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La Dama de Hierro

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Descripción

Evelyn Sinclair era una esbelta muchacha, aunque a sus 30 años todavía no aparentaba su edad, dueña de una enorme fortuna heredada de sus padres y con un carácter severo y autoritario, que contrastaba con sus suaves formas y elegante belleza. Manejaba con mano firme su corporación, ayudada por Marcus Milliani su eficaz asistente y ejecutivo de alto nivel, a quien consideraba solamente un poco más importante que al ordenador de su escritorio o a su agenda personal... Sin embargo, muy pronto se daría cuenta de lo equivocada que estaba, Marcus Milliani no era ni por asomo lo que ella imaginaba, Su destreza, habilidad y seguridad sería las herramientas que le permitirían, no solo salvar a Evelyn sino llevarla de su egoísta mundo a un mundo más sensual y gratificante, un mundo que jamás ella hubiera podido imaginar. Porque no solo era su carácter egoísta, era su forma de ser por la forma en que había sido criada, hija única de un poderoso billonario, acostumbrada a tener todo y a imponer siempre su voluntad. Pero esto pronto iba a cambiar, por avatares del destino su vida entera y su perspectiva de la vida sería conmovida hasta sus cimientos... un viaje de negocios a Venecia, una sociedad secreta, un secuestro, un rescate y una huida apasionante a través de Europa harán estremecer su pequeño y egoísta mundo.

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El Secuestro
«Esto estaba definitivamente mal, más bien, terriblemente mal!» Este fue el primer pensamiento que pasó por la mente de Evelyn Sinclair al despertarse. Estaba segura de que todo debía ser una terrible equivocación, primeramente, por qué acaba de despertarse ¡y aún era de noche! «¡Y encima de ello se sentía incómoda y casi no se podía mover!» Su mente aún estaba confusa pero otros elementos le permitieron darse cuenta que en realidad la situación "su situación" no era para nada normal. Se encontraba en un cuarto en el que había poca luz; y estaba sentada en una mugrosa silla, con las manos atadas a la espalda y con una horrible mordaza que casi no la dejaba respirar. Aún tenía puesto el vestido con el que había salido del hotel y había perdido un zapato. Trató de ver más detalles de la habitación donde se encontraba, en la penumbra pudo ver una mesa rústica de apariencia muy antigua, al igual que un viejo sofá y unas cortinas que habían conocido tiempos mejores, ¡hace muchísimos años atrás! Las paredes estaban muy deterioradas, con la pintura desprendiéndose en grandes pedazos. Evelyn estaba pegada a la pared más lejana de las ventanas; podía ver que el piso de madera estaba muy dañado. ¡Y el olor! ¡Olía terriblemente mal! Como a guardado, con mucha humedad mezclado con comida descompuesta. Al menos no había ratas, por lo menos no se veían, no es que les tuviera mucho miedo pero no le gustaban, al igual que las cucarachas… Evelyn era una mujer dura, dueña de un carácter severo e indomable, su padre siempre le decía: “—hija, ¿no puedes ser un poco más amable?” uff! —¡Cómo le costaba! Había sido criada en medio de la opulencia, como hija única no había nada que le negaran, pero al mismo tiempo, su padre le había puesto tutores sumamente exigentes, y su mismo padre, a pesar de lo mucho que la amaba, siempre le exigía lo mejor: que fuera fuerte, que fuera la mejor, ya sea que se tratara de sus estudios, en los deportes o en su carrera profesional, la que, por cierto, terminó con honores al ser la primera de su promoción. ¡Su padre! Cuánto le hubiera gustado compartir más con él, pero ya no estaba.. El recuerdo le hizo humedecer los ojos y la devolvió al presente. «¡No podía permitirse llorar!» Reprimió las lágrimas y se concentró en escuchar. Alguien caminaba del otro lado de la pared, las tablas, algunas en muy mal estado le indicaron que estaba en una vieja construcción y la humedad excesiva le recordó dónde estaba: ¡En Venecia! Esto no se parecía en nada a los folletos turísticos de la ciudad, estaba en una vieja y mugrosa habitación, ¿Cómo llegó a esta terrible situación? Pensó con disgusto y desesperación. Lo último que recordaba es que había asistido a una cena invitada por un misterioso abogado que le había enviado una nota, con una especie de lacayo moderno, en la que le comunicaba que tenía asuntos muy importantes que tratar con ella personalmente y que él le había enviado a su país una invitación para tal efecto Por supuesto que Evelyn la recordaba, se había reído de ella porque era muy pomposa y redactada en un inglés más bien arcaico… Dejó la nota sobre la cómoda en su lujosa habitación en Los Ángeles, California donde vivía en un pequeño palacio, con