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2066 Palabras

II «P UEDE QUE LA VIDA TAN SÓLO SEA ESO», reflexionó Razumov en su ir y venir bajo los árboles del islote, completamente a solas con el busto de bronce de Rousseau: «Sueño y miedo». El crepúsculo se había vuelto más profundo. Las páginas escritas y arrancadas del cuaderno eran el primer fruto de su «misión». Eso no era un sueño. Contenían la garantía de que se hallaba a punto de realizar importantes revelaciones. «Creo que ya no hay nada que me impida ser plenamente aceptado». Había resumido sus impresiones en aquellas páginas, junto con algunas conversaciones. Incluso llegó a escribir: «Accidentalmente, he descubierto la personalidad de ese terrible N. N. Una bestia espantosa y barriguda. Si tengo noticia de sus movimientos en el futuro enviaré la oportuna advertencia». La futilidad de

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