Logan caminaba lentamente decidido hacía mí, una de sus manos en su pantalón n***o y la otra en un puño colgando.
–Lo sabes, ¿verdad? –volvió a hablar.
No respondí.
–Muñeca, será mejor que hables o tendré que castigarte aún más severamente –habló en un tono dominante.
Lo miré asustada.
–Sabes que has sido una niña mala, ¿verdad?
–¿Por qué te tendría que contestar? –respondí en un tono alto y firme. Cosa que hasta a mí me sorprendió, posiblemente más que a Logan.
–Porque soy tu papi, muñeca.
–Tú no eres mi papi y yo no soy tu muñeca.
Sus cejas se elevaron, y entonces caminó a paso decidido hacía mí.
–Sí –hablé desesperada con los ojos cerrados–, sí, he sido una niña mala, papi.
Abrí mis ojos, y me encontré con Logan y una sonrisa de victoria en su rostro, tan arrogante como le fuera posible.
–Ahora, muñeca, te voy a castigar, pero tienes que ser callada o despertarás a los demás, ¿de acuerdo? –habló en un tono tranquilo.
–De acuerdo, papi.
–Me dirás todo lo malo que has hecho, y tendrás que aguantar tu castigo, ¿de acuerdo? –su tono seguía siendo tranquilo pero un poco severo mientras caminaba por la habitación.
–Sí, papi.
–Perfecto, deshazte de esa ropa –ordenó mientras ponía seguro a la puerta.
Miré a mí alrededor, no podía creer que esto en verdad estuviera pasando, yo quería olvidarme de él, pero simplemente no podía, no ahora.
Hice caso a lo que había ordenado y comencé a quitarme la camiseta holgada y los pantalones, llevé mis manos hasta mi espalda para desabrochar mi sostén pero Logan me detuvo.
–Así, ven aquí –habló mientras señala su regazo.
Caminé nerviosa hasta él, con las manos enfrente de mí entrelazadas y la mirada agachada.
–Eso es, ahora, recuéstate boca abajo.
Pasé saliva y suspiré profundamente, me agaché y me recosté en sus piernas dejando mis piernas colgando al igual que mi cabello.
–Bien, puedes empezar.
–Fumé marihuana –hablé con los ojos cerrados.
El fuerte sonido de su palma golpeando mis nalgas sonó en toda la habitación, y no pude evitar soltar un grito.
–Princesa, silencio o te escucharán –habló calmado, y soltó otra nalgada.
Esta vez me mantuve en silencio mientras sentía el calor recorrer mi piel.
–¿Qué más, princesa? –pidió.
–Me he emborrachado muchas veces.
Soltó cuatro nalgadas seguidas sin piedad, sentía las lágrimas acumularse en mis ojos.
–Continua.
–Tuve sexo con alguien que no era papi –hablé arrepintiéndome a los segundos.
–¿Ah sí?
Soltó una nalgada más fuerte que las otras, las lágrimas cayeron por mis mejillas.
–¿Entiendes que solo me perteneces a mí? –preguntó regulando su respiración.
–Sí, papi.
–Dilo –nalgueó más suave esta vez.
–Yo solo pertenezco a papi Logan –hablé con la voz quebrada.
–Tu último acto malo –pidió.
–Es todo, lo juro.
–No, princesa, falta uno.
Me quedé en silencio.
–Mentirle a papi, ese es uno realmente malo.
Diciendo esto, soltó dos nalgadas más, uno en cada una de mis nalgas. Podía sentir como el calor se expandía por todas partes y mi cuerpo se sentía agotado.
Mis lágrimas corrían por mis mejillas, me sentía cansada, pegajosa e irritada, quería que Logan me soltara pero a la vez no quería que lo hiciera. Me quedé quieta sobre sus piernas mientras lloriqueaba.
–Oh, mi bebe llorona, ven aquí –tomó de mi cuerpo y me giró quedando boca arriba.
Me abrazó y acunó entre sus brazos, mientras me mecía, y besaba mi frente.
–Eres solo mía, gatita –besó mis labios–. Joder, eres tan hermosa.
Miró mi rostro intensamente, como si intentara memorizarlo.
–Alguien necesita un buen baño y después dormir –habló mientras me cargaba en brazos.
Caminó conmigo hasta el baño y me dejó en el escusado, yo crucé mis piernas, observé como se arremangaba las mangas de su camisa y abría la llave para llenar la tina, yo simplemente lo observaba en silencio. Salió de ahí y a los segundos regresó con ropa limpia para mí.
–Arriba, cariño –me habló cálidamente mientras me ayudaba a ponerme de pie.
Tomó del broche de mi sostén y lo desabrochó para después quitarlo y dejarlo en el suelo, me sonrió y no pude evitar sonreírle de vuelta.
–Lamento haber hecho lo que hice, pero era un castigo, muñeca, por ser una mala niña –habló con arrepentimiento en su voz–. Lo entiendes, ¿verdad? Un papi se preocupa por su princesa, y si es necesario la disciplina.
Me quedé en silencio, analizando sus palabras, y finalmente aceptando lo que él decía, si yo no hubiera aceptado el castigo él no me hubiera tocado, de eso estaba segura.
