Cap 4. ¿Y ahora que somos?

1792 Palabras
Al percatarme que la sanguijuela se había marchado, me separé de Leo y dije que ya no estaba, que lo habíamos logrado y que iría a buscar a Angélica y a mi hermano, está era una fiesta con muchas personas, y el lugar era en una ex hacienda a las afueras de la ciudad, que ahora alquilaban para eventos. Leonardo —yo te acompaño a buscarlos, este lugar es muy grande y, como ya te dije, hay gente en esta fiesta que no es de fiar, no es bueno que andes sola. Hasta ese momento no entendía exactamente a qué se refería con eso y pensé tontamente que solamente no quería separarse de mí, pero ya irán descubriendo de qué hablaba y cómo yo vivía en mi mundo, sin darme cuenta de nada. Aranza —ok, pero ya no es necesario que me vayas abrazando, es mejor que pongamos distancia, no quiero un problema con mi hermano. Leonardo —Hace apenas unos segundos, eso como que no te importaba mucho. —Lo dice con su estúpida sonrisa. Aranza —qué gracioso. Leonardo — Parecías no querer soltarme y te comprendo, suelo ocasionar eso en las mujeres. —ahhh que se cree el idiota, que me tiene ya rendida a sus pies, bueno, sí, pero no lo admitiré y menos para que su ego siga, aunque seguro con lo roja que me puse lo ha de creer, es un gran idiota. Aranza —más bien eras tú el que no me soltaba, tuve yo que parar, porque si no ahí te tuviera aún pegado a mí, y por cierto déjame decirte que no besas muy bien que digamos, solo sanguijuelas como la que te acabo de espantar, que no saben ni lo que quieren, son las que tienes ahí pegadas, mujeres de verdad no te he conocido ninguna. Leonardo —te refieres a que mujeres como tú, ¿son lo que me hace falta?, ¿tú si sabes lo que quieres mi pequeña Ara?, ¿en este momento dime qué quieres? —dice eso deteniendo el paso y mirándome fijamente a los ojos, ay dios justo ahorita quisiera volver a sentir sus labios, pero de loca admito eso, luego quien le aguanta el ego. Aranza —justo en este momento lo que quiero es encontrar a mi hermano e irme a descansar —le digo dándole una sonrisa inocente—. Esta noche para mí ya terminó, estoy cansada, gracias a ti se me arruinó mi ligue, solo espero que tu plan funcione y no tenga que volver a ver a la sanguijuela. Leonardo —ok, busquemos a tu hermano y disculpa por lo de tu ligue, de haber sabido que tanto te gustaban los idiotas, ahí te hubiera dejado, eso me pasa por cuidarte. —Y empieza a caminar rápido, por Dios está loco. Aranza — Pues nadie te pidió que me cuidaras, es más, puedes regresar con tus amigos, yo busco sola a mi hermano, no te sigas molestando. Leonardo —¿Es eso o es que en realidad estás? ¿Buscando al idiota ese de nuevo, para seguir con tu ligue? —De dónde saca tanta tontería, como se le ocurre decir eso, en verdad que está loco. Aranza —¿Y si así fuera qué? —Me encanta desafiar, como dice mi papi. En lugar de quedarme callada, siempre he de llevar la contra y enfurecer más a la gente, y creo que con Leo esto no fue buena idea. Puso una cara de loco, los puños cerrados y creo que está por asesinarme. Leonardo —qué, que pasa, pues, que, sobre mi cadáver, me escuchas, con ese idiota no, ya te dije que no es de fiar y mejor camina para encontrar a tu hermano y vayas a descansar, es mejor a qué sigas aquí, esto empieza a ponerse feo —no sé a qué se refiere con ponerse feo, solo veo gente si ya muy pasada de tono, pero no como para salir corriendo, más bien está celoso y no lo quiere admitir, pienso. Aranza —¿Y si no encuentro a mi hermano? Ya le marqué y no me contesta, Angélica, me mandó mensaje que se fue con el tipo con el que estaba - mi hermano es otro don Juan según viene a cuidarme, pero siempre me hace lo mismo, apenas llegamos y él se desaparece con alguna amiga, por eso creo que estos dos no se tragan, o algún conflicto por alguna tipa tuvieron, ninguno de los dos me ha querido contar, pero mi hermano siempre dice que mantenga mi distancia con Leo, que no lleve mi amistad más allá del baile.