El sol estaba en el punto más alto cuando la princesa por fin abandono el castillo.
Había tenido una larga noche, sin poder dormir. Pensaba en lo que pasaría en ese día y por qué habían llegado nuevamente a terminar así.
Una sirvienta la seguía con una sombrilla para que su piel no fuera expuesta directamente hacia el sol, y en su mano descansaba un abanico que la ayudaba a arrease.
Por suerte no hacía mucho calor aquel día, pero solo la idea de que Gawain y Dietrich estén a punto de batirse a duelo, la ponía nerviosa y le quitaba el aire.
Llego al lugar donde estaban todos reunidos, algunos nobles, los sirvientes y los invitados.
Todos estaban ahí para ver qué era lo que esos dos hermosos muchachos querían hacer.
El público era mayormente femenino, cabe destacar. Todas las damas del pueblo habían corrido la voz de que Gawain estaba en el castillo y en cuanto se enteraron, corrieron al castillo para ver al dueño de tan hermosa cabellera.
Por supuesto que esto aumentaba el ego del chico sin siquiera ocultarlo, había modelado para ellas varias veces, ganándose suspiros enamorados.
Esto no le parecía para nada justo a Dietrich, quien recordaba las palabras de su madre al advertirle que el chico le robaría toda la atención.
Pero no importaba esas doncellas.
La única mujer que le importaba que era lo que pensaba estaba ahora a centímetros de él.
-Al fin viniste. - le sonrió.
-Ten, toma un poco de agua. - le tendió un vaso al pelinegro.
Dietrich acepto la bebida que Bevery le estaba dando con gusto, hidratándose.
-Hay demasiada gente aquí para un pequeño duelo entre amigos. - dijo Bevery.
-Bueno, tu guardia real atrae mucho la atención. - señalo.
La princesa rodo los ojos, viendo de reojo a Gawain saludando a las mujeres.
-También lo haces tú. - intento subirle el ánimo.
El tipo solo se encogió de hombros.
-Supongo que ya se cansaron de ver mi rostro. - se rio. - En fin, ve a sentarte por allí, terminare rápido con este mocoso y podremos ir a tomar el té.
Bevery puso una cara aburrida, todo sería más fácil si este circo no fuera montado.
-Te dije que vería al pueblo hoy, y Gawain va a acompañarme así que no lo destruyas tanto. ¿Sí? - sonrió.
El príncipe asintió, palmeando su cabeza.
-Te dedicare la victoria, princesa. - le guiño el ojo y volvió al lugar donde el duelo serio llevado a cabo.
Bevery lo vio marcharse y suspiro.
No había forma en el mundo en la que Dietrich pudiera ganar esa competencia con Gawain.
Conocía a Gawain de pies a cabeza y había batallado en carne propia contra su increíble fuerza y agilidad.
Dietrich también lo sabía muy bien, de todas formas, él fue su rival por años y años.
Pero no podía decirle a Dietrich que no confiaba en que él ganaría. Eso arruinaría el ego de su futuro esposo y no era lo que quería.
Por lo que solo podía mentir y decir que pensaba que ganaría.
Camino hasta la pequeña mesa que habían montado para que ella se sentara, donde había varias bebidas y bocadillos.
-Entonces, ¿cómo van a competir? - pregunto Bevery a Avery, quien estaba parada cerca de ella.
-Su alteza. - primero le dio una reverencia. - El príncipe y el guardia real competirán primero en una batalla a mano limpia, luego verán quien puede derribar el tronco más rápido y, por último, batallarán con espadas. - enumero. - El mejor de los tres duelos, será el ganador.
Bevery asintió, sin dar mucha más charla.
Observo a los dos hombres, que estiraban y se preparaban para el primer duelo.
Su mirada se cruzó con la de Gawain por unos instantes, era una mirada muy intensa y que sin duda podía sentir sobre ella.
El chico no apartaba sus ojos y ella tampoco lo haría, él era el que tenía que rendirse.
