El comienzo del caos
CAPITULO 1
Alessia
Había aprendido algo importante después de mi última decepción:
Nunca le des a alguien el poder de destruirte.
El problema era que entenderlo no significaba que fuera fácil aplicarlo.
Estaba sentada en el borde de mi cama, mirando mi celular por quinta vez en menos de diez minutos, aunque no tenía ninguna notificación nueva.
Lo dejé sobre la cama y suspiré.
No quería salir.
Esa era la única conclusión a la que había llegado durante toda la tarde.
—Alessia, te juro que si seguís encerrada en tu habitación voy a entrar y te voy a sacar de los pelos.
La voz de Lizzie llegó desde el otro lado de la puerta.
—No voy a salir—liz.
—Sí vas a salir—dijo detrás de la puerta.
—No.
—Sí.
—Lizzie...
—Alessia.
Me quedé en silencio.
Ella también.
Después escuché un golpe suave contra la puerta.
—Abrime.
—Estoy cambiándome.
—Mentira.
Miré la ropa que tenía puesta.
Un pantalón cómodo y una camiseta vieja.
Bueno, técnicamente no estaba cambiándome, pero tampoco tenía ganas de explicárselo.
—No tengo ganas de ir a ninguna fiesta—dije enfadada.
—No te pregunté si tenías ganas—respondio copiando mi tono.
—Entonces, ¿qué estás haciendo?
—Intentando salvarte de una noche aburrida.
Solté una pequeña risa.
—No necesito que me salves.
—Sí necesitás.
Me levanté de la cama y abrí la puerta.
Lizzie estaba parada frente a mí con los brazos cruzados y una expresión que conocía demasiado bien.
—¿Qué? —pregunté.
—Eso te pregunto yo. ¿Qué te pasa?
—Nada.
—Alessia.
—Estoy bien.
Me miró durante unos segundos.
—Sos pésima mintiendo.
—Y vos sos demasiado insistente.
—Porque sos mi mejor amiga.
Entró a mi habitación sin esperar permiso y se sentó en la cama.
—Además, llevás toda la tarde con esa cara.
—¿Qué cara?
—La de "quiero quedarme encerrada, mirar una serie y no hablar con nadie" —dijo cruzándose de brazos.
—Suena bastante bien.
—No.
—Para mí sí.
Lizzie negó con la cabeza.
—Hoy hay una fiesta.
—Ya sé.
—Y vamos a ir.
—Vos vas a ir.
—Nosotras vamos a ir.
Me crucé de brazos.
—No quiero conocer a nadie.
—No tenés que conocer a nadie.
—Entonces, ¿para qué voy?
—Para tomar algo, escuchar música y pasarla bien conmigo.
La miré.
—Podemos hacer eso acá.
—No.
—¿Por qué?
—Porque si nos quedamos acá, vas a terminar pensando en lo mismo de siempre.
No respondí.
Ella sabía exactamente de qué estaba hablando.
Después de lo que había pasado, había empezado a evitar muchas cosas. Salir, conocer gente, aceptar invitaciones. Cualquier situación que pudiera terminar acercándome demasiado a alguien me parecía una mala idea.
El amor era una palabra bonita hasta que dejaba de serlo.
Hasta que las promesas se convertían en mentiras y la persona que juraba quedarse era la misma que terminaba dejándote vacía.
No quería volver a pasar por eso.
—No quiero depender de nadie otra vez —dije finalmente.
Lizzie bajó un poco la mirada.
—No tenés que depender de nadie.
—Eso es lo que todos dicen.
—Yo no te estoy diciendo que tengas que enamorarte de alguien. Te estoy diciendo que salgas conmigo.
La miré.
—¿Y si no quiero hablar con nadie?
—No hablás con nadie.
—¿Y si me quiero ir temprano?
—Nos vamos.
—¿Y si me aburro?
—Me echás la culpa.
Sonreí.
—Ya lo hago bastante.
—Lo sé— dijo sonriendo.
Se levantó de la cama y abrió mi armario.
—Ahora elegí algo.
—¿Qué?
—Ropa.
—Ya sé qué significa ropa.
—Entonces elegí.
—Lizzie, no voy a ir.
Sacó una prenda del armario y la miró.
—Esta.
—No.
—Esta.
—Tampoco.
—Entonces esta.
—¿Por qué estás sacando toda mi ropa?
—Porque evidentemente vos no vas a hacerlo.
Me acerqué y le quité una de las prendas de las manos.
—No pienso ponerme eso.
—Perfecto. Entonces elegí vos.
Me quedé mirando el armario.
—No sé.
—Eso pensé.
Lizzie sonrió.
—Por eso me necesitás.
—No te agrandes.
—Demasiado tarde.
Negué con la cabeza mientras ella seguía buscando qué ponerme.
Después de unos minutos terminé aceptando.
No porque realmente quisiera ir.
Sino porque sabía que si seguía encerrada en mi habitación, probablemente Lizzie iba a quedarse conmigo toda la noche hasta conseguir que saliera.
Y conocía demasiado bien a mi mejor amiga.
Cuando se proponía algo, era prácticamente imposible hacerla cambiar de opinión.
Horas después, ya estábamos listas.
Me miré una última vez frente al espejo mientras me acomodaba el cabello.
—¿Contenta? —pregunté.
Lizzie apareció detrás de mí.
—Muchísimo— dijo sonriendome a través del espejo.
—Todavía podemos cancelar.
—No.
—Lo intenté.
—Y fallaste— respondió entre risas
Tomé mi bolso y me acerqué a la puerta.
—Una sola condición.
—¿Cuál?
—No me dejás sola.
Lizzie me miró y sonrió.
—Nunca, además lucia nos está esperando allá.
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Llegamos a la fiesta poco después.
