Abortar misión

1609 Words
Como a las tres de la mañana, ya todo el mundo está haciendo ruta hacia su habitación, menos nosotros dos. Santiago me lleva de vuelta al cuarto de juegos, saca una bebida espirituosa de un tablón del suelo —o sea, contrabando puro, de verdad— y me preocupo cuando dice: —Lo he hecho yo, receta personal. Que la vida me ayude. Ajusta las luces y me lleva a la mesa de billar. Extiende su mano hacia mí y me enseña a elegir el taco. —Vamos a solucionar esto, aquí y ahora. —¿Vas... a enseñarme? —Sí, tú solo relájate. —Vale. Le dejo que me enseñe lo que quiere. Le sigo la corriente. Básicamente le dejo olerme, verme el escote, rozarse por aquí y por allá. Le miro a los ojos y Santiago sonríe. Le doy un beso y le digo: —Esto ha sido enriquecedor, eres un profesor espectacular. —¿Sí? —Sí —respondo y meto la primera bola. Él sonríe y, después de la tercera, lo entiende. —Eres igual de cabrona que todas las de tu género —me río—. Mañana vamos a jugar contra los demás y ganarles. —Les diré que tú me enseñaste. —Más te vale. Despierto en una cama vacía, con náuseas, dolor de pechos y de cabeza. Recuerdo todo el alcohol que he tomado y lo que he fumado. Santiago viene con café una hora después y le digo: —Creo que tengo las náuseas de Linnie y su desorden hormonal, o estoy embarazada. —¿Con qué nos cuidamos? —Santiago, me tomo una pastilla todos los días, y así no tenemos bebés. —Vale... ¿estamos listos para tener un bebé? —Yo no. ¿Tú? —Puede que, con una buena niñera, pueda ser buen papá. Y si decides colaborar con la leche y tu presencia, sería saludable. —Okay, necesitamos una prueba y dejar de paniquear. Seguro ni estoy. —Seguro son gemelos. —¿Tú crees? ¿Así, a la primera, sin intentarlo? —Soy la gemela de alguien, corre en mi familia. Estoy casi segura de que, de mis hermanas, yo voy a ser la que tiene gemelos. Santiago se rasca el cuerpo, algo nervioso, y va corriendo al baño. Busca gaveta por gaveta y encuentra una prueba. Me la da, me la lanza, y los dos gritamos. —¿Cómo hago esto? —Tienes que orinar, meterla en la taza para que se moje y esperar a las rayitas. Es como: uno no, dos sí… o sí, no, una no y la otra sí. —Santiago, tómate un respiro. Yo voy a hacer esto. Santiago cierra la puerta del baño y se queda mirándome. Me quedo leyendo y me pongo a orinar tranquila en un envase que encontré. —¿Sabes que hay lista de espera para los bebés en las escuelas? —Santiago, tú no me conoces... —le advierto—. Yo soy una de esas mamás que iría a la cárcel por sus hijos. Voy a pagarles la admisión donde sea. —Es un delito. —No cuando estás donando una biblioteca, por ejemplo. —Dios mío, eso es corrupción. —Vale, no le compraré el pase, pero nos adelantaré en la lista de espera —le advierto. Él se empalidece aún más, pone el cronómetro a cinco horas y le exijo que se calme; de verdad necesita calmarse. —Si estoy embarazada, esto es 100 % tu culpa. Nunca en diez años he tenido un susto, un retraso, solo la última vez, y... —Estás en tu mejor momento, tu útero quiere un bebé y tu cerebro no lo sabe. —¿Y qué? ¿Tus espermatozoides son detectores de mis necesidades? —Un poco. Están obsesionados con ir dentro de ti. —Mira, ahora que lo estamos hablando, quiero que uses condón o quiero un examen de ETS. —Me lo hago cada seis meses, estoy limpio. ¿Y tú? —Estoy limpia, me lo hice después de terminar con George. —Okay... —¿Nada de VPH? —No, insolente. Además, me vacuné. ¿Estás vacunado? —Estoy vacunado —responde. —Hay muchos hombres que no lo saben. —Ya pasó el tiempo —Santiago saca la tira de los orines y lo embarra todo con ella. Ruedo los ojos y le doy una servilleta para que se seque. Leemos la prueba: es negativa. —No... no... —Sí... no. —Vale... no estoy listo todavía. —Yo tampoco —respondo, le doy un beso en la mejilla y una palmadita en el hombro. Santiago y yo salimos renovados de la habitación. Todos nos ven en silencio y nos preguntan si estamos bien. —No está embarazada —comenta Santiago. —Gracias a Dios, se bebió media botella de tequila y fuma más