Un par de semanas más tarde, había iniciado un negocio de consultoría económica para empresas medianas. Es que me sentía como estar cayendo bajo, pero no iba a reconocerlo en voz alta. Mientras mi hermana mayor hablaba de su marido perfecto, y mi hermana gemela hablaba del bebé precioso que lleva en el útero, mi papá miraba a su nieto o nieta una vez más en fotografías y sonrió enloquecido.
—¿Has pensado en nombres?
—Paz, si es niña, y Federico, si es niño.
—Federico —repite Gretta con la cara arrugada.
—Significa paz.
—Podríamos hacer Paz unisex.
—Paz no se está quedito.
—Vale... no le pongas Paz ni al niño ni a la niña, que yo no veo un hijo tuyo sentado en paz —bromea mi papá y las tres reímos—. Hay que pensar bien los nombres, que luego los hijos son malagradecidos y vienen a gritarte que no les gustó la elección.
—Hijos, mal paridos —bromeo y todos ríen.
—Cómo estás tú, princesa.
—¿Por qué yo?
—Porque eres la mal parida que más le preocupa —comenta Gretta.
—¿Estás bien? —pregunta mi hermana.
—Estoy bien, saben, uno no puede tenerlo todo, y la verdad, me he exigido muchísimo toda la vida. Está bien levantarse temprano —y no tener ni un cliente—. Y ver a Santiago todo el día, como si fuese desempleado o temiese que me autoelimine. Esta es la vida que necesito ahora mismo.
Mi hermana levanta la mano y el mesero se acerca.
—Traiganos una taza de café, y la llena con tequila, nada de café, es solo para beberme las mentiras que está soltando mi hermana.
—Un shot para cada una, ella no porque está embarazada —la nueva frase favorita de mi papá, ella no está embarazada. Linnie rueda los ojos lentamente. Gretta empieza una pelea porque está mayorcita y si quiere beber una taza de tequila, se la va a beber. Mi papá también tiene huevos y la manda a la mierda porque el que nos mantiene es él. Yo me río, mientras mi celular suena descontrolado en el bolso que no encuentro. Se termina la llamada y muy persistentemente vuelve a iniciar. Y sé de una vez, sin duda, que es Santiago. Lo dejo sonar y comienza una tercera llamada, entonces le contesto.
—Mi amor, son tres tonos y ya uno contesta.
—Mi amor, si no te contesto al tercer tono quiere decir que estoy ocupada.
—Te veo ocupada, sí.
—Santiago, deja de acosarme, de verdad —digo mientras le busco por todo el restaurante, sus amigos vienen caminando hacia mí, a los que ni me presentó el otro día, y Santiago aparece por detrás. Yo doy un salto y mi familia ríe.
—Me invitaron a almorzar —responde, da una ronda por la mesa saludando a cada uno de los miembros de mi familia, me da un beso en la mejilla y Gretta se ríe cuando jala una silla y toma asiento.
—No vas a dejarnos plantados por Regina —advierten sus amigos y se presentan, Josh y Gabbin, son los mismos del otro día y, la verdad, todos se ven más guapos vestidos de esta manera y no como un grupo de adolescentes treintones.
—Denme cinco minutos.
—Vale, te esperamos. Regina, nos reunimos una vez al mes, todos los meses, es obligatorio, y Santiago dice que tú no le dejas venir, y cuando viene solo, dice que tú no quieres venir.
—Santiago —digo despacio y ellos asienten.
—Sí, que nosotros nos lo tomamos bien, pero la esposa de Gabbin es súper resentida.
—Y la mujer de Josh es conspirativa, entonces, ahora les caes un poco mal y creemos que estás loca, pero eres divertida y queremos prevenir la tercera guerra mundial, ya sabes cómo es esto, primero no les gustas a ellas y después tú nos robas de verdad a Santiago.
—Ven, la próxima vez, no faltes, te mandaré un mensaje.
—No tienes mi número —le digo y él sonríe—. Vale, hazte cargo y, por favor, dile a tu mujer, a su mujer y a todos tus otros amigos que yo no le prohíbo nada a Santiago, yo soy una excusa, soy un nombre más en su lista de excusas baratas.
—Quédate con ella, es guapa e inteligente.
—Súper sexy —y casi lo mata con la mirada.
—Mmm, ¿te acuerdas cuando se reía de mí? —comenta Josh y los dos se despiden con un gesto de la mano antes de alejarse. Veo a Santiago, y él me ve a mí en silencio.
—¿No planeas disculparte?
—No, puedes decirle a la gente que yo no te dejo hacer cosas.
—Nadie le creería —comentan mis hermanas.
—Voy a ser breve, porque ellos son capaces de volver y generarme más dormidas en el sofá.
—Mmm.
—Si tú tienes un bebé... y eres 100% genéticamente compatible con Regina, ese bebé es 100% de Regina. Eso quiere decir que tenemos derechos de custodia. ¿Qué te parece, un día al mes?
—Santiago, yo ya me estoy peleando la custodia de este bebé con un hombre, tú no quieres ser el segundo.
—Regina no quiere darme un bebé.
—No estamos listos —respondo.
—¿Ves como dices que no a cosas en nombre de los dos? —pregunta y le doy un par de golpes en el hombro.
—Vete, voy a seguir lamentándome sobre mis decisiones con mi familia.
Gretta se pone en pie y va detrás de Santiago, y estoy segura de que él está echando su charla de “no hay bebés sin anillo”.
Mi papá me da un beso en la frente y me dice:
—No puedes trabajar para mí, pero tengo dos empresas pequeñas que necesitan más atención, y si quieres dirigirlas, me encantaría tu ayuda.
—Te amo, te amo, tú eres mi príncipe azul —le digo y mi papá se ríe y me llena de besos. Yo lo abrazo de vuelta y mi hermana se queja.
—Papá, es de las tres.
—Sí, pero es más mío —me quejo y él se ríe