bc

La chica del columpio

book_age12+
1
FOLLOW
1K
READ
dark
forbidden
friends to lovers
drama
tragedy
bxg
serious
campus
city
highschool
secrets
rebirth/reborn
like
intro-logo
Blurb

Brandon Solís tiene dieciséis años, un padre que no sabe cómo hablarle y tres años cargando el peso de una madre muerta. Cuando entra a la preparatoria no busca nada. Solo sobrevivir.

El acoso de Rodrigo escala de palabras a golpes. Rafael le exige que se defienda sin entender que Brandon lleva años defendiéndose de cosas más pesadas. Y en medio de todo eso, una noche en el parque abandonado de su infancia, aparece Isabela.

Nadie sabe quién es. Nadie la ha visto antes. Solo está ahí, en un columpio oxidado, como si siempre hubiera estado.

Hablan de todo lo que importa y nada de lo que se supone que debe importar. Isabela lo escucha de una forma que nadie lo había escuchado. Lo cambia sin tocarlo. Y Brandon, sin haberlo planeado, se enamora de alguien que guarda un secreto tan grande que cuando lo descubre sale corriendo.

chap-preview
Free preview
CAPÍTULO 1 — Donde empieza la fisura
Brandon Solís había aprendido a vivir con el silencio como se aprende a convivir con una herida que nunca termina de cerrar. No dolía todo el tiempo, pero siempre estaba ahí, latente, recordándole que algo dentro de él se había roto hace años y nunca había vuelto a encajar del todo. Aquella mañana, como casi todas, se quedó unos segundos frente al espejo sin realmente mirarse, como si buscara en su reflejo una versión anterior de sí mismo que todavía no se hubiera rendido. El sonido de la voz de su padre lo sacó de ese trance breve. —Brandon... ya es tarde. No había reproche en el tono, solo una rutina cansada, repetida tantas veces que ya no necesitaba emoción. Su padre estaba en el pasillo, con esa expresión de quien intenta sostener algo que no entiende del todo cómo se le está cayendo de las manos. Brandon asintió sin responder, tomando su mochila con movimientos mecánicos, evitando cualquier contacto visual que pudiera abrir una conversación que ninguno de los dos sabría cómo terminar. El camino hacia la preparatoria Juárez era siempre el mismo, pero ese día se sentía más pesado, como si el aire hubiera decidido volverse denso solo para él. Caminaba con los audífonos puestos aunque no sonara música, porque el verdadero propósito no era escuchar algo, sino evitar todo lo demás. Las calles grises de Ecatepec se extendían como un escenario repetido, donde cada rostro parecía apresurado por llegar a algún lugar mejor, aunque nadie supiera exactamente cuál era ese lugar. La escuela apareció frente a él como una estructura demasiado grande para contener tantas historias pequeñas y rotas al mismo tiempo. En el patio ya había vida, grupos formados con una naturalidad que a Brandon siempre le había parecido ajena, como si todos hubieran recibido un manual de instrucciones para pertenecer excepto él. Se quedó cerca de la reja, en el borde del mundo, donde el ruido no lo alcanzara del todo, y sacó su cuaderno n***o como hacía siempre que necesitaba mantener las manos ocupadas para no pensar demasiado. Dibujar era lo único que lograba ordenar el caos dentro de su cabeza. No eran imágenes bonitas ni planeadas; eran fragmentos sueltos de sensaciones, sombras que parecían tener vida propia, figuras que nunca terminaban de definirse. Mientras su lápiz se movía sobre la hoja, el ruido del patio comenzó a desvanecerse lentamente, como si el mundo exterior perdiera importancia frente a lo que ocurría dentro de él. Hasta que algo cambió. No fue un sonido, ni un movimiento claro. Fue más bien una sensación, como si el aire alrededor de él hubiera perdido temperatura sin explicación. Brandon levantó la mirada sin saber por qué, y entonces la vio. Había un columpio junto a la reja, uno viejo, oxidado, que siempre había estado ahí pero que nunca parecía pertenecer del todo a la escuela. Y en ese columpio estaba ella. Una chica que no recordaba haber visto antes, ni en la entrada, ni entre los alumnos, ni en ningún momento del día. Estaba sentada con una calma extraña, balanceándose suavemente como si el movimiento no dependiera de nada externo, como si el viento no existiera para ella. Brandon frunció el ceño, desconcertado. El columpio se movía con una regularidad inquietante, demasiado constante para ser natural, pero no había nadie empujándolo. La chica vestía de n***o, con el cabello oscuro cayendo sobre sus hombros, y tenía una presencia difícil de explicar, como si el entorno a su alrededor fuera menos sólido, menos real. —Oye... ¿estás bien? La voz de Rodrigo lo golpeó de vuelta a la realidad. Brandon parpadeó, rompiendo el contacto visual con el columpio. Frente a él, Rodrigo y dos de sus amigos lo observaban con esa mezcla de burla y aburrimiento que ya se había vuelto familiar. —Te quedaste viendo como idiota —dijo Rodrigo, inclinándose un poco hacia él—. ¿Qué haces? ¿dibujando fantasmas? Uno de ellos empujó ligeramente su cuaderno con el pie, y Brandon lo recogió de inmediato, apretándolo contra su pecho. —No lo toques —respondió, más bajo de lo que habría querido. Rodrigo soltó