Capitulo 3.

826 Palabras
Capítulo 3. Una señal. Pasó una semana desde que comencé mi trabajo de niñera. No tenía ninguna queja que dar, los niños eran perfectos; bien portados, respetuosos, divertidos y muy inteligentes. Entre juegos y preguntas para conocernos, el tiempo con ellos se me pasaba volando. La noche había caído ya, Sean había llamado para avisar que llegaría tarde y pedirme que acostara a los niños por él. Así que me encontraba en su habitación con ellos vestidos con sus pijamas de dinosaurio y su cama lista para brindarles una acogedora noche. —April, ¿Puedes leernos un cuento? —preguntó Liam cuando los arrope. —Será un placer, joven Liam— conteste cordialmente y luego hice una reverencia. Todo esto como broma a nuestro habitual juego en el que ellos son reyes. Eddy me paso un libro de su estantería, corrió hasta su cama y se cobijó. —El gran Gatsby, muy buena elección— le dije probatoriamente. Abrí el libro y comencé. “En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.»Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…» Les leí hasta que ambos se quedaron dormidos, me parecía bastante extraño como estaban tan sincronizados y me parecía hermoso el que siempre se tuvieran el uno al otro, nunca estarían solos. Los observé por un largo rato pensando en cómo sería su madre antes de morir. Extrañamente en la casa no había fotos familiares ni de ningún otro tipo. La casa en sí parece bastante fría, según mi madre el señor Leonard no ha cambiado la decoración desde que su mujer murió, al parecer ella era una importante diseñadora de interiores así que supongo todo esta acorde a sus ideas. Un movimiento en la puerta captó mi atención, era Sean entrando en la habitación. —Lo siento, creí que ya te habías marchado. —Me han pedido que les leyese— dije mostrando el libro que tenía aun en mis manos —Además, son tus hijos. Soy yo quien tendría que disculparse por quedarme después de que se durmieran. —¿Qué hacías? —Observarlos, son unos niños preciosos y parecen sobrellevar muy bien las cosas, se adaptan de manera fácil, me preguntaba cual es la clave. —¿La clave? —Para una crianza tan perfecta. Supongo que en realidad todo el crédito es de ellos mismos, por cierto pido una enorme disculpa por decirtelo pero es que he estudiado a un montón de niños en la misma situación y todos terminan con finales distintos. Lo que me lleva a la conclusión de que: en realidad muchos tienen razón, la felicidad solo está en uno mismo. —¿Psicología? —No, pedagogía. Estoy en mi último semestre así que, tengo que ser más observadora. —Excelente elección. Los niños son seres completamente extraordinarios, a pesar de no haber vívido son los mejores maestros que existen. Su inocencia es tan satisfactoria. Aunque los adultos siempre terminamos jodiendolos con malas enseñanzas. —No es él caso de tus hijos, los estas criando muy bien. —No me des el crédito, mi esposa les enseño todo, y desde que murió yo no paro de asesorarme con especialistas así que, en realidad no soy yo. —Si lo eres, lo intentas y eso es muy importante, hay personas que ni siquiera eso hacen. —Te agradezco April, para un padre es muy importante escuchar este tipo de cumplidos. Por cierto, lamento lo de tu padre, tengo entendido que estaban muy unidos. —Está bien, nunca se lo quise decir a mi madre pero él en realidad me ignoraba todo el tiempo. Iba a New York por gusto, no pasaba tiempo con él. Dolió, claro que dolió pero aprendí a sobrellevarlo muy rápido. —Vaya. ¿Entonces le mientes a tu madre?, deberías estar muy avergonzada jovencita— me amonestó divertido, note que lo hizo para romper con la situación incómoda que se formó ante mi confesión. Yo reí agradecida. Un silencio se extendió en la habitación, ambos miramos a los chicos que dormían pacíficamente. —Yo, te dejo, me iré a dormir ahora mismo si no necesitas nada más. —dije al cabo de unos segundos. —No, adelante. Dulces sueños Gunner. —Gracias e igual para usted señor Leonard. Esa noche batalle un poco para dormirme, mi mente no dejaba de repasar aquella escena buscando alguna señal de que yo pudiese gustarle a Sean. Algún gesto, alguna palabra. Solo necesitaba una pequeña señal. La verdad es que no encontré ninguna. Todo había ido tan normal, la conversación, su lenguaje corporal, todo era tal como cuando hablaba con mi madre. El simplemente era amable con todas las personas y esto me lo ponía aún más difícil. Ya bastante agotada me resigné y cerré mis ojos, dejándome arrastrar por el sueño.
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