El sábado llegó con prisa. Todos creían que era una comida en el jardín, pero los sorprendimos con globos color pastel y bolsas de regalo para todos. Mi suegra tenía una sonrisa insoportable. A veces, muy raras veces, entiendo cómo su relación con el padre de su hijo se sostenía: son competitivos, conspirativos, y de buen humor son megadulces, características que comparten con Santiago. —Es la noticia que creo —murmura mientras juguetea con su bolsa de regalo. Santiago y yo reímos y el par de fotógrafos que contraté para el evento aprovechan para captar las reacciones de todos. —Estoy embarazada. —¿De cuánto estás? —pregunta la esposa de mi padre. —Casi cuatro meses. —Regina —se queja mi suegra— ¿cómo hiciste para no decirme antes? —bromea la mujer y viene a darme un abrazo y un beso.

