Tom había llorado como un niño toda la tarde después de que nos colamos en su casa, y Claudia había hecho básicamente lo mismo mientras intentaba convencerme de que su vida estaba acabada y yo de convencerla de lo contrario. La acomodan en la sala previa a la cirugía y me dejan entrar con ella, me visto y me siento a su lado.
—Este es mi testamento —ruedo los ojos—. Solo por si acaso, necesito que te hagas cargo de Tom, necesito que te asegures de que se case, sea muy feliz. Si me muero, quiero que le regales un perro, un golden retriever moreno y sexy. Necesito que te repartas mis tacones con Linnie y, por Dios, que no llamen al bebé Claudio o algo similar, ni tú ni Tom, ninguno —exige. Levanto la mano y le pido a la enfermera una almohada.
—¿Para qué?
—Voy a ahogarte con la almohada, así es más fácil para todos. Tu marido tendrá un perro, yo tendré zapatos nuevos, mi hermana tal vez me deje usar los suyos... —La enfermera me da la almohada y le doy un par de golpes antes de colocarla a su lado—. Claudia, nosotros no cambiaríamos tu vida por nada de eso. Tu marido está pagando un montón de dinero porque quiere una vida contigo, mi hermana y yo pedimos todos los favores del mundo porque no imaginamos una vida sin ti. No quiero casarme y que no seas mi dama de honor, y lloraremos más que en tu boda porque Santiago asma bailar. Mi sobrino tiene cinco tías, te tiene a ti como tía, con esos juegos ridículos que haces a los bebés en las filas y, eventualmente, cuando esta batalla pase, la vida te va a premiar con más vida. ¿Queda claro? —pregunto.
Ella se limpia las lágrimas con la almohada, las dos nos reímos y la abrazo.
Tom irrumpe en la sala y se baja la mascarilla para llenar a su esposa de besos.
—Mientras te operan, vamos a planear unas vacaciones a Grecia, Cabo tal vez. ¿Qué vibra sientes? ¿Extra guaro o cómo...?
—Sabes, nunca he probado drogas, creo que voy a tener una fiesta de marihuana —comenta mi amiga y su esposo asiente.
—Lo que tú quieras, nena.
—Linnie va a estar tan molesta con baby Rod.
Las dos reímos y me marcho.
Yo había experimentado de primera mano los cambios del cáncer en mi madre. Había sido un golpe tras otro, como un cañonazo, creo. Primero, porque ella no fue la mejor mamá del mundo; segundo, porque es una enfermedad agresiva, creo que consumista. Es una de esas enfermedades que, aparte de generar un montón de gastos, desgastan emocionalmente a quienes rodean a la persona que aman y deben cuidar.
La vida es así… triste. Mi hermana estaba creando vida y mi amiga estaba consumiendo la suya. Gretta se ocultaba en su casa porque había perdido un bebé, y Claudia nunca podría tenerlos. Hoy le iban a quitar el ovario.
Estaba sentada en la sala de espera junto a mi novio, quien enlazó sus dedos con los míos. Lo miro con los ojos llorosos y me presiono ambos ojos porque de verdad no quiero llorar, no quiero hacer esto sobre mí, pero me duele como si fuese yo.
Santiago me abraza y me recuerda que está bien llorar. Yo asiento y me disculpo para tomar un poco de aire. Linnie me sigue y me recuerda que está embarazada y con la v****a hinchada. Le ruego que no diga estupideces justo cuando estoy preocupada.
—No estás preocupada, estás enojada.
—Estoy enojada porque puedo ser la siguiente.
—No serás la siguiente.
—Tener hijos es un factor protector. Tendrás diez y ya te brincarás la norma —comenta.
Veo a Santiago acercarse y tomo de la mano a mi hermana.
—No se lo he dicho… ¿debería?
Linnie saca todo ese instinto materno que la está revolucionando, me da un beso en la frente y me susurra al oído que me toca hacer lo mejor para mí.
Santiago toma asiento a mi lado y Linnie anuncia que tiene que vaciar la vejiga, pero necesita que vaya por ella en quince minutos si no regresa.
—Espero que esto sea agua y no grasa, porque voy a estar mega desilusionada de mí misma si todas las galletas de fresa no se van —comenta, y los dos reímos. Santiago me da un abrazo y yo le acaricio las muñecas, jugueteo con los vellos de sus brazos.
—¿Recuerdas que mi mamá murió de cáncer?
—Creo que por eso has estado tan sensible —reconoce.
