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Un matrimonio apresurado estaba destinado al fracaso. Por un lado, se encontraba Connor Blake; por el otro, Alice McMahon. Ambos provenían de familias adineradas y tenían formas de pensar totalmente diferentes. Fueron sacrificados por sus padres para unir las familias.
Alice sabía que, tarde o temprano, todo iba a terminar. Ella había tenido un enamoramiento platónico con Connor desde el colegio. Estaba casada con el chico que le gustaba, pero eso rompió sus sueños. Cuando su padre le dijo que no podría ingresar a la universidad y que debía dejar atrás todo lo que había planeado, no sabía qué sentir. Aceptó el matrimonio, tratando de ser una buena “esposa”, pero fracasó rotundamente.
Ahora, frente a ella, estaba Connor con un documento que significaba el divorcio, solo dos días después de enterrar a su madre y de que su padre le presentara a su madrastra. Todo su mundo se vino abajo en poco tiempo. Con el corazón roto por el egoísmo de ciertos individuos, ni siquiera deseaba escuchar las palabras de Connor ni todo lo que le ofrecía en el divorcio. Miró la tarjeta negra junto al contrato y, con un suspiro, la firmó.
“En dos días, podremos retirar el certificado de divorcio. Puedes quedarte aquí mientras tanto,” fueron las últimas palabras de Connor antes de irse, dejando a Alice con una sonrisa amarga en su rostro. Luego sacó una pequeña prueba de su bolsillo. Ella ya no podía estar triste; sabía que esto iba a terminar mal, pero tampoco fue del todo malo. Connor no la trató mal; siempre fue atento, pero nunca llenó el vacío que su ruptura le dejó.
Con un suspiro, Alice tomó su celular y marcó un número. “Quiero cobrar el favor que me debes.”
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Connor miraba por la ventana de su edificio. Habían pasado dos días. Hoy era el día en que debía retirar el certificado de divorcio, pero algo en su interior comenzó a carcomerlo. Miró su teléfono y notó que Alice no le había enviado ni un solo mensaje en estos dos días. Tal vez se había acostumbrado a esos detalles. Incluso sabiendo que le presentó el divorcio, pensó que, al mantener su mente ocupada en el trabajo, las cosas cambiarían, pero fue completamente distinto.
Ni siquiera prestó atención al trabajo. Cuando se reencontró con su “verdadero” amor, no sintió nada. La apreciaba, sí, y se sentía mal por cómo terminaron las cosas en el pasado, pero ahora todo era diferente.
Con un suspiro, agarró su celular. Con el poder que tenía, era sencillo para él anular el proceso de divorcio; con una sola llamada, los certificados desaparecerían y nadie sabría nada al respecto. Tomó su celular para llamar a Alice, pero en ese momento llegó una llamada de una persona. Al ver el registro, su corazón dio un vuelco.
“Hola, Madre,” respondió Connor, con la voz firme. Era raro que su madre lo llamara a esa hora y algo en él le dijo que no estaba bien.
“¡¿Dónde está mi nuera?! ¡¿Por qué no me contestas las llamadas?!”
Esas palabras hicieron que Connor sintiera sus propios latidos con intensidad. Salió corriendo de la oficina rumbo a su casa, esperando que Alice no hubiera cometido ninguna locura.
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“Por fin te dignas a aparecer.” Esa voz provocó que Connor sintiera miedo. Aunque para muchos él era un hombre sumamente cruel en los negocios, le tenía miedo a alguien: su abuela. Elizabeth Blake, una mujer de 75 años, tenía la presencia necesaria para que todos la respetaran. No le gustaba rodeos y siempre fue directa, lo que le causó algunos enemigos.
“¿Dónde está mi nieta?” Elizabeth miró a su nieto, y la pregunta obviamente se refería a Alice. Toda la familia Blake estaba contenta con ella; no tenía prácticamente ningún defecto.
“Seguro que está con una de sus amigas,” Connor pareció indiferente ante la pregunta, pero la anciana no estaba para juegos. Sacó algunos documentos de su bolso y los lanzó sobre la mesa.
“Alice fue bastante astuta al ocultártelo a ti, pero yo tengo muchos conocidos.” Elizabeth no pudo ocultar su felicidad por un breve momento. “Pero mi nieto tiene la capacidad de arruinarlo todo.”