—mejor ayúdame a buscar a César lo más seguro es que mi hermano ya haya encontrado conquista y César, estoy segura de que aunque esté ocupado aceptará llevarme, me cuida mejor que mi hermano. Leonardo — Claro, vive enamorado de ti, claro que deja lo que sea por hacer puntos contigo. Aranza — Claro que no, Cesar, siempre me ha cuidado y nunca con doble intención. Nos queremos mucho, pero como amigos, solo que algunos no saben el significado de la amistad. —Este siempre me dice lo mismo. César y yo somos los mejores amigos, y él haría cualquiera cosa por mí, así como yo por él. Hemos vivido tantas cosas, y siempre hemos estado juntos, pero este tonto que va a saber. Leonardo —Si claro, como digas, aunque insisto en que tú seas la única que no se quiera dar cuenta, es aparte. Sabes que este lugar es enorme, mejor yo te llevo a tu casa —¿perdón? ¿El cuándo se ha ofrecido a algo así? En otros tiempos ya estuviera con su bola de amigos y rodeado de tipos. Aranza —Vaya, ahora, si has logrado sorprenderme, ¿tú llevarme a mi casa? ¿Y tus amigos, piensas dejarlos ahí? Siempre están pegados, aunque ellos son raros, ni siquiera saludan, solo están ahí, apartados en un rincón y sin separarse de ti. Leonardo —para que veas que yo también puedo dejar lo que sea por cuidar de ti, no solo tu superamiguito César. Aranza —Mira, salieron los celos de amigo, ja, ja, ja, ok, te daré el privilegio de llevarme a casa —voltea los ojos y me toma de la mano para dirigirnos a la salida. Llegamos a su auto y sigue sorprendiéndome, me abre la puerta de copiloto y me ayuda a entrar al auto, algo que jamás he visto en él, ni siquiera con sus conquistas, arranca y pone música de fondo, vamos platicando tan normal, sobre el baile y la reta de hoy en la fiesta, es como si de repente volviéramos a lo de siempre, a los amigos que siempre hemos sido, el ambiente de regreso es bastante agradable, creo que hasta se me pasó el cansancio y en verdad estoy disfrutando el viaje, platicar con él siempre me ha gustado, es ocho años mayor que yo y me encanta que me cuente sobre su trabajo, como batalla con los pubertos de secundaria, y a la vez parece un niño sacando sus chistes tontos haciéndome reír, más por lo tontos que son y su esfuerzo por ser gracioso, que por el chiste en sí, siempre estamos criticando eso se nos da muy bien, criticar a los que no, nos agradan del club y si bailaron bien o no, el baile es lo que nos apasiona, creo que eso es en realidad lo que más nos une. Creo que llegamos demasiado rápido o es que la compañía era bastante agradable pensé, estaciona el auto afuera de mi casa y al hacerlo suelta un gran suspiro y ambos nos quedamos en un completo silencio, como si no quisiéramos enfrentar la realidad de que ya teníamos que separarnos esa noche, en eso suena mi celular, y es mi hermano, preguntando dónde estaba, como si de verdad estuviera muy preocupado, le hice como treinta llamadas y nada y ahora sí está preocupado, le dije que ya estaba en casa, que me cansé de buscarlo y que Leo me había hecho favor de llevarme, por supuesto que eso no le agrado para nada, pero como le dije, que más podía hacer si todo mundo se desapareció y que agradecido debería de estar que él estaba conmigo y me trajo sana y salva, no le quedó otra y solo pudo decir, que, pues le diera las gracias y me colgó. Aranza —bueno, pues dice mi hermanito: qué gracias por traerme, ¿me puedes decir por qué de repente ya no se llevan bien, qué pasó con ustedes? Simplemente, un día se empezaron a odiar. Leonardo —Yo no odio a tu hermano, ni tengo nada en contra de él. Es él, el que no me traga a mí y el porqué, solo él lo sabe y si no te ha dicho, es por algo. Aranza —no, pues me quedo en las mismas, pero algún día van a tener que decirme. Es bastante incómodo estar entre los dos, bueno, es hora de irme. Muchas gracias por todo, nos vemos. —Me giro para abrir la puerta del auto y salir, cuando él me detiene. Leonardo —espera, ¿te vas así, sin despedirte bien?, sin darme mi besito de buenas noches —lo dice poniendo su carita de cachorro regañado. Solo suelto una sonrisa y me giro para darle un beso en la mejilla, pero gira la cara y me besa en los labios, esto es adictivo pienso, el beso empieza a ser más intenso y con sus brazos empieza acercarme más él, ya no podemos despegarnos, de un solo movimiento me jala y me pone a horcajadas sobre él, esto empieza a ponerse más intenso y puedo sentir sus manos en mis glúteos, los está apretando de repente, siento el gran bulto debajo de mí y empiezo a sentir esa necesidad de él, mi cuerpo lo reclama, así estamos por un par de minutos más, hasta que nos quedamos sin aire, y solo quedamos con nuestras frentes juntas, sintiendo la agitación de nuestros cuerpos, por un momento quisiera decirle que nos fuéramos de ahí, pero mi lado racional me dice que esto no está bien y que es mejor salir ya de este auto. Regreso a mi lugar y rápidamente salgo solo diciéndole adiós. Corro para entrar a casa y me quedo recargada en la puerta. Dios, qué acaba de pasar, y ¿ahora qué va a pasar?, ¿Ahora qué somos? Pero definitivamente esto ya no fue de amigos y no creo poder volver a verlo como antes, ya no voy a poder verlo sin querer estar pegada a sus labios.
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