Un chico joven, con el uniforme de la estación de servicio lo comenzó a entender. —Claro enseguida. Era lo único que podía escuchar de parte de Leonardo. Ana , sabía que festivamente el mismo no le prestaba ni un poco de atención; y eso era algo que poco a poco comenzaba a lastimarla con notoria intensidad. Pero a pesar de eso, ella no podía reclamar ni decir absolutamente nada. En realidad, ¿qué podría llegar a decir? o más que estaba celosa de que él no le hablara. Que no la mirara, , una mujer. Tan solo era una prima, no tenía derecho de decirle a soluta mente nada. Con el dolor del corazón del orgullo, salió para poder ir al baño. Fue a paso apresurado, dando brincos y de vez en cuando mirando por encima de su hombro izquierdo. Para poder apreciar un poco más a Leonardo, su cabel