Connor se acercó a los documentos y vio algunas ecografías y pruebas de sangre que confirmaban algo. Una molestia en el pecho comenzó a crecer. Miró a su abuela, quien con una sola mirada le decía que estaba decepcionada.
“No importa cuánto lo intentes, nadie en la familia aceptará a otra mujer como la señora Blake.” Elizabeth se levantó de su asiento, segura de que si se quedaba un rato más, iba a comenzar a lanzar cosas a su nieto. “Siempre fuiste nuestro orgullo. Con 20 años, tu abuelo y tu padre ya te permitían dirigir gran parte de la empresa… Es la primera vez que nos desilusionas.”
“Arreglaré esto.”
“¿Cómo? ¿Cómo lo harás cuando ella ya se ha ido del país?” Esas últimas palabras hicieron que Connor sintiera un golpe profundo en la mente. No dudó en salir corriendo del lugar ante la mirada de Elizabeth. “Este es tu castigo, Connor.”
Elizabeth sabía todo lo que Connor estaba haciendo, que iba a ocultar su divorcio por un tiempo para luego presentar a su novia. Un juego infantil estúpido para alguien como ella, y aún más para su abuelo, quien, al enterarse, quiso quitarle todo derecho en la empresa.
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Connor buscó en cada sitio que le gustaba a Alice o que él recordaba que le gustaba. En ese instante, se dio cuenta de que los lugares a los que iban eran sus sitios favoritos. Una nueva realidad se formó en su rostro. Ella había cambiado sus gustos y todo para aceptar su rol como esposa.
Tomó su teléfono, abrió las r************* y vio que sus seguidores eran pocos, pero no encontró a su esposa. Recordó que ella no usaba r************* . Otra sonrisa amarga se dibujó en su rostro. Suspiró. Estaba seguro de que si le pedía ayuda a sus padres, ellos lo ayudarían, pero tenía un pequeño problema. Eso provocaría caos en la familia. Estaba seguro de que le impondrían un grave castigo por lo que había hecho.
Así que fue directo a la residencia McMahon. Lo que encontró allí no le agradó en absoluto: una fiesta porque finalmente la familia iba a tener un heredero. Estaban descartando completamente a Alice.
Connor estaba seguro de que ella no iba a esconderse ni a pedir ayuda en ese lugar. Ni siquiera había pasado una semana desde la muerte de la Sra. McMahon y las cosas ya estaban así. Se fue del lugar sin preguntar ni decir ninguna palabra. Tenía que ir a casa de cualquiera que se preocupara por Alice; recordaba algunas amigas y debía preguntar si tenían su paradero.
“Pero mira lo que tenemos aquí, al señor Connor.” Una voz desagradable se escuchó. Connor, con una expresión de pocos amigos, se encontró con la persona que menos deseaba ver y con quien tenía una rivalidad en todo sentido. “¿Cómo has estado, viejo amigo?”
“¿Qué quieres, Damián?” Connor no estaba para juegos en ese momento, pero Damián tampoco dijo nada más, solo lanzó algo a los pies de Connor.
Connor supo al instante de qué se trataba. Madison era la mejor amiga de Alice y se había casado recientemente. También estaba esperando un hijo o hija, según las noticias, pero, a diferencia de lo que muchos pensaban, Damián estaba locamente enamorado de Madison.
Fue un embarazo prematuro, pero Damián lo deseaba. Madison no dudó en golpearlo, lanzarle cosas y muchas cosas más, porque eso interrumpía sus estudios. Pero, cuando tienes dinero, las cosas se solucionan rápidamente.
“Madison me pidió que te entregara esto. Su mejor amiga le pidió que lo retirara y te lo entregue.”
“¿Dónde está?” Connor preguntó, pero Damián no iba a decirle ninguna palabra. Su esposa tenía métodos para castigarlo, y Connor no deseaba sufrir el castigo. “¿Dónde está mi esposa?”
“Ex… Eso no lo sé. Tienes que preguntarle a Madison, pero ella está embarazada y no te permitiré molestarlas. Adiós, viejo amigo. Espero que sufras.”