Capítulo 5 Al despertar de repente, Lena comprobó, sin levantar la cabeza de la almohada, que se había quedado sola. Se incorporó rápidamente, como si quisiera contrarrestar la angustia mediante la enérgica utilización de los miembros. Pero el ahogo fue sólo momentáneo. Sobreponiéndose por orgullo, por amor, por necesidad y también por la vanidad que resulta de la abnegación del alma femenina, recibió a Heyst, que volvía del vecino bungaló, con una mirada y una sonrisa despejadas. Él respondió con otra sonrisa; pero al observar que Heyst evitaba sus ojos, la muchacha distendió los labios y bajó la vista. Por alguna razón, se apresuró a dirigirse a él en un tono casual, consiguiéndolo sin esfuerzo alguno, como si hubiera ido dominando el arte del doble juego a lo largo del día. —¿Has est

