Santiago
Para mí Xiomara estaba muerta hace tanto tiempo que la verdad ya no hay dolor, que lo que sea que tuvimos ya terminó, ya no queda nada de la muejr dulce,f antástica, divertida a la que amé, la misma mujer que dio la orden para herir a mi familia, a mis amigos de toda la vida, la gente que significaba tanto, la misma que tuvo los huevos de cruzarse de bando y volver llorando a decir que le hciimos daño, ella, que ahora era la cabeza de una de las olas criminaels internacionales más grandes.
Esa no es la mujer de la que un día me enamoré.
Xiomara estaba muerta para mí desde hace mucho tiempo.
Y con el informe queme entregó Sergio lo entendí, nos estuvo usando todo el tiempo y los chicos creyeron que estaban aliviandome el dolor al no decirme que estaba en el mismo plano tenrrenal. De lo que único que me arrepiento es que de haberlo sabido, hubiese ido por ella, la hubiese neutralizado mucho antes y la vida de mi amigo y su familia estaría intactas.
El dolor es insoportable, me atormenta, y sé que tengo que dejarlo ir, todo, a todos, pero no lo logro.
Entonces veo cómo sale el sol, despacio, y finalmente, veo a Regina bajar algo temerosa. Se acerca a mí, toma asiento a mi lado y me toma de la mano.
—Fue muy fácil para mí dejarlo con George porque él nunca estaba, porque no teníamos planes en común, porque lo sentí ausente desde el primer momento —comenta. Me giro para mirarla.
—No quiero perderte. No quiero olvidarte. No quiero aprender a vivir sin ti, Santiago. Pero, si sientes que tienes que estar con alguien más, no voy a ser quien te retenga.
—¿De verdad crees que estoy enamorado de alguien más?
—Es normal… Encontraste a la mujer que diste por muerta. Buena o mala, queda todo lo que soñaste con ella.
—Regina… No quiero nada con ella, solo… No hagas esto. Eres lo único que tengo. Perdí a Gabbin. Josh y yo… no sé cómo volver a ser su amigo. No estoy sufriendo por Xiomara, estoy dolido porque perdí a mis mejores amigos. Y nadie va a saber explicarme qué pasó de verdad. Esto no es lo que tenía planeado contigo, para nosotros… no…
—Sabes, hay culturas en las que si quiebras una taza, necesitas botarla de inmediato porque se ha roto y ya no es de buen augurio, y hay otras en las que la pegan pedazo por pedazo con oro. Yo creo que las amistades son como tazas. Si es la taza de supermercado que compraste hace un mes por impulso, bótala. Pero si es la taza que te dieron con amor, en la que bebiste en días tristes, felices, cansados, animados… si es la taza que te ha salvado constantemente la vida, entonces necesitas reparar cada una de sus heridas con oro, porque eso es lo que vale esa amistad: el tiempo, el oro y la dedicación. Gabbien está muerto, no puedes hacer nada para arreglar eso, pero puedes hacer todo lo humanamente posible por intentar recuperar a Josh.
Regina me abraza y me pide ir a la cama porque es domingo, está cansada y no puede seguir torturándose.
—Te amo, mi amor. No lo perdiste todo, me tienes a mí justo aquí —responde y me da un beso suave sobre los labios, le acaricio el pelo, y le digo quevoy a ver a Josh, ella murmura que eso cuenta como infidelidad y me río antes de toamr mis cosas para salir. —Inspirado en ella, voy a casa de Josh.
Carla está sola con los niños, quienes me saludan con todo el amor del mundo y no dejan de llamarme "tío Santiago". Ella me mira, se acerca para abrazarme y le devuelvo el gesto. Carla llora un poco.
—Se siente como una pesadilla…
—Lo es, es una pesadilla. Alzo el teléfono para llamar a Mari y no contesta nadie. Josh ha estado obsesionado con Xiomara. Lleva días sin venir a casa. Es como si estuviese castigándose, Santiago. No sé qué más hacer.
Los dos vemos a Josh entrar por la puerta. Nos mira, suelta las cosas mientras se acerca a nosotros, se quita los zapatos y viene a abrazarnos. Lo sostenemos. Parece cansado. Mi amigo llora, desde el fondo de su alma, y pide perdón. Yo lo abrazo de vuelta. Lloramos juntos.
Creo que tarda unos tres días en salir de su casa, y el duelo no se ha ido. Pero cuando llego a la mía, me encuentro con Regina, quien parece estar dirigiendo una partida de dominó. Me llevo las manos a los bolsillos y ella me mira desde su asiento. Mi mamá me saluda desde su silla y mi tía sonríe.
—Ey, cariño, pensé que no llegabas hoy —me dice, dejando su partida un momento, pero no suelta su copa—. Tu mamá y yo somos las mejores amigas en el juego.
—Y en la vida, Regina —comenta mi madre.
Sonrío. Le doy un beso a Regina y la abrazo. Le quito la copa de vino y le doy un sorbo.
—Este es de mi reserva…
—Sí…
—Vale, sírveme más. ¿Puedo jugar? ¿Puedo estar en su cita de chicas?
—Ellas son las amigas de Gretta.
—¿Me recuerdas…? La hermana de tu novia. La mujer con la que compartes casa. No sé… ¿sigues con ella?
—Por supuesto que sigo con ella, Gretta. ¿Se te ha muerto un amigo, uh? No, entonces no seas una perra.
Me presentan a Consuelo y a Simonetta, y tomo el lugar de Regina.
—Voy a ganarte y vas a desear no haberte metido conmigo, cuñadita. ¿Qué apostamos? ¿Tu carro? ¿Tu casa?
Mi mamá y Regina comparten una mirada.
—Tus huevos —responde Gretta.
Todas ríen porque, de verdad, me ha tomado por sorpresa, pero no voy a perder el juego, y mucho menos a Regina.