CAPITULO 40

1924 Words
Quizás habían pasado horas, quizás habían pasado días. Bevery no podía responder a eso. La princesa había estado encerrada en su habitación mucho más tiempo del que creían. Luego del anuncio de su matrimonio en el balcón, Dietrich la había dejado sola luego de que ella rogara que necesitaba un poco de tiempo a solas. Pero el tiempo seguía avanzando, y la princesa no tenía intenciones de salir de su cuarto, o eso era lo que parecía. Cada empleado se había acercado a su puerta para ofrecerle comida, pero ella simplemente les gritaba desde adentro que no estaba de ánimos para comer. Hasta el propio príncipe había sido rechazado cuando intento animarla. Bevery tenía que acostumbrarse a la idea de que su padre había muerto, de que el Rey Michael ya no estaba entre ellos y que no recordaba si quiera de que se había tratado su última conversación. Agradecía que, aunque sea aun tenia las cartas que él le mandaba mientras que estaba en la guerra, pero esas cartas estaban en el castillo de Amaru, quien sabe si esas incluso seguían ahí. Seguramente Kreston se había encargado de arruinar cualquier cosa que le quedaba. Eso la hizo nuevamente acurrucarse en su enorme cama, mientras que miraba fijamente a un punto perdido en la nada, como si no tuviera una mejor cosa que hacer. Unos toques en la puerta la distrajeron de sus oscuros pensamientos. -No quiero ver a nadie, no quiero comida. Largo. - intento que saliera como un grito, pero ya ni siquiera tenía fuerzas para eso. Por lo que tampoco respondió cuando los golpes en la puerta continuaban. -Bien, intente hacerlo por la forma correcta, pero tú te lo ganaste. - escucho aquella voz entrando a sus oídos y sus ojos se humedecieron rápidamente, cuando creía que ya no tenía más lagrimas para soltar. Giro su cabeza y ahí se encontraba aquel chico que la observaba con una sonrisa de lado, acomodando los cabellos de su cabeza mientras se acercaba a ella. -Lárgate, no quiero ver a nadie. - murmuro. -Ven aquí, anda. Traje algo de comida. - ignoro completamente lo que había dicho y se sentó en la punta de la cama, dejando la bandeja con comida sobre su mesa de luz. -No quiero, vete. - ordeno, sin fuerzas para pararse y echarlo. Gawain paso sus manos por la cintura de la chica y la obligo a sentarse sobre el colchón. Su idea era principalmente solamente sentarla para que comiera algo, pero en cuanto sus manos tocaron el delgado cuerpo de la chica, Bevery se pegó a él y coloco su cabeza en su pecho. Gawain aguanto la respiración y el abrazo aún más fuerte contra su cuerpo, mientras acariciaba su cabeza con su brazo libre. Rápidamente comenzó a escuchar los espasmos de la chica, había comenzado a llorar nuevamente. Gawain tuvo que ser fuerte como para contener sus propias lágrimas. -Ya… Ya. - susurro, moviéndola suavemente de lado a lado como si fuera un bebé a la que tenía que dormir. - También te extrañe. - ¿Dónde estabas maldito desgraciado? - pregunto entre lágrimas, sintiendo profundamente el aroma de su guardia real. -Tenía que guiar a los soldados hasta aquí. - explico. - Ahora tenemos muchos más soldados para el enfrentamiento contra Kreston, próximamente estarás nuevamente en tu hermoso trono en Amaru. - Bevery se separó del cuerpo del muchacho y lo observo a los ojos, haciendo puchero. - ¿Por qué te fuiste sin decirme? - murmuro. Gawain sentía que se derretía con cada palabra que salía de los labios de la princesa, ella se encontraba tan indefensa y con la guardia baja que necesitaba protegerla más que nunca. -No quería que te enteraras lo del Rey Michael por mí. - negó con la cabeza. - ¿Por qué? Gawain acaricio el rostro de la chica, secando las lágrimas que decoraban sus mejillas. -Porque sabía que si te veía llorar no iba a poder marcharme, y realmente tenía que ir allí. - soltó. Bevery volvió a acercarse al hombro de Gawain y descanso su cabeza en su lugar seguro. -Mi padre…- su voz tembló. - ¿Cómo puede ser? Es imposible que él no esté aquí. -Hay, ¿qué es esa voz triste? - reprocho. - ¿Al rey Michael le hubiese gustado que su hija este haciendo ese tierno puchero? - cuestiono. - Él hubiese querido que te mantengas saludable y contenta. ¿Incluso ahora no obedecerás las ordenes de tu padre? - sonrió. Bevery le dio una mala mirada. El muchacho agarro de la bandeja un par de pequeños bocadillos y lo acerco a la boca de la princesa, esperando que esta abra la boca para alimentarla. La menor hizo caso y comió el pequeño bocado. -Tú tienes prohibido volver a marcharte, si lo haces mandare a que corten tu cabeza. - dijo con la boca llena de comida. Gawain soltó una carcajada. - ¿Cortaras mi cabeza? ¿No es eso un poco extremista? Bevery negó, mientras que seguía siendo alimentada por Gawain en esa pose tan íntima. La presencia de Gawain había cambiado rotundamente el humor de la princesa, y sabía que más tarde iba a estar aterrada al darse cuenta de eso. Pero ahora solo podía disfrutar de la sonrisa que el chico en su cama le estaba regalando, mientras que la alimentaba y le decía tontos chistes para que sonriera. Ladeo la cabeza mientras tomaba algo de agua. - ¿Decoraras este triste cuarto con mi cabeza? - cuestiono. Bevery fingió pensarlo. -Creo que podría hacer eso, lo hará lucir mucho más interesante. - se encogió de hombros. -Okay, puedes usar mi cabeza. - puso sus manos en los hombros de la