Sin acosador, sin virginidad 1
«Tío Bennie, estás mirando, ¿verdad?» gimió Sarah con una media risita, su voz sensual cruzando la ventana abierta, justo al otro lado de la calle.
Sus cortinas susurraron en el aire fresco de la mañana cuando abrió las ventanas de golpe.
El llamado «Tío Bennie», alias el detective Benjamin Powl, estaba sentado en su coche al otro lado de la calle, con los ojos clavados en su habitación. Se le cayó la mandíbula casi tan rápido como los pantalones en el instante en que posó la vista en su carita de bebé.
El amanecer se le echaba encima, el cielo tornándose gris pálido.
Bendita sea Melanie y las luces del porche.
¿Quién jugaba con quién aquí, sobrinita? ¿De verdad Sarah tenía un acosador… o solo quería llamar su atención?
El riesgo de que lo pillaran de mirón sucio mientras los dedos se le cerraban alrededor de la polla solo se la hacía latir más dura en el puño.
Melanie, la mamá de Sarah y hermana adoptiva menor de Bennie, lo mataría si supiera cómo había pasado las últimas mañanas.
Después de que Melanie le contara a Bennie que Sarah sentía que la vigilaban hacía unos días, Bennie se ofreció a echar un ojo a la casa un tiempo.
Melanie le hizo jurar a Bennie que no se lo diría a Sarah.
Pero de todos modos lo sabes, ¿verdad, sobrinita?
O quizá no.
Quizá él solo era un asqueroso, aprovechándose de la situación.
Bennie sabía que era hora de irse. De meterse la polla otra vez en los pantalones y volverse a casa.
Pero joder.
¿Cómo se suponía que un tío se iba a ir cuando sabía lo que venía?
Cerdo.
Pervertido.
Asqueroso.
Eso solo se la ponía más dura.
«Joder, eso es, sobrinita. Quítatelo para el tío», gimió Bennie, masturbándose despacio mientras la mirada le recorría de arriba abajo el cuerpo joven de Sarah.
Melanie podía terminar el trote antes y pasar junto a él en cualquier minuto, pillándolo pajeándose con su hija. Un vecino podía asomarse y verlo sentado ahí con la polla en la mano.
Pero joder, todavía no había pasado. Ni ayer ni anteayer.
Bennie no podía apartar la vista. Cada día que pasaba sin que lo pillaran se volvía más… seguro. Más cómodo con la situación de mierda en la que estaba.
«Jodida provocadora», gruñó, babeando mientras Sarah se quitaba el camisón pequeño, la tela fina resbalándole por el cuerpo y acumulándose a los pies. «Siempre sin putas bragas debajo de ese camisón. Puta.»
Una vez en cueros frente a él, las tetas enormes de Sarah le apuntaban de lleno a Bennie.
Sarah abrió las cortinas todavía más, dejando que la luz temprana se derramara sobre su piel desnuda. Los pezones ya se le habían puesto tiesos en puntas duras con el aire fresco de la mañana, y el coño desnudo le goteaba de ganas. Incluso desde el otro lado de la calle, los labios de afuera se entreabrían lo justo para enseñar los pliegues brillantes de excitación fresca. Un hilo fino de su humedad ya le resbalaba por la parte de adentro de un muslo.
«Diabla», siseó Bennie, apretando el puño en la polla mientras Sarah se mordía la comisura del labio, luego se giró despacio y le enseñó al tío el culo redondo. «Esto está tan jodido. Deja de calentar al tío, nena», gimió, pero el puño le subía y bajaba un poco más rápido, la culpa desvaneciéndose al toque.
Sarah se subió a la cama, gateando por las sábanas arrugadas, ofreciéndole a Bennie una vista generosa del culo antes de darse la vuelta y recostarse.
«Tío Bennie, quiero tu polla grande en mi coñito chorreante tan mal», gimió lo bastante alto para que se oyera, abriendo las piernas sin vergüenza, dejándose ver del todo en la ventana.
«Ni de coña que no lo sabe. Claro que alguien está jodidamente mirando. Mierda, nena. Qué sexy», gimió Bennie, resentido de no poder acercarse.
Quería oírle los gemidos resonándole en los oídos.
Quería sentir el calor de la humedad que le inundaba el coño.
Bajó las dos manos y con los dedos le separó los labios hinchados del coño, mostrándole la entrada rosada y apretada que se contraía en el vacío y ya soltaba más líquido transparente.
«Joder. Eso debería ser el tío, ¿verdad, nena?» casi le suplicó que lo dejara entrar, la polla sufriéndole en la mano como resultado.
«Quiero que me metas tu polla gorda hasta el fondo y me folles como a una puta. Preña el útero virgen de tu sobrina, tío. Lléname hasta que se me escape durante días. Ven y arruíname antes de que algún perdedor del equipo tenga la oportunidad.»
«Nena, no aguantas la polla grande del tío follándote ese coñito inocente», despotricó Bennie con frustración, como todas las mañanas desde que empezaron los plantones.
¿Cuánta más de esta mierda podía aguantar? Día tras día. Noche tras noche. Ahora solo pensaba en ella.
¿Cómo coño termina esta mierda, Sarah?
Estás jugando juegos peligrosos, sobrinita.
Obligó al puño que bombeaba a ir más despacio, el pulgar acariciándole la cabeza de la polla mientras la mirada lujuriosa se le bebía cada detalle del cuerpo de ella.
Cómo le brillaba el coño, hinchado y empapado. Como si la puta se despertara cachonda todas las mañanas. Cara angelical y hermosa. Curvas en todos los sitios correctos. Pelo rubio largo y llamativo. Hecha para ser actriz porno.
Su propia polla ya goteaba sin parar, el presemen mezclándose con la loción que se había echado en la polla para que el puño resbalara más rápido sobre la cabeza hinchada.
Bennie nunca llevaba lubricante. Siempre se decía que hoy iba a ser más fuerte. Nunca lo era.
Gracias a Dios por la crema de manos que su mujer había dejado en la guantera.
Gilipollas sin vergüenza.
Mujer. Aunque no fuera tu sobrina, tienes mujer.