una gran servidumbre, sus perros y sus caballos. A Evelyn no le faltaba nada en su vida personal para que estuviera cómoda… se obligó a volver al presente.. recordaba que el restaurante quedaba cerca del gran canal. Había llegado muy temprano, se acercó a la barra y pidió un bellini, un cóctel con vino y zumo de melocotón blanco, lo degustó poco a poco y luego decidió salir a tomar un poco de aire fresco. Se fue acercando al canal y caminó alejándose un poco de la gente que andaba por allí a esas horas buscando un café o un lugar para tomar una copa. De repente escuchó un ruido a sus espaldas y sintió que unos brazos fuertes la levantaban en vilo, al mismo tiempo que un pañuelo con éter le tapaba la boca y la nariz, hasta allí llegaron sus recuerdos… Y este pensamiento, al igual que su estómago, le recordaron que hacía mucho tiempo que había tomado un breve almuerzo en la suite del hotel junto con su asistente, Marcus Milliani. Éste era un hombre súper eficiente al que pocas veces miraba directamente a la cara, o siquiera notaba en la oficina que estaba al lado de la suya, ni siquiera se fijaba si usaba ropa diferente todos los días o usaba el mismo traje. Y es que para Evelyn Sinclair, la bella y millonaria heredera de un gigantesco emporio económico, casi nadie era lo suficientemente importante para prestarle mucha atención, por supuesto que tenía pretendientes. Su Nana, como llamaba al ama de llaves que la había cuidado desde que nació, y que ahora administraba su mansión, siempre le decía que debía tener una fila más larga de pretendientes que los usuarios del metro de Nueva York… Pero Evelyn casi no se interesaba en ninguno, por supuesto que había salido con algunos y con algunos había tenido sexo, pero solo había sido eso, sexo. Ninguno de ellos le interesaba realmente y eso que algunos tenían un físico muy llamativo y enormes fortunas, o eran destacados deportistas o intelectuales (a los que realmente prefería) que tenían algo de renombre. Y no faltaba algún artista de TV o cine que no hubiera tratado de seducirla, pero ella no los miraba dos veces. Su vida era los negocios que su padre, y su abuelo antes que él, había forjado con mucho esfuerzo, y para distraerse le gustaba cabalgar y salir a pasear con sus perros, enormes rottweilers y pastores alemanes, que eran sus favoritos. Evelyn Sinclair era una mujer compleja, dura, sin amigos realmente, aunque a veces andaba rodeada de una banda de hombres y mujeres que querían ganarse su amistad, su verdadera amiga, Susan Richardson, era la única persona con la que compartía a menudo. Se habían conocido en la universidad y aunque eran de ambientes sociales diferentes se hicieron muy unidas, amistad que había perdurado con los años. Susan era la única persona a la que Evelyn hacía caso y eso solo en algunas cosas, porque cuando se cerraba en un punto hasta allí llegaba la discusión, no en balde algunos la llamaban en secreto "La Dama de Hierro" o la mujer sin corazón… Así que era difícil que se fijara aunque sea un poco en su nada mal parecido asistente, y es que Marcus Milliani no era para nada un hombre insignificante. Era bastante alto y muy varonil, con un cuerpo atlético y una mirada dura que había detenido, en más de una ocasión a uno que otro bravucón que se habían cruzado en su camino. Y a las mujeres, por no rebuscar muchas palabras podríamos decir que literalmente se "derretían" a sus pies, y es que con sus 1,80 mts de estatura, su corpulencia y elegancia natural era imposible pasar inadvertido. Su ropa, aunque modesta, era de buen corte, conducía un auto de buena calidad y vivía en una cómoda vivienda en las afueras de la ciudad. Mas sin embargo, para Evelyn, su asistente era como otro accesorio necesario en su oficina, algo un poco más importante que su ordenador o su agenda personal. Su padre, poco antes de morir le había contratado, y le había dicho a Evelyn que podía confiar a Marcus cualquier cosa, incluso su vida, cosa que por supuesto no le impresionó mucho. Pero algo de lo que se puede estar seguro es que Alistair Sinclair era un hombre sumamente inteligente y sagaz, alguien a quien no se podía engañar fácilmente. Y que si él había decidido contratar a Marcus Milliani es porque había una poderosa razón tras esa decisión. Marcus era un hombre confiable a carta cabal, graduado entre los mejores en el área de finanzas y negocios en su Alma Mater, deportista consumado y hábil tirador a quien le gustaba practicar tiro con frecuencia. Pero definitivamente había algo mucho más profundo e importante que eso como para que el "viejo" Sinclair lo contratara, quizás su apellido de origen italiano, al igual que el de su difunta esposa, tuviera algo que ver, sí, en verdad parecía haber algo