La música se escuchaba desde afuera y había personas entrando y saliendo constantemente.
Apenas cruzamos la puerta, Lizzie me tomó del brazo.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La de arrepentimiento.
—No estoy arrepentida.
Me miró.
—Todavía.
—Callate.
Se rio y tiró de mí hacia el interior.
La casa estaba llena.
Había gente hablando en todos los rincones, algunos bailando y otros reunidos alrededor de la barra.
Las luces cambiaban de color y la música estaba bastante fuerte.
Lizzie se acercó a mi oído.
—¿Ves? No está tan mal.
—Preguntame de nuevo en una hora.
—Te prometo que vas a terminar pasándola bien.
—Eso está por verse.
Se rió
—ya vuelvo voy a buscar a lucia— desapareció antes de que pudiera protestar.
Camine hasta la barra y pedi algo para tomar.
Yo observaba a las personas a mi alrededor intentando convencerme de que había sido una buena idea salir.
Entonces una voz llamó mi atención.
—No parecés alguien que disfrute mucho las fiestas —era una voz gruesa. No la reconocía en absoluto.
Giré la cabeza.
Y ahí estaba él.
La primera impresión fue clara
Arrogante, Demasiado seguro de sí mismo.
Traje n***o, mirada intensa y esa expresión de alguien que creía tener siempre el control.
No sabía quién era, pero algo en su postura me decía que estaba acostumbrado a que las personas le prestaran atención.
Y probablemente también estaba acostumbrado a conseguir lo que quería.
No me gustó.
—Y vos parecés alguien que cree saber todo de los demás —respondí.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Tal vez porque suelo tener razón.
Solté una pequeña risa.
—Qué sorpresa. También sos de los que creen que nunca se equivocan.
Él me observó divertido.
—¿Siempre sos así con las personas que acabás de conocer?—pregunto curioso.
—¿Siempre sos tan molesto con las desconocidas?—respondi cruzándome de brazos.
Su sonrisa se hizo más grande.
—Me gusta cuando alguien intenta desafiarme.
—Entonces vas a aburrirte conmigo.
—tengo la impresión de que no podría aburrirme por más que quisiera.
Lo miré con incredulidad.
—¿Y por qué estás tan seguro?
Por primera vez pareció darse cuenta de que todavía no sabía mi nombre.
Extendió su mano hacia mí con una seguridad que me molestó más de lo que debería.
—un gustó, Kade Valmont.
No tomé su mano inmediatamente.
Solo lo observé.
Kade Valmont.
Hasta su nombre parecía tener esa misma arrogancia que él.
—¿Esperás que eso me impresione?—dije enarcando una ceja.
Él sonrió.
—No. Pero esperaba que al menos te diera curiosidad.
—Te vas a llevar una decepción.
Finalmente estreché su mano por unos segundos y la solté rápido.
—Un gusto, Kade.
Aunque por la forma en que lo dije, ambos sabíamos que no era verdad.
—Ahora tu nombre —dijo.
Fruncí el ceño.
—¿Y eso qué cambia?
Se acercó apenas, con esa confianza que parecía imposible de romper.
—Nada. Solo hace más fácil molestarte.
Negué con la cabeza.
—Sos insoportable.
—Y vos estás demasiado a la defensiva.
Sus palabras me hicieron quedarme en silencio.
Porque había acertado.
Pero no iba a darle el gusto de saberlo.
—No me conocés.
Kade sostuvo mi mirada.
—Todavía no.
Esa palabra quedó entre nosotros.
Todavía.
No sabía por qué, pero la forma en que la dijo hizo que sintiera que esa conversación no terminaba ahí.
Y eso era exactamente lo que quería evitar.
Porque él representaba todo aquello de lo que estaba intentando alejarme.
Alguien capaz de hacerme sentir.
Alguien capaz de romper mis reglas.
Alguien capaz de hacerme perder el control.
—No soy una de esas chicas que vas a impresionar con una sonrisa —dije.
Kade inclinó la cabeza, divertido.
—Nunca dije que quisiera impresionarte.
—Entonces, ¿qué querés?
Por un segundo su expresión cambió.
Como si la respuesta fuera más complicada de lo que esperaba.
—Descubrir por qué fingís que nada te importa.
Mi corazón se detuvo un instante.
Porque nadie había visto eso antes.
Nadie había notado que detrás de mi seguridad había miedo.
Y mucho menos alguien que acababa de conocer.
Así que hice lo único que sabía hacer.
Levanté mis defensas.
Sonreí.
Y fingí que sus palabras no habían llegado a mí.
—Suerte con eso — agarre el trago que me ofrecían en la barra Me di vuelta y me alejé.
No miré hacia atrás.
No quería saber si todavía me estaba observando.
No quería darle importancia.
Y, sobre todo, no quería admitir que durante unos segundos había conseguido hacerme olvidar por completo el motivo por el que había ido a esa fiesta.
Me repetí que solo había sido una conversación.
Un desconocido.
Un hombre arrogante con una sonrisa demasiado segura.
Nada más.
Camine entre la multitud de gente tratando de localizar a mis amigas,
—lu, al fin te encuentro — le dije a lucia cuando al fin la encontré, —donde está lizzie?
Mi amiga me hizo una seña con el dedo donde enfocaba a mi mejor amiga bailando arriba de una mesa con una botella de vodka.
Yo y lucia estallamos a carcajadas.
Lucia, lizzie y yo habíamos sido las mejores amigas hasta la actualidad. Las conozco desde que era niña. Cuando me mudé a Milan con mis papás cuando tenía 6 años no tenía amigas, siempre sufrí bullying por parte de mis compañeros de clase. Lucia y lizzie me defendieron de los matones un día que estaban gritándome en el patio de la escuela y desde ese entonces fuimos inseparables.