CAPÍTULO VEINTIUNO Kyra daba vueltas en los rápidos del Río Tanis tratando de respirar mientras las heladas aguas le calaban hasta el hueso. Era el agua más fría de su vida. Pero no era el frío lo que la molestaba; o el dolor al chocar contra las rocas rebotando como una rama; o el miedo por su propio bienestar. Lo que más la molestaba fue su pesar por Andor, dejándolo atrás sin poder alcanzarlo, sin poder salvarlo mientras este los defendía con heroísmo de los cerdos cornudos sacrificando su vida por la de ella. Nunca antes había conocido a un animal tan noble, tan valiente. La idea de abandonarlo mientras peleaba su batalla era demasiado para ella. Incluso al ser arrastrada, peleaba contra la corriente con todo lo que tenía aún tratando de alcanzarlo. Pero simplemente no podía. La cor