misterioso en esa contratación. En el momento que lo contrataron había una buena cantidad de hombres y mujeres con un currículum igual o superior al de Marcus, pero la decisión de Alistair Sinclair estaba tomada y en ese aspecto era intransigente y duro; como su hija... Evelyn dejó escapar un leve gemido por el dolor que le estaban causando sus ataduras y lo incómodo de su postura, aunque estaba sentada, la silla no era precisamente lo que podríamos llamar "cómoda". Esto hizo que hubiera una reacción en la habitación al lado de donde estaba Evelyn, se oyó un arrastrar de una silla y un crujido de la madera cuando alguien se levantó, la puerta, que apenas se notaba en la pared, se abrió en ese momento y entró un hombre corpulento con cara de malas pulgas y no muy aseado que digamos. Como había luna llena esa noche y el cielo se había despejado entraba más claridad en ese momento en el cuarto por lo que Evelyn pudo detallar a su captor. Éste se dirigió directamente hacia ella, la miró detenidamente y al comprobar que estaba despierta emitió una especie de gruñido y dió media vuelta saliendo del cuarto. Se oyó una conversación en cuarto de al lado y luego entró otro hombre, con un aspecto menos corpulento que el primero, pero igual se veía fuerte y decidido, este miró a Evelyn con una mirada diferente, un poco más siniestra y repugnante por el brillo lascivo de su mirada, cosa que hizo que a Evelyn se le pusiera la piel de gallina. Se dirigió a ella en un mal inglés y le dijo: —tener hambre? —Evelyn asintió de mala gana, no le gustaba mostrar debilidad ante los demás, pero en verdad sentía un hambre feroz. El hombre emitió una orden hacia el otro cuarto, en un idioma que parecía italiano, pero sonaba algo más extraño, luego se acercó más a Evelyn y comprobó que las ataduras estuvieran en su lugar, no sin rozar la piel de la joven, que lamentaba haberse puesto ese vestido que dejaba descubierta gran parte de la espalda y con un escote que dejaba entrever su generoso pecho, la chaqueta que llevaba cuando salió del hotel no la tenía puesta ni se veía por ningún sitio. El hombre siguió hablando mientras salía de la habitación y cerraba la puerta. Evelyn sintió un leve estremecimiento, y no era precisamente por el frío, porque la noche era realmente cálida, sino por la torva mirada que le había dirigido ese individuo, por primera vez en su vida estaba experimentando algo que nunca había sentido: "temor" y no era algo a lo que estaba acostumbrada. Desde su adolescencia no había pasado por alguna situación que se saliera de control o que ella no pudiera controlar. Ésto era nuevo para ella, y no era porque nunca un hombre la hubiera mirado con deseo, su esbeltez la hacía llamativa, era alta y con un cuerpo armonioso, con unas hermosas y bien formadas caderas, un busto hermoso, un rostro de suaves y enérgicas líneas que complementa su rubio cabello y unos hermosos ojos azul zafiro que resaltan con su piel blanca y sedosa, la boca era bien delineada y sensual, aunque en verdad toda ella rezuma sensualidad. Pero había sentido algo turbio en la mirada de ese hombre, algo sucio y depravado que hizo que se le erizara la piel y se le revolviera el estómago, por primera vez pensó: «¿Qué demonios querían estos hombres? ¿Quiénes eran? O mejor, quien los había enviado?» La pinta de poca monta que tenían le hacía pensar que había un "cerebro" detrás de todo lo que le estaba pasando. Presumía que iban a pedir un rescate o algo parecido. En ese momento se abrió de nuevo la puerta y otro individuo, que no era ninguno de los anteriores, entró con una bandeja de esas que se usaban para la "comida para llevar", el tipo también era corpulento, más joven que los otros dos y con facciones menos ordinarias. Puso la bandeja sobre la mesa y se acercó a Evelyn, quien no puedo evitar ponerse algo tensa, pero el individuo se limitó a aflojar sus ataduras y la mordaza, y alejándose un poco señaló la comida e hizo un gesto señalando su cintura, donde había un enorme cuchillo que destellaba con los reflejos de luz lunar que entraban por la ventana. Claramente le indicó que no cometiera ninguna tontería como tratar de huir. En eso se asomó otro individuo, que tampoco era de los que Evelyn ya había visto y le indicó algo al joven que de inmediato salió cerrando la puerta. Evelyn revisó la comida, era una porción de pollo asado con verduras que olía divino y Evelyn se aplicó a comer con deleite. No había terminado de comer cuando se escuchó una especie de estruendo y se oyeron voces disgustadas y una fuerte conmoción en la habitación contigua, ¡era ruido de pelea! A Evelyn se le aceleró el corazón, ¿Sería posible lo que su corazón le decía..?

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