pudo seguir hablando ya que rompió en llanto.
—Valentina... —Rapidamente tomó la mano de la mujer entre las suyas y las apretó con dulzura. —Aylín estará bien, eres una gran mamá y yo te apoyaré en todo, tanto como médico tanto como amigo...
Ella no dijo nada en ese momento, simplemente se permitió llorar por primera vez frente a alguien. Por que Thomás le inspiraba esa confianza y sentía que con él podía ser ella misma. Se aferró a la mano cálida del hombre y descargó todo su cansancio, su dolor, su angustia, sintiéndose mucho más aliviada pasado unos minutos.
—Eres un gran hombre, Thomás. El día en que realmente te enamores y tengas hijos serás un excelente padre. —Ladea el rostro y lo mira fijamente a los ojos, a pesar de la oscuridad la luz de la luna se filtraba por el enorme ventanal. —Dereck, fue mi novio y el padre de Aylín, pero él jamás mostró el más mínima interés por la condición de nuestra hija, es más, cuando ella tenía una crisis él me culpaba a mí y se iba de casa... Pero tú, tú eres tan diferente a él.
—Todas las personas somos diferentes Valentina, él al menos fue un completo imbécil por no saber apreciar a su familia. —Le dedicó una sonrisa torcida cargada de seguridad. valentina no dijo nada, simplemente cerró los ojos y rodeó a su hija con uno de sus brazos mientras que con la otra mano sostenía la mano del doctor.
Esa noche, Thomás se quedó en la habitación de Aylín y Valentina, velando el sueño de ambas y asegurándose de que estuvieran bien. Observó el rostro angelical de Valentina y notó cuan relajada se veía, en ningún momento se atrevió a soltar su mano, ni mucho menos a apartar la vista de su rostro. Se quedó profundamente dormido olvidando volver a su habitación.