—Mis hermanas y yo hicimos un test genético después de su muerte, empezamos todo el tamizaje, así le llaman a la prevención. Fuimos con el mejor especialista en mamas del mundo, el mejor genetista, y en lo único que Linnie y yo no nos parecemos es que una tiene el gen y la otra no.
—¿Cuál? —pregunta, bastante intrigado.
—Yo. Me hice una doble mastectomía, me chequeo cada tres meses, todos los días me reviso, pero podría tenerlo y podría ser agresivo y horrible. Claudia podría ser yo.
—No serás tú, no será agresivo, no será como el de tu madre. Estamos atentos, estamos dispuestos a pelear, y simplemente no vas a tener cáncer.
—No es algo que yo pueda controlar —respondo.
—No es algo de lo que vamos a preocuparnos. Se lo dices a tus empleados todos los días: "No se preocupen, ocúpense". Vale, vamos a ocuparnos, pero sobre todo a estar tranquilos —lo miro como si estuviese diciendo un disparate. Él se ríe y me lo explica—. Mi amor, hace un mes la preocupación de Claudia y Nick era si el bebé imaginario iba a tener colochos, el pelo lacio, castaño o rubio, y hoy se enfrentan a algo inimaginable. Pues yo espero que sea inimaginable en nuestras vidas que sufras de cáncer o cualquier enfermedad. Si pasa, voy a pelear, voy a ser la mejor versión y la más aterradora del cáncer, pero no voy a permitirte desaprovechar un segundo de tu vida por miedo a esta enfermedad. Voy a quedarme, bebé o no, cáncer o no, canas o no, panza y celulitis o no, no hay nada que haga que me vaya. Soy tan leal que tuve varicela con Nick y con Tommy. No voy a irme a ningún lado, excepto si dejas de hacer striptease o de pintarte las cejas con la boquita.
—¿Cuál boquita? —me imita y me río.
Me da un beso.
—Te amo locamente —responde y me llena de besos—. Ve a sacar a la cuñis, me da lastimita. ¿Nos la podemos dejar?
—No quiere, se contrató una empleada.
—Qué mal me cae.
—Sí, a mí igual, pero preciso mirarme con ella —comento y él asiente.
—Dos esposas al precio de una —bromea.
Vamos hacia el baño, saco a Linnie, quien está comiendo confites en la taza del baño, y le ayudo a ponerse en pie. Se ríe y le recomiendo urgentemente lavarse las manos porque no estoy para más disgustos.
El papá de mi amiga, su esposo y yo recibimos información cuatro horas más tarde. Mi amiga finalmente está en recuperación sin ninguna complicación. Solo sacaron lo esperado, extraerían los óvulos y después retirarían el resto, e iniciarían con la quimioterapia. Todo suena irreal, pero hay esperanza.
Santiago reparte té, café, chocolate de la buena suerte, que nos obliga a todos a sorber. Me río y Nick me da una dona de chocolate con chispas de chocolate blanco.
Me voy corriendo a la capilla y enciendo una velita. Gretta está sentada, viendo a la Virgen María. Le doy un beso en la mejilla y ella me abraza.
—Me alegra que Claud esté bien.
—Lo sé, por ahora está bien, viva... pero... los bebés. Siempre ha querido ser mamá.
—Aww... ser mamá es amor. Yo soy tu mamá en mi corazón, soy la mamá de Alba y no hay nada que me detenga de amarlas. Probablemente tendré un bebé y pensaré que es una locura las primeras semanas, pero unos meses más tarde estaré comparándolo con mi primer bebé, con mi segundo bebé y con mi tercero —comenta divertida. Me da un beso en la mejilla y sale de la capilla.
Santiago ingresa un par de segundos después acompañado de un sacerdote. Me toma de la mano y me presenta con él.
—Esta es Regina, mi novia. Queremos casarnos eventualmente, cuando su amiga no tenga cáncer, ni esté adquiriendo la cabeza de una empresa. Su hermana podría estar menos emocionada, y mi ex no reaparezca de la muerte... Solo creo que estaría bien una bendición, porque no vamos a comprar la paz mundial, pero queremos estar cubiertos.
Acaricio la espalda de Santiago y él me toma de las manos mientras el padre ora en nuestro nombre.
Estiro los labios para besarlo y Santiago se acerca, pero el padre nos separa.
—No es una boda, nadie puede besarse hasta que le pongas un anillo.
—Sí, la juventud... —me quejo y Santiago ríe.
—Exacto —bromea el padre.—Cuando se casen de verdad me invitan, hasta entonces sé firme Regina, cero besos. —bromea y asiento bien seria, Santiagose ríe.