Capitulo 1
— Llego a la entrada del club y puedo observar que hay mucha gente; han pasado varios años desde la última vez que estuve en la ciudad y quizás muchos no me reconozcan, así que entro sin saludar a nadie y busco con la mirada a la persona por la cual vine a esta celebración. Y la veo, sentada sola en el bar; está de espaldas, pero puedo saber que es ella aunque llevo siete años sin verla, mi corazón puede reconocerla. Así que me acerco, me paro detrás de ella y le susurro al oído:
— Aunque pasen los años, seguirás siendo la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto.Siento que se pone tensa, lo que significa que reconoció mi voz; voltea de a poco y se encuentran nuestras miradas, pero no puedo definir la suya ya que se muestra sin expresión.
— ¡Tú! ¿Qué haces aquí?
— Vine a la fiesta de tu graduación —levanta una ceja y contesta:
— Que yo sepa no te invité; de hecho, ni me acordaba de ti —espetó de forma sarcástica.
— Sí, se nota; tanto así que reconociste mi voz a la primera —respondo de manera irónica.
— Y quién no olvidaría esa voz tan chillona… —pronuncia a modo de burla, y sigue sin dejarme aún descifrar esa mirada—. ¿Para qué viniste? ¿Qué haces aquí después de tanto tiempo? No creo que solo te mueva mi fiesta de graduación —pregunta curiosa. Cuando estoy a punto de responder, aparece Carlos, un viejo “amigo” de la escuela, y la toma por la cintura.
— Amor, te estaba buscando… —no termina la frase cuando me ve e intenta reconocerme—. ¿Juan? —me señala entrecerrando los ojos.
— Y quién más si no yo —le digo un poco molesto y extrañado por cómo se refirió a Emili, y más porque sigue con la mano en su cintura.
— Hermano, tiempo sin verte, no sabía que andabas por aquí. ¿Qué te trae de regreso? —y me da un apretón de manos.
— Negocios… y asuntos del pasado.
Ella solo me observa y, al notar Carlos nuestras miradas, se pone nervioso y le dice:
— Bueno, ahora me llevo a mi prometida, ya que se la quiero presentar a unos socios comerciales. Al escuchar esa palabra, sentí que mil dagas se clavaban en mi pecho sin anestesia. ¿Su prometida? ¿Cómo pudo ella comprometerse con él cuando éramos amigos? ¿Y él con ella, sabiendo que es la mujer que siempre he amado? Pido un trago y lo tomo de un sorbo; luego otro y hago lo mismo mientras la observo conversar y reírse con unas personas que ni conozco. Carlos voltea a verme y nota que mi mirada está clavada en ella. Luego se acerca a mí, dejándola a ella platicar con sus socios, y se sienta a mi lado pidiendo un trago.
— Amigo mío, amigo mío, veo que no has podido olvidarla —lo dice negando con la cabeza y tomando de su trago.
— ¿Y qué si no he podido olvidarla? —expreso molesto por su comentario.
— Tienes que resignarte y aceptar que ese amor fue solo el de un par de adolescentes y que ya somos adultos; además mírala, ya es una hermosa mujer y puede tener al hombre que quiera... y ese hombre soy yo, siempre lo he sido, ella es mía.
Aprieto los puños por la ira que siento.
— Si no hubieran drogado mi bebida y no me hubieras empujado hacia aquella casa con esa cualquiera esa noche, esa mujer a la que llamas tuya fuese mía ahora.
— Yo no te empujé a nada, Juan; tú solito tomaste tu decisión. Niego con la cabeza.
— Cada vez estoy más seguro de que todo lo que ocurrió esa noche fue un plan premeditado de alguien, y de que ese alguien eres tú.
— Te equivocas, no tendría motivos para hacer algo así; además, somos amigos, ¿cómo crees que haría algo como eso? Entrecierro los ojos y apunto a Emili.
— Ella sería un fuerte motivo, Carlos. ¡Te gustaba Emili desde entonces, por eso hiciste todo ese show, verdad!