–S-Sí papi –él me sonrió más relajado–, pero sí me ha dolido.
–Lo sé, y lo lamento, pero si prometes ser una niña buena con papi, no será necesario repetirlo, ¿de acuerdo?
–Sí, papi –respondí más tranquila.
Tomó de mi mentón y besó mis labios cálidamente, mientras posaba sus manos en mis caderas. Se agachó y beso mi pecho, bajando hasta mis senos, sentí su tibio aliento en mis pezones y mordió cada uno, sentí su húmeda lengua en ellos y no pude evitar soltar un gemido.
–Mhm, papi.
Bajó y besó mi abdomen, sentí sus dedos tomar de mis bragas y bajarlas lentamente por mis piernas, fue dejando un camino de besos por mis piernas, causando cosquillas en ellas a causa de su creciente barba, fue hasta que llegó a mi entrepierna cuando el cosquilleo cesó y mi cuerpo comenzó a experimentar una serie de exquisito placer.
Logan separó mis piernas ligeramente poniendo entre ellas una de sus largas manos, besó mi feminidad causando escalofríos en mi cuerpo, coloqué por instinto mis manos en su cabeza con mis dedos entre sus cabellos.
–No, mi bebe llorona, no ahora –habló mientras se levantaba.
Caminó desinteresadamente hasta la tina, metió una de sus manos al agua, cerró la llave derecha y abrió la izquierda.
–El agua estará un poco fría, si te meto en caliente, tu hermoso culo ardera –habló aclarando sus movimientos.
Por alguna extraña razón, amaba cuando hablaba con obscenidades. Pero yo estaba molesta por haberme simplemente tentado.
–Ahora, ven aquí.
Crucé mis brazos e hice un pequeño puchero.
–Oh, ¿mi princesa se enojó? –habló divertido.
Fruncí más mi ceño y mordí mi mejilla.
–¿Princesa? –me habló tiernamente–. Prometo que jugaremos pronto, pero hoy no, porque aún sigues castigada.
Mi ceño se relajó al escuchar sus palabras.
–Ahora, ven aquí –tomó de mi cintura y me levantó, cargándome nuevamente como un bebe.
Me metió con cuidado en la tina, cerró la llave dejando el agua apenas caliente, pero no me molestaba al contrario, relajaba mi cuerpo.
Vertió un poco de jabón para burbujas y lo revolvió en el agua, y las burbujas comenzaron a aparecer, tomó el gel para el cuerpo con olor a chicle y puso un poco en la esponja para el cuerpo, la pasó por mi cuello de manera lenta y en círculos, después por mis brazos, pasó a mis senos y los talló de igual manera volviendo a poner mi cuerpo excitado, fue bajando por mi estómago hasta mi abdomen, tomó una de mis piernas y la levantó para poder lavarla, una vez que acabó con ella tomó la otra e hizo lo mismo.
–Bien, ahora, viene mi parte favorita –habló con una sonrisa en su rostro–, ven aquí.
Me acerqué a él, quedando de rodillas.
–Levántate, pero quédate de rodillas.
Hice lo que me pidió.
–Bien, ahora –colocó un poco, casi nada, del gel y lo frotó entre sus manos–, lavaremos tus partes de princesa.
Sonreí ante el comentario.
Inesperadamente, colocó su mano en mi feminidad y comenzó a tallar de manera lenta, instintivamente abrí mis labios ante su tacto. Se sentía tan bien, sus manos eran mágicas, tan mágicas.
–¿Te gusta que papi te bañe? –preguntó con su voz ronca.
Aunque no quisiera admitirlo, él también estaba deseoso como yo.
–S-sí, papi.
Tomó un poco de agua y enjuagó.
–Date la vuelta.
Me giré, sus manos no perdieron el tiempo y las pasó delicadamente por mi culo, el cual ardía ligeramente, enjuagó y me volví a girar.
–Listo, pequeña –habló casi perdido en sus pensamientos–, a dormir.
–No quiero salir –hablé con la voz cansada.
–¿Mi princesa no quiere salir? –habló en un tono aniñado.
–No –hablé sintiéndome una pequeña niña.
–Bien, supongo que puedes estar un poco más ahí.
Recargué mi barbilla en la orilla de la tina, y jugué con mis dedos.
–¿Papi?
–¿Sí, princesa?
–¿Aceptarás el trabajo aquí en Brooklyn? –pregunté con mi cara roja.
–No lo sé, ¿quieres que lo tome? –se acercó a mi rostro y miró directamente a mis ojos.
–¿Por qué interesaría mi opinión en la decisión? –pregunté.
–Porque tú eres la parte más importante en mi vida, y más si puedo estar cerca de ti nuevamente aunque tenga que mudarme, entonces importa demasiado tu opinión.
Miré sus ojos detenidamente, perdiéndome en ellos, amaba el color de sus ojos, azul, un azul que desprendían tantas emociones si sabías mirarlos con detalle.
–A-a mí me gusta-gustaría que lo toma-ras –tartamudeé.
–Entonces, lo tomaré.