Gawain termino por darle una hermosa y seductora (sobretodo seductor) sonrisa para luego guiñarle el ojo.
Y de esa forma, rompió el contacto visual.
Bevery, sintiéndose aun un poco abrumada por lo que acababa de suceder, enderezo su postura.
Definitivamente no estaba lista para ver el combate.
-El duelo comenzara ahora. - hablo el muchacho que llevaría a cabo el ¨espectáculo¨. - El mejor de los tres duelos, ganara. Primero el príncipe Dietrich y el guardia real de Amaru, Gawain, competirán en una pelea a mano limpia. No armas, no espadas, no nada. Solo ustedes dos y sus cuerpos. - los dos hombres se acercaron uno al otro, compartiendo una sonrisa divertida y con algo de ego escondido, los dos pensaban que iban a ganar, pero solo uno tenía la razón. - ¿Están listos? Saluden. - hizo un gesto.
Gawain fue el primero en estirar su mano, esperando para que el príncipe la estrechara.
Dietrich, con lentitud, unió sus manos.
-Te arrepentirás por todas esas veces que me ganaste en el pasado. - le susurro, apretando de más su mano.
Gawain no dejo de sonreír en ningún momento, sintiendo un poco de gracia en su interior por ese pequeño perrito que lo estaba amenazando.
Era hasta adorable verlo así.
Así que solo asintió.
-Que el mejor luchador, gane. - murmuro y volvió a su sitio, dando una reverencia.
Acabar con el príncipe en su propia tierra no era algo que le gustaba.
Pero debía hacerlo para proteger su honor, no importaba si era un príncipe o una deidad.
Lo cierto es que la pelea comenzó con un Gawain defendiéndose perfectamente de cualquier ataque de Dietrich, aunque el guardia real debía admitir que era cierto que el príncipe había mejorado muchísimo en su técnica.
Gawain seguía siendo más rápido, esquivando cada uno de los golpes y manteniendo la guardia alta.
Pero no espero nunca el primer golpe que aterrizo en su estómago y que lo hizo caer.
Quizás, y solo quizás, estaba demasiado entretenido viendo como la princesa veía todo con cara de aburrimiento desde su asiento.
Y eso hizo que no viera cuando los primeros golpes de Dietrich comenzaron a llegarle.
Y así fue como Gawain, con Dietrich sobre él, casi noqueándolo, perdió el primer duelo.
Bevery tuvo que parase de su lugar para averiguar si lo que estaba viendo era realmente cierto.
Y lo único que pudo hacer es soltar una carcajada burlona.
Ver al chico que juraba nunca perder contra alguna otra persona, mucho menos contra el mismísimo Dietrich, tirado en el césped, con el cuerpo de su atacante encima y la sangre saliendo de su labio ahora roto, le causo más gracia de lo que esperaba.
- ¿Su alteza? ¿Se encuentra bien? - pregunto Avery a su lado, la princesa se estaba comportando algo extraño.
¿Por qué se echaba a reír ahora que su guardia estaba siendo derrotado?
-Sí, todo bien. - sonrió, sentándose nuevamente y llevándose un bocadillo a la boca. -Todo perfecto. - susurro para sí misma.
Ella había estado preparando palabras de apoyo para Dietrich, sabía que el príncipe no iba a estar nada feliz por su derrota, pero ahora no tendría que preocuparse por eso.
El príncipe ganaría y haría picadillos a ese egocéntrico soldado. Por fin podría burlarse en su cara.
Pero antes de que pudiera seguir planeando mil formas de hacerle burla a Gawain, el segundo duelo dio comienzo, ahora tendrían que usar toda su fuerza para derribar el enorme tronco.
Bevery se preguntó cómo era que los sirvientes habían conseguido todas esas cosas de un día para el otro, era algo extraño. ¿Acaso Dietrich tenía el pasatiempo de enfrentarse a tipos?
