Grigori
El vuelo a Rusia se me hizo eterno. No concebía lo que estaba pasando, mi mente no era capaz de asimilar que nuevamente estaba por perder a Nina, menos aún, que esta vez si las cosas salían mal, seria para siempre.
Luka había podido comunicarse con nuestros hombres de confianza por un breve momento, y averiguo que Nina había salido junto con un grupo de soldados para abastecer el pequeño hospital que mi hermano tenía en su mansión, y en el camino, un convoy de Ivanov los intercepto; allí fue donde secuestraron a mi mujer y asesinaron a todos los que iban con ella.
Por otro lado, tanto Anton como Bastian, no habían logrado comunicarse con sus esposas, y eso los estaba alterando demasiado.
Mis pensamientos no me ayudaban en lo más mínimo. Pensaba en cada posible escenario que podría estar viviendo mi mujer, y por desgracia cada uno era peor que el anterior.
-¿Podrías quedarte quieto? - Gaia iba a mi lado, no tenia pensado perderla de vista.
-¿Por qué eres tan importante para ese maldito infeliz?
-Es curioso sabes- su mirada estaba perdida en la ventanilla del jet- me he dado cuenta que nuestras conversaciones en las ultimas semanas se han reducido a simplemente preguntas, y aun así, es lo máximo que hemos hablado en nuestro matrimonio.
-Responde lo que te pregunte.
-No.
-No pongas a prueba mi paciencia Gaia. No ahora.
-¿Qué más da?- volteo a verme, y sorprendentemente, no encontré arrogancia en su mirada, aunque no sabría decir que fue- Seré entregada a ese cerdo, y ustedes quedaran en ridículo. Lamento mucho esto Grigori, yo solo quería mi libertad, pero no al costo de alguien más.
-Seguro- reí sin gracia, no caería en su estúpido juego de víctima.
-No me entregaran a Ivanov- sentenció.
-No estás en posición de negociar.
-No es lo que estoy haciendo. Simplemente te estoy adelantando lo que sucederá.
-¿Y qué sucederá? Si se puede saber- hablo Anton apareciendo frente a nosotros- Ilústranos.
-Ustedes me asesinaran- nos miró a ambos- podría apostar a que será mi esposo- su mirada se volvió a la ventanilla nuevamente, pero continúo hablando- Los he visto por años, se como son, como se manejan, y como disfrutan jugar al gato y al ratón, aun cuando no quieren conseguir nada. Secuestrar a Nina- suspiro- puedo asegurar que solo fue por provocarlos, no porque realmente me quiera a mí.
-Se más específica- demande.
-No hace falta- fue todo lo que dijo mi hermano.
Fueron solo segundos en los que el caos se desato en el jet. Anton tomo a Gaia de un brazo obligándola a dejar su asiento, al mismo tiempo que Bastian aparecía con una jeringa que seguramente contenía un calmante lo suficientemente fuerte para dormirla. Ella intento resistirse, e incluso les propino un par de golpes, uno de los cuales le partió el labio a mi hermano, pero aun así, no fue rival para dos hombres que literalmente le doblaban el tamaño.
-¡Grigori! Reacciona maldición, sujeta sus piernas- ordeno Bastian al complicarse el poder inyectarla.
Saliendo de mi estupor, sujete sus piernas mientras Anton había logrado sujetarla por los hombros, logrando que este lo suficientemente quieta para que Bastian logre inyectarla.
No estaba orgulloso de lo que estaba haciendo, aun así, si debía elegir entre mi mujer y Gaia, la respuesta era muy clara.
Los ojos de Gaia se fueron cerrando lentamente, negándose a caer ante el sedante, pero su cuerpo sucumbió de forma rápida.
Lo ultimo que le permitieron sus fuerzas, fue susurrarnos un “los odio”.
-Me partió el maldito labio.
La queja de mi hermano hizo que volteara a verlo. Intentaba inútilmente limpiar el sangrado de su nariz.
-¿Qué demonios fue eso?
