Casi cinco años más tarde Santiago usualmente tiene el turno de la mañana. La rutina en la que se despierta, va a buscar a los niños, prepara el desayuno y vuelve a intentar despertarlos, les llena de besos y, finalmente, van a ducharse. Luego yo me les uno para desayunar todos juntos. Esta mañana la casa está demasiado silenciosa cuando me levanto, pero no le doy mucha importancia. Los tres esperan a que baje el último escalón y me tiran confeti mientras su papá sostiene mi pastel de cumpleaños. Cantan “cumpleaños” en LESCO y luego lo cantan para mí. Santiago me da un beso y nuestro hijo más pequeño me recuerda pedir el deseo. Mi hija bailotea mientras Santiago intenta no reírse, y yo soplo el pastel, le doy un beso a mi esposo y luego uno a cada uno de mis hijos. Gina va por la casa