que yo. —Es el pánico luna de mielero. —Sí, están recién mudados y ya se dieron por todos lados. Además, es la última vez que le va a funcionar tan bien —comenta Carla y las otras dos asienten—. Crees que te ve y te embaraza, pero embarazarse toma tiempo. Cuando de verdad quieran, les va a tomar tiempo. —Yo tengo una técnica infalible —comenta Josh, y su esposa lo mira con una sonrisa—. Sí, yo le dije: "No más pastilla" y tiré esa mierda. Como al mes, le dije: "Okay, voy a follarte y te voy a hacer un hijo", ¡boom! Ahí está. Y la vez pasada le pregunté: "¿Niña o niño?" y ella dijo: "Un varón, para que se acompañen", y yo le hice otro. —¿Y con la nena? —Con ella fue diferente. Le pregunté si quería un hermanito para su hijo; yo quería una hija para mí, su esposo. Se lo dije, se rió... y tuvimos una niña. —Sergio y yo hicimos una limpieza de cavidad por endometriosis, un cóctel de hormonas y cosas... y finalmente la niña. O sea, fue estresante, pero hay gente que tarda años. Mira a Gretta y Ramón. —¿Gretta está intentando? —pregunto. —Sí... desde hace rato. —La que habla de sexo soy yo, ella solo... se muere de la vergüenza. —Yo sí me tomé unas cositas de un chamán, hice oraciones... Los perdí varias veces por el bajo peso y me estaba enloqueciendo. Se me corta la respiración y tomo mi celular. Linnie contesta al tercer tono y dice: —Estoy viendo un cuadro tuyo conmigo y mamá. Estamos tan monas ahí, con nuestros vestiditos —dice y se aclara la voz—. Me gustaría mucho tener a mamá ahora, porque siento que sería una gran abuela. Es como la segunda oportunidad que no va a vivir. —Caroline, estás llorando mientras ves una foto de tu mamá muerta con tu hermana, y solo te duele una teta mientras tu hijo nos roba la energía a los dos. —Sí. —Es hombre el cabrón. —Por eso estoy llorando, porque... ¿te imaginas lo mágico que sería recrear esta foto con nuestras hijas? —Odio esa foto, Linnie. Y sigo sintiendo cosas que tú tienes. Estoy sintiendo el dolor, tengo ganas de llorar. Me acabo de hacer una prueba: estás embarazada tú sola. Yo estoy "desembarazada", no podemos compartir este momento. —Lo sé, pero... es esta foto. —Cúbrela, por favor. No la veas hasta que yo vaya y podamos... quemarla juntas. —No te voy a dejar quemarla, pero sí la voy a ocultar. Llevo dos días viendo esto. —Te amo, bye. Le pongo un audio a Gretta: "Ve a quitarle el cuadro a Linnie. Parece que tengo síntomas de embarazo con ella: control cruzado y eso. La cabrona está viendo una foto de mamá mientras llora, y yo quiero llorar. O sea, solo una de las dos está en ese proceso." Gretta: "Habla con papá, estoy ocupada en Seinvillage." Regina: "¿Todo bien?" Gretta: "Algo con Ramón, pero nosotros estamos bien." Regina: "Me escribes cuando quieras hablar. Un beso a los dos." —¿Estás teniendo los síntomas de Linnie? —pregunta Santiago. —Sí. ¿Y no quieres ir a acompañarla? —No, estará bien. Y si voy, vamos a llorar por una foto de la infancia —le digo—. ¿Ya desayunaste? —pregunto, y él niega con la cabeza—. ¿Qué se te antoja? —pregunto—. ¿Alguien más falta de desayunar? —No, pero... ¿qué vas a hacer? —pregunta Gabbin. —¿Sabes esos huevitos que no me dejaste comer bien el otro día? —¿Los huevos que me preparé e intentaste robarte? —Sí. —¿Cómo son los huevos? Porque siento un poco de hambre. —Son huevos en una salsa. Haz para los dos. —Vale, yo también quiero —dice Josh, y su mujer lo mira incrédula—. Suena a que todos vamos a querer. —Vale, entonces para todos. Me hago mi salsa de vodka con sus buenos huevos, las tostaditas, el aguacate y extra queso, y todos nos sentamos a desayunar. —Esto es espectacular —comenta Isabela. Tengo que reconocer que sus amigos no son tan viejos. Entramos en todos contra todos y fue letal. No sé si me quedaron pulmones o músculos. Fuimos a un río y estuvo espectacular: el agua, la bebida, la comida... Finalmente, cuando nos fuimos, me sentía parte del grupo. Así que... bien por Santiago. Tiene amigos más divertidos que yo pensaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD