—¿Quieres jugar, gatita? Trago con fuerza. ¿Jugar? Acaba de sacarme el alma del cuerpo y aun ¿quiere seguir? Mi cuerpo me dice que diga que no, pero quiero conocer más de mi esposo y conocer lo que le gusta en la cama. Logro mover mi cabeza en afirmación. Se levanta de la cama y me ofrece su mano para levantarme. Estiro mi mano la cual está aún temblorosa, no estoy segura si por las consecuencias de haber aceptado o por el magnífico orgasmo que aún sacude mi cuerpo. —De rodillas —ordena. Dudo en si hacerle caso, pero su intensa mirada mientras se muerde el labio me desarma. Lentamente doblo mis rodillas hasta que entran en contacto con la alfombra, sin dejar mis ojos de los suyos. Sé que puede ver mi miedo y la incertidumbre revoloteando en mis ojos. Ahora estoy desnuda y arro

