Grigori
Las últimas dos semanas han sido un completo caos. Desde que Gaia nos informó de lo que estaban planeando para derrocar a mi hermano, nadie ha podido parar. Anton a tratado por todos los medio de convencer a Fiorella para que se vaya con los trillizos una temporada a Estados Unidos, donde tenía aliados que habían demostrado ser fieles , pero la italiana no quería saber nada con respecto a separarse. Por otro lado, mi padre también pretendía enviar lejos a mi madre y hermanos, pero ellos tampoco accedieron. Por lo tanto, todos estaban alterados en la mansión, bueno, todos a excepción de Gaia.
De todas las organizaciones de Italia, tan solo tres estaban aliadas don Dionisio e Ivanov. A simple vista eso no significaba un gran problema, pero lo era, ya que una de estas, era La Camorra, misma que tenía un peso significativo en toda Italia.
-¿Desde cuándo son aliados?- pregunto Anton a Gaia.
-Ya te lo he dicho- suspiro- desde que Flavio fue asesinado. Nadie quería que los rusos fuesen quienes tomaran el poder después de su muerte. Aun así te impusiste, y con el tiempo lo aceptaron, pero eso no quiere decir que hayan estado conformes.
-¿Cómo supo Dionisio quienes eran los que estaban en contra de mi hermano?- pregunte yo esta vez.
-No lo supo.
-¿Entonces cómo diablos acabo aliado con ellos?
-Hasta donde sé, los italianos fueron quienes lo buscaron a él.
-Los asesinare- siseo furioso mi hermano.
-No tengo problema con eso- dijo Gaia- no mientras cumplan con lo que pedí.
-Comienza de nuevo.
-Anton, son las dos de la madrugada, y ya te he repetido mil veces que es lo que sé, como lo sé y porque lo sé.
Definitivamente Gaia no tenía respeto por su vida.
-Lo hiciste y lo harás las veces que sea malditamente necesario.
-Iré por algo de cenar- dije llamando la atención de ambos- No me vean así, llevo encerrado aquí desde la tarde.
Sin decir nada más, y sin voltear a verlos, salí del despacho de mi hermano y me encamine a la cocina. No solo iría por algo de cenar, también pretendía hacer lo único que me había traído tranquilidad en las ultimas semanas.
Mamá siempre dijo que parecía un niño mimado, y lo comprobaba cada vez que llegaba a la cocina de la mansión, y junto a mi plato de comida- mismo que Irina se encargaba de dejar listo para mí- se encontraba una rebanada de piergori, misma que me hacia sonreír como idiota.
-Mamá te consiente demasiado.
La dulce voz de Nina hizo que mi sonrisa solo se ensanchara más.
-No me quejo de eso- dije mientras volteaba a verla-¿Qué haces despierta a estas horas?
Mientras esperaba una respuesta de su parte, tome el rico postre que esperaba por mí, y le di un mordisco más grande del que esperaba.
-Esta noche no pasaste por mi cuarto- al decir aquello, sus mejillas blancas se tomaron un leve color carmesí.
Sin dejar de sonreír, deje lo que tenía en mis manos, y me acerque lentamente a ella.
-¿Cómo sabes que pasaba por tu cuarto?
-No estaba dormida- murmuro sin mirarme.
-¿Por qué nunca dijiste nada?
-Porque te conozco, y me conozco.
-¿Qué significa eso?
-Esto no es un interrogatorio- por fin levanto su rostro, y al hacerlo se sorprendió al encontrarme tan cerca de ella- Solo quería saber que estabas bien, y como mamá dijo que últimamente estaban con mucho trabajo, me acerque cuando vi la luz de la cocina encendida.
-¿Por qué fingías dormir?- cuestiones nuevamente.
-Grigori- pidió en susurro- No me hagas esto.
-Solo respóndeme.
Tras un largo silencio por su parte, acorte la poca distancia que había entre nosotros y tome su rostro entre mis manos, obligándola a sostenerme la mirada.