-Ivanov se comunico hace unos momentos- intervino Bastian- si entregamos a Gaia en terreno neutral, ellos dejaran libre a Nina.
-Podríamos haber hecho las cosas diferentes.
-No, no podríamos.
-Ella nos ayudó- señale a la mujer inconsciente a mi lado.
-Ella malditamente es la razón por la que mi familia y la de Bastian están en riesgo. Los malditos búlgaros han hackeado nuestros servidores, llevo horas sin saber si mi mujer y mis hijos están bien. No me vengas con estupideces Grigori, no es el momento.
-¿Acaso prefieres dejar a Nina con ellos?
La pregunta de Bastian hizo que mi visión se volviera roja.
No fui capaz de decir nada antes de abalanzarme sobre el alemán. Uno de mis puños fue a parar a su rostro, mientras que su gancho dio directamente en mi estómago. Entre forcejeos él logro tirarme sobre una de las butacas al mismo tiempo que dejaba golpe tras golpe sobre mis costillas. En un descuido, logre girarme y con mi codo logre asestar un golpe en su cabeza logrando aturdirlo y abrirle una ceja. En el momento en que estuve por sacar mi arma para acabar de una buena vez con esto, unos brazos me lanzaron en dirección contraria al estúpido amigo de mi hermano.
-¡Ya basta maldición!
-Voy a matarte infeliz- el alemán encaro nuevamente en mi dirección.
-He dicho que ya basta.
-Si a mi hijo o a mi esposa les paso algo, me importara una mierda los años de amistad que tenemos Anton.
-No quiero a este imbécil cerca de mí.
Sin decir más, me encamine hacia el cuarto del jet para poder cambiar mi camisa y estar un momento en silencio y solo. Pero pedir que algo saliera malditamente bien este día era demasiado.
-No fue necesario todo lo de allá- señalo mi hermano cerrando la puerta tras de sí.
-Necesito estar solo.
-Y yo que mi hermano piense con la cabeza fría.
-¿Acaso es lo que has hecho tu o tu amigo con Gaia?
-No es lo mismo y lo sabes.
En realidad, no lo sabía. Porque ninguno de los dos fue capaz de decirme nada con respecto a lo que se supone que haremos al llegar a Rusia.
-Dime que demonios se supone que haremos.
Anton suspiro antes de sentarse en el sofá individual que estaba en una esquina de la pequeña habitación. Me miro por un momento antes de colocar sus brazos sobre sus rodillas y pasar sus manos por su cabello en clara señal de frustración. El problema; mi hermano nunca se frustraba, porque eso solo quería decir que las cosas no iban como el esperaba, y eso no era bueno.
-Ya no lo dilates. Di lo que tengas que decir y ni se te ocurra ocultarme nada.
-Estamos a ciegas.
-¿Qué quieres decir?
-Maldición Grigori. Cállate y escúchame, luego preguntas- en silencio, hice un ademan que le indicaba que siguiera- el infeliz de Ivanov se comunico con nosotros hace poco más de dos horas- su mirada al darse cuenta de que iba a volver a interrumpir me hizo cerrar la boca antes de siquiera abrirla- sus condiciones no son negociables- suspiro con pesadez- quiere que dejemos a Gaia en Grecia antes de ir a Rusia.
-No podemos hacer eso. Grecia no es territorio neutral. Ni siquiera sabemos cómo están las cosas allá, ni siquiera sabemos si cumplirá con entregar a Nina, por que la entregara ¿Verdad?
-No lo se Grigori, pero si no lo hacemos- bajo la mirada, y en ese momento supe que lo que diría no me gustaría para nada- dijo que nos enviaría la cabeza de Nina.
Un suspiro pesado escapo de mis labios.
Entregaríamos a Gaia a un maldito que sabíamos no haría nada bueno con ella, pero corríamos el riesgo de que no cumpliera su palabra y aun así Nina no volviera.
Fuera cual fuera mi decisión, seria una con la que debería cargar el resto de mi vida.
-Esto es por ti hermano, la decisión es solo tuya.