Capítulo 4. Falsas esperanzas.
—Gunner— dijo en un susurró.
Me quejé un poco antes de abrir mis ojos. Una suave risa llegó hasta mis oídos.
—Gunner, debes despertar— esa voz, joder. Esa ronca y melodiosa voz...
Abrí mis ojos de golpe. La habitación estaba oscura; mi cuello y espalda dolían.
Me costó un poco recordar donde me encontraba.
Observe a Eddy entre mis brazos. Lentamente lo deje sobre el colchón y me incorpore.
Sean me miraba con una extraña expresión en el rostro. Va con los primeros botones de su camisa abiertos, la corbata sin nudo y el cabello alborotado. Parece cansado, aun así sigue luciendo guapísimo. Me pregunto cómo puede parecer tan formal y mayor, y a la vez tan joven y sexi.
—Lo siento señor, yo… Eddy tenía un poco de miedo y me pidió que me acostara con él hasta que se durmiera, debí quedarme dormida también —me explique atropelladamente.
—No me molesta Gunner, te he despertado porque parecías incómoda —me dedico una sonrisa tranquilizadora.
—De todas formas no dejaré que ocurra tal falta de respetó por mi parte nuevamente. —No puedo ocultar lo abochornada que me siento.
—Tranquila Gunner —me repite. —Ahora cuidas de ellos. Es importante que se sientan cómodos contigo. Por cierto, mañana haré algunas entrevistas a ciertas chicas que me han recomendado me gustaria que estes presente.
—Como ordene, señor.
—¿Pasa algo?
Fruncí mi ceño en respuesta.
—Hemos vuelto a las formalidades —explica.
—No quiero ser irrespetuosa.
—No lo eres. Venga. Ve a dormir que ya es tarde.
—Que tenga buena noche.
—Igual para ti Gunner.
Al levantarme mis ánimos estaban por los cielos, recordé lo que me había dicho Sean ayer sobre las formalidades y por fin un atisbo de esperanza se ubicó en mi corazón.
Había pensado muy bien las cosas y estaba decidida a dejar todo como estaba, no quería causar problemas a mi madre.
Pero ahora sabía que yo le agradaba y eso era importante para mi.
Me puse unos jean ajustados y una blusa lisa de tirantez. Un blazer poco formal y mis deportivas favoritas.
Sujete mi cabello en una coleta alta y aplique un poco de maquillaje, me sentía muy bien y lo quería exteriorizar.
Después de desayunar junto con mi madre fui hasta el despacho de Sean, donde haríamos las entrevistas. Di dos toques suaves antes de entrar, él se encontraba mirando unas hojas.
—Buen día —me saluda. —¿Estas lista?
—Buen dia, señor. Si, cuando quiera comenzamos. Las chicas ya esperan.
Todo fue de maravilla, coincidimos en nuestras elecciones.
Luego Sean pidió sus números, les hizo saber que les llamaría una semana antes de que yo tuviese que irme a la universidad lo cual volvió a hacerme sentir bien pues me daba a entender que aun me quería aquí.
Inevitablemente mi esperanza crecía con cada una de sus acciones. Sonara infantil y estúpido pero es que… él no tenia por que ser amable conmigo sin embargo lo estaba siendo y aun que es verdad que eso no es señal de atracción al menos sabia que le era agradable tenerme al lado de sus hijos, sus hijos, lo más importante en su vida.
La tarde la pase con los niños en el jardín, jugando y bromeando. Ellos me trataban de una forma que me hacia sentir aceptada, eran abiertos conmigo y ahora mismo tenían una confianza enorme para comportarse libremente.
—Abuela —gritó Liam de pronto. Luego corrió hasta donde estaba una mujer mayor.
Eddy no parecía tan entusiasmado.
—¿Pasa algo? —le pregunté.
—No, bueno es que ella solo va y viene cada vez que quiere. Viaja mucho y me hace sentir triste cada vez que se va, por eso mejor me alejó.
—Es tu abuela cariño, aunque no esté todo el tiempo, ella te ama igual. Además, así de difícil es la vida adulta. Apuesto a que también se entristece cada vez que se tiene que ir, sin embargo tiene obligaciones que cumplir.
—¿Y como hago para no sentirme triste?
—La tristeza es un sentimiento bueno, pues nos demuestra que amamos a esas personas y por eso nos entristece que no estén. Tengo una idea para ti, cuando te sientas triste haz algo que te guste mucho así podrás animarte.
Eddy me sonrió.
—Bueno, eso puedo intentarlo.
—Bien, ahora ve con tu abuela que seguro ambos se han extrañado un montón.
Lo mire correr hasta donde su abuela y su hermano.
Yo por mi parte decidí ir a con mi madre para ver si necesitaba ayuda, ya que la señora Leonard está aquí, los niños no me necesitaran.
Entre a la cocina y un rico aroma invadió mis fosas nasales, no me había dado cuenta del hambre que tenía.
—Huele riquisimo mamá.
—Estoy preparando el platillo favorito de la señora Leonard. ¿Me ayudas a poner la mesa?
—Claro— tome lo necesario, fui hasta el comedor y comencé a preparar todo.
Por la noche, me acerqué al despacho de Sean para ver si podía irme a dormir. Me interrumpí al escucharlo alzar la voz.
—¿Te has vuelto loca?
—Es una simple idea cariño— respondió la señora Leonard —No te estoy pidiendo que elijas al azar, mucho menos que te cases con alguien a quien no amas. Solo te pido que te des la oportunidad de enamorarte nuevamente, no te cierres a esa posibilidad.
—Pero si mi esposa acaba de fallecer.
—Tu esposa murió hace dos años, por Dios.
—Yo aun no la olvido madre— sollozó —No puedo darme otra oportunidad cuando aún no he dejado de amar a la última mujer que estuvo en mi vida.
Luego todo se convirtió en susurros, supuse que este tema realmente lo había afectado.
Fui hasta mi habitación y me encerré en ella.
Seré idiota. ¿cómo se me ocurrió siquiera pensar que él podría fijarse en mí? Él simplemente no podía prestarme atención ya que su corazón estaba ocupado por la madre de sus hijos.
Después de pensarlo un montón decidí dejar al pobre hombre en paz, a fin de cuentas no era más que un simple capricho mio.