una risa corta, pero había algo en el ambiente que hizo que no se quedara demasiado tiempo. Algo en la forma en que Brandon lo miraba, o quizás en lo que no decía, provocó una incomodidad leve, casi imperceptible. —Relájate, raro —murmuró finalmente antes de alejarse con sus amigos. Brandon se quedó quieto, intentando recuperar el ritmo normal de su respiración. Cuando volvió a mirar hacia la reja, el columpio seguía ahí. Vacío. Balanceándose suavemente, como si alguien acabara de levantarse un segundo antes. El resto del día transcurrió como una secuencia borrosa de clases, voces y silencios. Brandon no lograba concentrarse en nada; su mente regresaba una y otra vez a la misma imagen, a esa presencia imposible de explicar que no encajaba con nada de lo que conocía. Cuando el timbre final sonó, no dudó en salir de la escuela antes de que alguien pudiera detenerlo, como si algo dentro de él lo empujara en una dirección que todavía no entendía. El Parque Morelos estaba casi vacío cuando llegó. El cielo comenzaba a oscurecerse, y las farolas se encendían una por una, proyectando luces amarillentas sobre los caminos de concreto. El columpio del centro, el mismo del parque, crujía suavemente con el viento, aunque no había nadie cerca. Brandon caminó sin prisa, aunque por dentro algo lo apuraba. No sabía qué esperaba encontrar, ni siquiera estaba seguro de por qué había ido, pero sus pasos lo llevaron directamente hacia el mismo punto, como si el lugar lo estuviera llamando sin palabras. —Sabía que ibas a venir. La voz lo detuvo antes de que pudiera pensar. Brandon giró de inmediato. Isabela estaba ahí. No apareció de la nada. No hizo ruido. Simplemente estaba, como si siempre hubiera estado esperando en ese mismo lugar, como si el mundo la hubiera omitido hasta ese instante. Estaba de pie junto al columpio, observándolo con una calma que no parecía humana del todo. Brandon sintió un nudo en la garganta sin saber por qué. —¿Quién eres? —preguntó, aunque la pregunta sonó más débil de lo que quería. Isabela inclinó ligeramente la cabeza, como si la pregunta le pareciera curiosa más que importante. —Pensé que ibas a tardar más en preguntar eso. Hubo un silencio breve entre los dos, pero no era incómodo. Era denso, como si el aire mismo estuviera esperando la siguiente frase. —Te vi en la escuela —añadió Brandon. —Yo te he visto antes —respondió ella sin dudar. Eso lo hizo fruncir el ceño. —No, eso no es posible. Isabela sonrió apenas, como si la negación no cambiara nada en absoluto. —Solo que tú no sabías mirar. Dio un paso hacia él, y Brandon sintió algo extraño en el pecho, una mezcla de alerta y atracción que no supo nombrar. No era miedo exactamente, pero tampoco era calma. —Me llamo Isabela —dijo finalmente. El nombre se sintió más pesado de lo normal, como si tuviera un significado que él todavía no podía entender. —Brandon —respondió él después de un segundo. Isabela repitió su nombre en silencio, como si lo estuviera probando. —Brandon... sí. El columpio detrás de ella se movió suavemente, aunque no había viento. Brandon lo notó, pero decidió no decir nada. Algo dentro de él le decía que preguntar demasiado rápido podía romper algo que todavía no comprendía. Se sentaron en los columpios sin que ninguno lo propusiera realmente. El metal crujió bajo su peso, y por un momento el mundo alrededor pareció reducirse solo a ese pequeño espacio entre ellos dos. Isabela lo miró de reojo, observando el cuaderno n***o que él aún sostenía. —¿Qué haces ahí? —preguntó. —Dibujo. —¿Qué dibujas? Brandon dudó un segundo más de lo necesario. —Cosas que no sé decir. Isabela no apartó la mirada. Al contrario, pareció interesarse más. —Eso suena más honesto que la mayoría de las cosas que la gente dice en voz alta. El viento se levantó ligeramente, moviendo las hojas del parque y haciendo que las luces parpadearan un instante. Isabela no reaccionó, pero Brandon sí lo notó. Había algo extraño en esa chica, algo que no encajaba con ninguna lógica que él conociera, pero aun así no se sentía como una amenaza. —¿Siempre estás aquí? —preguntó él. Isabela giró apenas el rostro hacia él. —Siempre. —Eso no tiene sentido. —No para ti. Hubo un silencio más largo esta vez. No incómodo, pero sí profundo. —Mañana vas a volver —dijo ella de pronto. No era una pregunta. Brandon la miró un segundo más de lo necesario. —No lo sé. Isabela sonrió apenas, como si ya conociera la respuesta real. —Sí lo sabes. El columpio dejó de moverse de repente. Y cuando Brandon parpadeó... ella ya no estaba. Solo el sonido del metal balanceándose suavemente en el aire vacío. Y una sensación que no se fue con ella. Algo que, en lugar de desaparecer... se quedó.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Instinto Salvaje

read
8.2K
bc

La Manada Perdida

read
47.9K
bc

La Maltratada Compañera del Príncipe Alpha

read
21.0K
bc

El Remordimiento del Alfa: Suplicando el Retorno de mi Luna

read
36.9K
bc

Juego de Venganza de Luna Abandonada

read
177.7K
bc

Destino Alterado

read
21.0K
bc

Recupera a la Luna abandonada

read
3.0K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook