Mi realidad

1807 Words
Santiago era el hijo de una hija ilegítima. Las historias familiares tienden a repetirse: su abuela había mantenido una relación con su jefe y, como resultado, había nacido Laura Bradford. La niña creció y se enamoró perdidamente de su jefe y de la promesa de que algún día dejaría a su mujer. Se lo había dicho tantas veces y, lo peor, es que todas y cada una de ellas se las había creído. Hasta que su hijo nació y entendió que ellos eran "la casa chica", que no iba a dejar a su esposa por más que la quisiera, y que Santiago se iba a criar así, como el secundario de la vida de su padre. Así que un día tomó sus cosas, las del niño, y dejó el país. Se fue tan lejos como pudo, crió a Santiago, y en su cuenta de forma silenciosa siempre llegaba dinero. Conforme el niño creía y sus necesidades aumentaban, había más dinero. Laura solía sentirse vigilada, rota, decepcionada. Pasó años sin involucrarse sentimentalmente con nadie, y le tomó bastante presentarle a su hijo al que ahora era su marido. Santiago, que cree mucho en los patrones, las formas de vida repetidas, lealtades familiares y tal, pensaba que una forma de romper con esa cadena de ilegitimidad era con él, haciendo las cosas un poquito mejor. En casa de su madre estaba su hermana, quien repentinamente se creía una mujerón de trece años, enamorada del amor, apresurada por vivir y demasiado guapa para la salud mental de sus hermanos. Y su hermano, el playboy del momento. A veces no soportaba la etapa de “follador máximo” —era una que seguía viviendo—, pero la de “rompecorazones” le mataba un poco la ilusión. —Dice mamá que llames a papá —comenta Gala, y su hermano entrecierra los ojos. —Mamá te ha enviado a ti. —Sí, pero recién me he hecho las uñas y no voy a permitirle regañarme y marcármelas. El papá en cuestión entró a la sala y le dio un beso a su hijastro en la mejilla. —¿Desde hace cuánto estás aquí? —Hora, pero Gala se ha estado haciendo las uñas y no quería avisarte. —¿Por qué no bajó Thomas? —Está limpiando la piscina. —¿Y por qué no has usado tus pies para ir a saludarme, Santiago? —Porque mi mamá, nada más verme, me ha enviado a hacerle la compra y luego a acomodarle las cosas. —Parece que no tiene marido. —La verdad, hombre, no estás haciendo tu trabajo y te vamos a tener que despedir. —Me encantaría tener un padrastro. —Sí, sí... A mí me encantaría que tuvieras uno de esos también, y te castigue, y te pegue, y no te deje ni hablar. Así luego vienes y me valoras. —¿De qué están hablando ustedes tres? —De sexo, mamá. Del mal sexo que te dan. —Santiago, de verdad —le regala su madre mientras cambia de color. —Aquí tú eres la única que cree que ha hecho tres hijos con la cigüeña. —La verdad, yo sí le creo que tú y el otro vinieron por obra y arte de los aliens... y para mí se equivocaron de casa. Gala ve a su hermano sumergiéndose en la piscina y pasándoselo bomba, así que decide echarle a su mamá encima. —Mamá, ¿Thomas sigue castigado o cómo funciona? —su padre la mira con la ceja levantada y su hermano contiene la risa. —Gala, tú estás castigada y nadie está preguntando —le recuerda su padre. —Ya, pero yo no me la estoy pasando bien aquí sin mis amigas, sin hacer nada de lo que me gusta. En cambio, Tom está nadando como pececillo en el mar. —Qué perra eres —susurra Santiago, y ella asiente. —Él me haría lo mismo —responde, y Gala da un par de aplausos—. ¿Qué, no vas a castigarle? —Gala... —le llaman sus padres, y ella rueda los ojos. —Hay un hijo favorito, y la verdad está muy doloroso esto. Todo el día, soy como lo que sobra. Si no es Santiago, es Tomás, y después vengo yo. Terrible, ni porque soy su única hija —reclama y se va para el jardín. —Tengamos una hija. —Mi amor, ya no, de verdad que no. Tenemos cuatro hijos, si no lo recuerdas. —¿Dónde está Dom? —Está en una fiesta de cumpleaños. —Mi amor, una hija que no nos odie. —Estoy mayor, ya no produzco el producto de los bebés —se queja Laura, y su marido le da un beso en los labios. Santiago se aclara la voz. —De verdad que no voy a aguantar esto —se queja en tono de broma. —Pero tranquilo, mi amor. Santiago muy probablemente nos llene de nietas divertidísimas. —Santiago no puede ni conseguirse una esposa. —Tú tardaste años en conseguirte una esposa. Por eso no puedes intentar tener una niña. Y la que tienes está ahí en la piscina, intentando matar a tu primogénito. Sus padres se giran y ven hacia la piscina donde Gala está golpeando a su hermano con el limpiador de piscinas mientras el intenta nadar y alejarse de ella, cambia de estrategia y sale de la piscina, la jala para que caiga al agua y cuando lo hace intenta ahogarla, Santiago no tiene hermanos favoritos, pero se tira a la piscina junto a su padrastro y los separa, sostiene a Gala y la regaña. —¡¿Te has vuelto loca?! —Es una loca rabiosa —la acusa Thomas —Está loca. —Él me insultó primero. —Lo pudiste haber ahogado Galilea —le advierte su madre y le jala una oreja en cuanto sale del agua, lo mismo con Thomas. —¿Qué les pasa a ustedes dos? —pregunta enojada su madre. Santiago ve a Domenic su hermano menor, siete años, divinamente pequeño, divertido y guapísimo, la mejor combinación entre sus padres, los cuales están ocupados gritándoles a sus hermanos, él estaba ocupado corriendo hacia Santiago. —No puedo creerlo, este es uno de mis sueños, todos nadamos con ropa en la piscina. —Santiago abraza a su hermanito y su mamá les advierte que tienen prohibido tirarse en la piscina. —Mamá, pero solo faltamos tú y yo en tirarnos, ven vamos.—Dice y trata de jalarla con él, pero su mamá, se niega, Santiago que sabe que no pueden castigarle como a él le carga y lo lleva a la piscina pese a su madre gritando que ni se les ocurra lanzarse, Santiago y Domenic gritan mientras salen del agua tras su clavado y Laura le mira incrédula. —Sangan de ahí los dos. —Tienes que sacarnos tu mamá. —Santiago y Domenic no estoy para bromas. —Advierte Laura y su marido anuncia en tono grave. —Ustedes dos a su habitación, están castigados, y más les vale ni hablarse en el camino. —Su mujer se relaja por no tener que llevar la responsabilidad de ser la villana en esa situación. Ella le da las gracias a Samuel por ser la figura de autoridad durante esos momentos tan difíciles. Él camina con su esposa hacia el borde de la piscina y ella no dice nada porque sabe que la va a tirar. Santiago y Domenic aplauden y celebran. —Están castigados los tres —anuncia Laura mientras les chapucea con agua. Cuando salen, Laura le pide a Santiago y Domenic cambiarse rápido para ir a comprar algunas cosas para la ensalada y tener tiempo de conversar con sus hijos mayores. Laura les da un par de nalgadas pequeñas a sus dos hijos y les dice: —Domenic, sin iPad time. Santiago, el celular decomisado mientras estás en casa. —Mamá, pero que soy el mayor. —Ya, para que tú y los demás se enteren de que los castigaré hasta que se porten bien o me muera. —¡Qué guay, te han castigado! —responde Domenic emocionado. —Cuando yo tenga tu edad, mamá nunca más va a castigarme. —Seguro que la vas a tirar de nuevo en la piscina. —Seguro también —responde y le choca la mano a Santiago, quien lo lleva al interior. Los dos van a cambiarse y luego se van al auto. Domenic le hace prometer a su hermano mayor que va a enseñarle a conducir cuando cumpla diez. Los dos sonríen antes de chocar el puño. —¿Qué pasa entre Gali y el Tom? —Es info grande. ¿Qué tal si me invitas a un helado y te lo cuento? —Vale, déjame hacer una llamada —dice, y busca el número de Regina. La llama un par de veces, y su hermano le dice: —Está pasando de ti. —Ya me di cuenta. —Sí... ahora ten vergüenza y no llames más. Santiago se ríe y pasa a la heladería favorita de su hermano. Le compra un helado de tres bolas y le hace contarle todo el chisme. No sabe si es el azúcar o que le cae demasiado bien a su hermano pequeño, pero este le cuenta que Tom está saliendo con Elsa. —¿Elsa Elsa? —Sí, se besan con lengua y todo. —Pero Elsa es de Gali. —Ya, es lo que yo pienso, pero a Elsa le gusta Tom y Gali no está de acuerdo en dejar a Tom ganar esto. —La verdad, Gali tiene un poco más de razón. —Yo estoy del lado de mi hermana, pero Tom me deja jugar videojuegos con él a veces, así que mejor los dejo. Elsa y Gali son amigas desde el primer día de kínder, así que este es un golpe bajo que la hermana de Santiago no quiere entender ni superar. Cuando terminan el helado, regresan a casa. Gali sube a su habitación molesta mientras sus padres intentan que los escuche. —Domi y yo vamos a preparar la ensalada. —La lasaña estará lista en unos minutos. —¿Quieres ayudar, Tom? —Me voy a mi habitación. Santiago ve a su hermano subir y se sienta frente a sus padres. —Críenlos mejor, no me saludaron cuando llegué, no sé, ni un abrazo, un beso, algo, saludos... y ahora planean comer en su habitación. —Querido, sigo teniendo reglas, pero no creo que coman con nosotros. Ven acá para mimarte —dice su madre mientras lo abraza—. Sigues siendo mi bebé favorito. —¡Mamá, te escuché! —grita Domenic desde la cocina. —¡Santiago, ven a cocinar tu ensalada!
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