rubia. - pero prométeme, y lo digo enserio, prométeme que nunca volverás a dejar de comer por días. ¿Si? Te entrego mi cabeza en paga por esta promesa. - tomo la mano de la chica y la guio hasta el centro de su pecho, donde su corazón latía. - y si no te alcanza con mi cabeza, también te entrego mi corazón para que hagas lo que quieras con él. - Bevery trago saliva. - pero no vuelvas a preocuparme así, ¿sí? Bevery asintió, apartando su mano del pecho contrario, sintiéndose increíblemente ruborizada ante la intensa mirada del chico. -Lo prometo. Gawain tuvo que hacer un esfuerzo extraordinario para no quedarse mirando el hermoso rostro de la princesa como un idiota, a decir verdad, era imposible para él dejar de verla, como si fuera una sirena que estaba encantándolo o una malvada bruja que le había dado una poción. ¿Sera que volvió a ingerir alguna fruta en mal estado y que por eso ahora no podía dejar de pensar en ella? Sea lo que fuera, lo empujo al fondo de su cerebro y se levantó de la cama, rompiendo con cualquier contacto visual que había entre ellos. -Como volví, creo que es un buen momento para ir al pueblo ¿no? - cuestiono. El rostro de Bevery se ilumino poco a poco, era lo que más deseaba en el mundo. Quería por fin poder recorrer el pueblo y conocer que era lo que ellos más necesitaban, saber a qué pueblo estaba uniéndose y con qué gente trataría hasta el final de sus días. Definitivamente era la mejor noticia que le podían haber dado con su estado de ánimo tan hecho trizas. Por lo que repitió la acción de Gawain y también se levantó, poniéndose a dar pequeños saltitos. El castaño negó con la cabeza mientras que soltaba una carcajada. -Bien, pero primero ven, tienes algo de aderezo en el rostro. - la sostuvo por los hombros nuevamente y la dejo inmóvil. Lentamente su mano subió hasta el rostro contrario y con cuidado quito el exceso de comida que adornaba aquel rostro esculpido a mano. Bevery admiraba lo interesante que estaba el techo de su habitación, porque se negaba nuevamente a compartir miradas con el tipo de cabellos largos. Luego de que dejo de sentir el toque del chico, supo que ya estaba lista. Dio dos pasos atrás y corrió a su armario. - ¡Espérame ahí! En tres minutos estaré lista para salir. - informo. Y así fue como la princesa, con su capa color violeta y Gawain, portando su espada, salieron a las afueras del castillo de la forma más secreta posible. Nadie se había enterado que la princesa había abandonado su cuarto luego de largos días sin dar noticia. El pueblo seguía de luto, claro que sí, el Rey Michael había muerto hace menos de una semana, por lo que no se encontraba gente en las calles. Bevery se sorprendió de la cantidad de nobles que había en los alrededores del castillo e incluso un poco más lejos. Cualquier vivienda que se encontraba a menos de cinco cuadras del castillo era habitada por nobles. Eso la dejo sin palabras, y razonando que la gente que vino bajo su balcón la otra vez, tuvieron que haber caminado muchísimo bajo el agua para poder verla. Definitivamente hablaría sobre esto con Dietrich, había algunas cosas que todavía no le cerraban para nada. Dejaron lo que era los alrededores de su nuevo hogar para seguir un poco más y adentrarse en lo que parecía un pequeño bosque. -Wow, esto es hermoso. - dejo salir Bevery, acariciando la hoja de un árbol gigante en la entrada del bosque. -Por las dudas no toquemos nada, no sabemos qué clase de efectos nos puede producir estas cosas. - dijo con algo de miedo. -Okay, Okay. - se alejó, volviéndose a poner detrás del chico. -No queremos que vuelvas a obsesionarte conmigo, ¿no? - soltó una pequeña risa. Gawain se dio vuelta y ladeo su cabeza, sosteniendo una burlona sonrisa en su rostro como siempre lo hacía. - ¿No sería peor que tú te obsesionaras conmigo? Eres tú la que está comprometida. - alzo las cejas, divertido. Bevery negó con la cabeza. -Ni con toda la fruta envenenada del mundo lograre obsesionarme conmigo. - mintió, por supuesto que mintió. Gawain quiso jugar con ella, porque él más que nadie sabía que de su boca solo salían mentiras. Se inclinó hacia la rubia y choco sus narices, acariciándola y dejando que el aroma de la chica entrara a su cuerpo. Bevery no dio un paso atrás, haciéndole frente a la jugada de Gawain. Pero un pequeño sonido la interrumpió en sus pensamientos de las hermosas pestañas del chico. - ¿Que fue eso? - soltó, separándose del chico y viendo por todos lados. -No escuche nada. - se encogió de hombros, algo indignado porque la chica había terminado jugando con él. Pero el sonido volvió a escucharse. - ¡Ahí está de nuevo! - ese maullido que había interrumpido su momento volvió a sonar una y otra vez y Bevery cada vez se encontraba más cerca de la fuente del sonido. - ¡No puede ser! -exclamo, haciendo que Gawain corriera hacia ella pensando que se había lastimado, pero en realidad, se impresionó al ver al pequeño animal entre las manos de la princesa. -No creo que acepten eso en el castillo…- dijo con una cara de espanto. Bevery frotaba su rostro contra la cabeza del pequeño gato blanco, que se encontraba muy a gusto con la chica. -Es como el tigre de mi abuelo. - ella estaba maravillada. - ¡Lo llevare al castillo! - informo. -Oh no… Y así fue como Bevery adopto a su propio tigre… Un gatito.
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