«Justo a esta misma hora», pensó, «el tipo se coló sin ser visto en este cuarto mientras yo estaba fuera. Y se quedó sentado, quieto como un ratón… puede que en esta misma silla». Se levantó y se puso a dar vueltas por la habitación, echando de tanto en tanto un vistazo al reloj. «A esta hora volví y me lo encontré ahí de pie, junto a al estufa», observó para sus adentros. Cuando oscureció, Razumov encendió la lámpara. Pasado un rato interrumpió una vez más su ir y venir sólo para espantar airadamente con un gesto de la mano a la criada que intentaba entrar en el cuarto con un poco de té y algo de comer en una bandeja. Y al momento vio que el reloj indicaba la hora en que había salido bajo la nevada para cumplir su terrible misión. —Complicidad —musitó débilmente, y reanudó el paseo sin