— Por quién me tomas, Juan, no soy tan desalmado como crees. Además, ¿para qué te lamentas? Mírate ahora: todo eso que pasó te sirvió para que ahora fueras un hombre de mundo e imagino que a estas alturas has tenido muchas mujeres, ¿no es así? Imagina si no hubiese pasado eso aquella noche; todavía seguirías con Emili, solo hubieras tenido sexo con ella y sería de verdad deprimente.
— Y eso a ti no te debería haber importado; era mi vida, no la tuya.
— Umm… no me importaba, pero agradezco porque todo haya pasado así, ya que ahora soy yo el que puede disfrutar de esa mujer.
— Eres un malnacido. ¿Cómo puedes llamarte mi amigo si lo único que quisiste fue dañar mi relación para luego quedarte con ella? —pronuncio tan molesto que me paro y me le pongo de frente con los puños cerrados; si pronuncia una palabra más, lo mato aquí mismo. En ese momento se acerca Julián, otro viejo amigo de la escuela y que en la actualidad sigue siendo mi amigo.
— Juan, amigo, cálmate; no olvides dónde estás.
— Qué me importa dónde estoy, Julián; lo que quiero es partirle la cara a este imbécil —pronuncio exasperado ya.
— ¿Tanto te sigue importando mi mujer para que te pongas así? Olvídate de ella, así como ella te olvidó en mis brazos. Cuando le voy a lanzar un golpe, Julián me toma la mano y me empuja sacándome al jardín del club.
— Pero qué es lo que te pasa, Juan; vas a hacer un escándalo por lo que te dice Carlos, ¿no ves que solo quiere molestarte?
— Voy a matar a ese hijo de perra. ¿Cómo se atrevió a tocar a Emili? La ensució con sus asquerosas manos.
— Amigo, Emili no es la misma inocente que dejaste hace algunos años; ella se ha convertido en toda una mujer y Carlos no ha sido el único hombre que ha tenido.
— Qué dices, Julián, no te permito que hables así de ella.
— Hermano, solo digo la verdad; ella siempre ha mostrado abiertamente sus relaciones, no se ha tomado ninguna en serio. No sé cómo está con Carlos; esa relación se dio de la noche a la mañana y hasta están comprometidos. No entiendo cómo él pudo llegar tan lejos con ella, ya que, si bien es cierto, le gusta jugar con los hombres.
— No puedo creer que Emili se haya convertido en una mujer así.
— Quizás todo lo que pasó contigo la marcó de cierta manera. Paso mis manos por mi cara de lo frustrado que estoy.
— Julián, hermano, ¿tienes algún cigarrillo que me des? Necesito calmarme.
— Toma, fumemos juntos, amigo; esto no es fácil de asimilar.
— Claro que no, hermano. ¿Cómo mi dulce niña pudo convertirse en una mujer así? Maldigo la noche en que me dejé convencer por Carlos y César de hacer un brindis e ir a la casa de esa mujer.
— Aunque no nos dimos cuenta, Carlos siempre estuvo enamorado de Emili, Juan. Hizo hasta lo imposible para que se separaran, eso no me lo quita nadie de la cabeza; y ni hablar de César.
— Pienso lo mismo, pero voy a conseguir las pruebas para desenmascararlo; no puedo permitir que se quede con ella después de todo lo que nos hizo. Si fuera otro hombre quizás habría aceptado mi pérdida, pero con él no la pienso dejar. Le doy las últimas caladas a mi cigarrillo y luego me voy, no sin antes pasar a despedirme de Emili, quien conversaba con unas amigas alegremente como si nada le afectara.
— Emili, ¿podemos conversar un momento? Ella me observa con una ceja levantada y luego se voltea de nuevo hacia donde están sus amigas.
— ¡Por favor! —exclamo tomándola de la mano y siento de nuevo esa corriente eléctrica que sentía siempre que estaba con ella. Voltea de nuevo para mirar nuestras manos unidas, la cual separa de inmediato.
— Yo no tengo nada de qué hablar contigo, Juan —expresa mirándome a los ojos.
— Yo sí tengo mucho que decirte, Emili —lo digo en forma de súplica.
— Lo siento, pero no estoy interesada en lo que tengas que decirme —y suelta una risita sarcástica.
— ¿Qué prefieres entonces, que te lleve a la fuerza?
Se acerca peligrosamente a mí:
— No te atreverías… —y me mira de forma retante.