-Respóndeme, por favor.
-Sé que de saber que estaba despierta, habrían pasado cosas entre nosotros- murmuro.
-¿Qué cosas?
-Cosas que no deberían pasar Grigori. Como esto.
-No estamos haciendo nada malo, y honestamente considero que lo que “habría pasado”, tampoco hubiese sido malo.
-Pero lo es- dijo llevando sus manos a las mías para lograr deshacerse de mi agarre.
Al conseguir su objetivo, ella me dio una triste mirada, y se dispuso a salir de la cocina para dejarme nuevamente solo, pero las palabras que no pude evitar que salieran de mi boca, la detuvieron en seco.
-Te amo.
-No digas eso- pidió con la voz quebrada y sin voltear a verme- no tienes derecho a decir eso.
-Nina.
-No- alzo la voz- Nina nada. Me dejaste, me obligaste a irme, y rompiste mi corazón en el proceso.
-Sabes perfectamente porque lo hice.
-Eso no ha hecho que sea menos doloroso.
-Lo podemos arreglar lyubov´.
-No me llames así, por favor.
-Te llamo así, simple y sencillamente porque es lo que eres; mi amor.
Lentamente me acerque a ella para obligarla a verme nuevamente, sintiendo a cada paso, como mi corazón latía cada vez más.
-Sé que esto no es fácil- tome su rostro entre mis manos, y fue inevitable poner mi frente sobre la suya- pero te ruego que me des una oportunidad para enmendar el daño que te cause. Te ruego que me dejes cumplir la promesa que te hice cuando me aceptaste.
-Eso ya no es posible- dijo con lágrimas rodando por sus mejillas.
-Si lo es mi amor. Mírame- pedí alzando su rostro- Me voy a divorciar, y tú y yo nos iremos de aquí. Compraremos la casa de tus sueños, una que tenga un gran jardín, como siempre has querido, y...
-Ya basta- pidió- por favor. No lo entiendo, no te entiendo a ti. Me dejaste hace tres años diciendo que era por mi bien, diciéndome que no estaría segura jamás dentro de la mafia. Y ahora estas parado frente a mí, diciéndome que todo lo que siempre soñamos es posible, y sobre eso me lo dices estando aun atado a otra mujer. ¿Por qué? ¿Acaso todo lo que sufrí fue en vano?
Su descargo solo hizo que negara con una triste sonrisa en mi rostro.
-Quizás es egoísta de mi parte- acepté- probablemente lo sea más que el haberte dejado sin darte la oportunidad de elegir. Pero tres años lejos de ti, solo me han servido para darme cuenta que no quiero estar sin ti, que no puedo. Aun así, esta vez tienes la oportunidad de elegir. Puedes aceptar darme una nueva oportunidad, o no.
-Grigori- hablo bajo, tan bajo que apenas fui capaz de oírla.
-Tú decides. Y sea cual sea tu elección, la respetare.
Nina se separó bruscamente de mí, y ese simple acto, rompió mi corazón; su decisión estaba tomada.
Agache mi cabeza con resignación, y a pasos lentos me encamine a la salida de la cocina, pero antes de llegar a la puerta, sus delgados brazos rodeando mi abdomen me hicieron detener.
-Solo quiero que me prometas dos cosas- hablo con su mejilla pegada a mi espalda- primero, quiero que jures que no estas mintiéndome.
-No lo hago mi amor.
-Y quiero que me prometas aquí y ahora, que jamás volverás a tomar alguna decisión por mí, y mucho menos a hacer lo que hiciste.
-Te lo prometo.
Sin pensarlo demasiado, y sin darle tiempo a arrepentirse, gire sobre mis talones para posicionarme nuevamente frente a ella, y con la sonrisa más sincera y real que había tenido en los últimos años, me incline levente para hacer lo que he deseado desde hace semanas.
Sentir sus delicados labios nuevamente sobre los míos, fue lo único que necesite para volver a sentirme vivo. Ella era lo único que necesitaba.