Gawain, que aun tenía un poco de su orgullo lastimado, desato el nudo del pañuelo que tapaba su frente y que intentaba sostener los mechones rebeldes, y se lo arreglo nuevamente, mientras que controlaba su respiración.
-Oca, niño bonito, ya te he dejado ganar una vez. Suficiente por hoy. - amenazo en un susurro, solo para que Dietrich lo escuchara.
El príncipe estaba viviendo el mejor momento de su vida, le había ganado en el duelo a Gawain después de tantos años de intentarlo y no existiría nada capaz de romper su burbuja de orgullo y dedicación.
Aunque, si había algo que podía hacerlo.
El tronco que Gawain estaba jalando fue el primer en caer, y con ese fuerte ruido, Gawain fue declarado el ganador de la segunda ronda.
Lo que solo significaba una cosa: ambos estaban empatados y la única forma de resolverlo era con el duelo con espadas.
Gawain sonrió de lado.
Había sido nuevamente el ganador.
Dietrich pidió unos minutos de receso, tenía que recuperarse de toda la fuerza que había gastado sin ningún sentido.
Camino entre toda la gente, que lo alababan y le daban animo luego de inclinar su cabeza, las mujeres le daban fuerzas y le decían que lo había hecho bien, aunque claramente había perdido.
Siguió caminando hasta que llego a la mesa donde Bevery lo observaba ladeando su cabeza.
En cuanto se sentó varios sirvientes corrieron a servirle bebidas y comidas que a él le gustaban.
-Dile que se retire. - fue lo primero que salió de sus labios.
- ¿Qué? - Bevery alzo una ceja, todavía dándole su mejor sonrisa.
-A tu guardia, dile que se retire. - repitió.
-Te dije desde un principio que yo no tengo nada que ver con esto. Empezaste este gran circo, ahora termínalo. - respondió. - Aun puedes ganar. - intento animarlo luego de pensar que quizás había sonado muy roda.
- ¿Puedo ganar? Es combate con espadas, no ganare. - rio histéricamente. - Al principio realmente creí que podía ganarle, luego de que lo derrote en el primer duelo… Pero ahora que vamos empatados, no hay forma en la que pueda ganar. - bufo.
Bevery tomo su mano entre las de ella y dejo un pequeño beso, que hizo que la servidumbre a sus lados se quedara muda.
Aquel acto tan íntimo había dejado a todos sin palabras.
- ¿Que importa si no ganas? Eres el príncipe de Tiamat, futuro rey de tu tierra y de Amaru, está tu linda prometida aquí apoyándote y después de todo, eres tu él que se queda con la princesa. ¿Quién necesita ganar? Tú ya lo hiciste cuando naciste Príncipe de Tiamat. - lo consoló. - Así que ve y da tu mejor esfuerzo, aquí estaré yo para recibirte. -
Dietrich asintió, devolviendo el beso en la fina mano de la princesa.
-Ganare por ti, mi princesa. - repitió lo que ya había dicho y se marchó.
Bevery se quedó observándolo por unos instantes, aquella espalda ancha estaba listo para el ultimo duelo.
Su mirada volvió a cruzarse con la de Gawain, que alzo su espada en forma de respeto y luego le dio una reverencia a la distancia.
Bevery tuvo que nuevamente, apartar la vista.
Y como todos habían predicho, el combate con espadas fue pan comido para Gawain, que no solo esquivo cada uno de los ataques, sino que también fue el encargado de apuntar con la punta de su espada el pecho del príncipe, dando por terminado el duelo.
Sonrió de lado y bajo la espada.
-Y el ganador es… ¡el Señor Gawain! - anunciaron y escucho varios gritos de las doncellas.
Pero al girar su rostro se encontró con Bevery corriendo hacia los brazos de Dietrich.
Eso lo enfureció.
Puede que haya ganado el duelo una vez más, puede que lo haya derrotado… Como siempre
Pero, como siempre pasaba desde que eran solo unos niños, Dietrich se quedaba con la princesa.
(...)