Yo no sé cuánto se demora uno en llegar al hospital desde mi oficina, pero Santiago no tardó ni cinco minutos. El médico estaba esperándonos, me conectaron con mis máquinas y de inmediato comenzaron a hacer un ultrasonido. Estoy a una semana de que sea seguro, y aquí, básicamente de la nada, los estoy perdiendo. El médico me recuerda mis últimas citas, en las que habló de maduración pulmonar y los medicamentos que me dio. O sea, todo estaba normal. Yo, la verdad, dejé de entender y de escuchar. Solo pido que los salven. —Santiago, si tienes que elegir, elige a los bebés —. —No voy a elegir a nadie que no seas tú, Regina. Tú elige si mantenerte viva —susurra en mi oído antes de que me lleven a la sala de cirugía. Uno nunca sabe cuándo las cosas van a ir mal o cambiar abruptamente. Mientr

