Grigori
Más de tres años habían pasado desde que tuve que despedirme de Nina. Tuvimos una hermosa relación, que me vi obligado a terminar; por más que ella me aceptara, aun sabiendo cual era mi destino, la amaba tanto, que sacrifique mi felicidad junto a ella por su bienestar. Una mujer jamás estaría segura dentro de la mafia.
-Veo que ya la viste- hablo Dasha abrazándome por la espalda.
Desde hacía un buen rato me encontraba en el jardín de la casa de mi hermano; necesitaba despejar mi mente.
-Lo hice.
-¿Cómo estas con eso?
-Sigo sintiendo lo mismo que la última vez que la vi.
Dasha y yo nos llevábamos cuatro años de diferencia, aun así nuestra relación era muy especial, éramos muy unidos; de hecho ella fue quien se encargó de que no me mataran en alguna pelea callejera cuando Nina se fue.
-No siempre tenemos la oportunidad de enmendar nuestros errores. Tú tienes la oportunidad de recuperarla, no la desaproveches.
-¿Crees que Nina me dará una oportunidad sabiendo que ahora estoy casado?- reí sin gracia.
-Creo que nada pierdes con intentar. Un matrimonio en la mafia jamás empieza por amor, y claramente tú y Gaia no son la excepción. Y honestamente, creo que nunca llegaran a serlo.
-Y yo que creí que te caía mejor- dije con burla, a lo que ella solo hizo una mueca.
-Estoy muy segura que nunca me caerá bien. Mucho menos después de lo poco que he oído.
-¿De qué hablas?
-He oído cosas- murmuro- como el motivo por el que están aquí.
-Ya te he dicho que Luka no es para ti- hable asumiendo que quien le había contado todo, había sido mi mano derecha.
-Solo hablamos- aseguro.
-Aun así, no debía hablar de más- sostuve.
Hablamos unos cuantos minutos más, y luego cada uno se fue por su lado. Trate de hablar con Anton, pero él estaba realmente molesto, asique no tuve más opción que ir directamente a la fuente de todos mis problemas; Gaia.
Literalmente la busque por media mansión, y al final, la termine encontrando mientras merodeaba por los límites de la zona sur- donde se encontraban los calabozos- junto a su perra.
-Gaia- la llame, pero antes de poder continuar, ella me interrumpió.
-Voy a hablar contigo y con tu hermano. Les diré todo, absolutamente todo lo que sé.
-¿Así como así?
-No. Quiero algo a cambio.
-Bien. Anton será quien tome esa decisión.
-No. No lo entiendes Grigori. No es una petición, o una clase de consulta. Te estoy diciendo, que si quieres, o más bien quieren que abra la boca, primero me aseguraran que voy a obtener lo que quiero. Ve, piénsalo, y cuando tengas una respuesta, me buscas.
Sin decir nada más, la vi marcharse nuevamente junto con Hela. Mientras que yo, debía enfrentarme a mi hermano y plantearle lo que la griega me había dicho.
“No”. Esa fue la única respuesta de Anton ante lo que pedía Gaia.
-Ni siquiera sabemos que es lo que pedirá- intente mediar.
-Tampoco sabemos si lo que vaya a salir de la boca de esa víbora será verdad. Debemos contemplar todo Grigori.
-Puedes intentar hacerlo a tu modo, pero te guste o no, ambos sabemos que si no le damos lo que quiere, no dirá una sola palabra.
-Es una maldita perra- siseo.
-Lo es- afirme- pero en este momento, es la única que nos puede dar respuestas.
Mi hermano suspiro frustrado. Sabía que no quería ceder ante la griega, pero realmente ella era la única capaz de darnos respuestas.
-Tráela- demando- pero una cosa si te digo Grigori. Si lo que dice no me convence, averiguare las cosas a mi modo, luego de meterle un tiro en la cabeza.
Realmente estaba molesto.
Tras unos veinte minutos buscando a la loca, por fin nos estábamos encaminando al despacho de Anton.
Al fin averiguaríamos que demonios estaba ocurriendo.
-¿Qué quieres?- fue lo primero que dijo mi hermano en cuanto entramos a su despacho.
-Que directo- murmuro Gaia.
Definitivamente no tenía respeto por su vida.
-Mi Glok es más directa. ¿Quieres ver?
-No- sonrió- prefiero otra cosa.
-¿Qué?- cuestione.
-Mi libertad.
-¿Cómo sé que podemos confiar en lo que dirás?
-No tendré mi libertad hasta que Ivanov y Dionisio estén muertos.
-Habla- demando mi hermano.
-No ruso. Primero mis condiciones.
-Entonces habla antes de que pierda la paciencia.
-Quiero divorciarme de Grigori.
-¿Qué?- cuestione sorprendido- Sabes que no existe el divorcio dentro de la mafia.
-Piénsenlo. Nos divorciamos, me marcho, ya no sabrán de mí, ni yo de ustedes. Todo eso, a cambio de mucha información.
-No hay algo que quiera más, que deshacerme de ti. Pero lamentablemente las cosas no funcionan así, y lo sabes.
-Sí, lo sé. Al igual que sé que tu hermano puede conseguirlo, solo debe esmerarse un poquito.
-Bien- dijo Anton- habla, y más te vale que lo que digas sea cierto.
Gaia suspiro y luego comenzó a hablar.
-Dionisio tiene negocios con Ivanov desde hace diez años, fue el búlgaro de hecho quien lo ayudo a secuestrar a Aurora. Hasta donde sé, Dionisio es quien crea los nexos entre distintas mafias.
-Eso ya lo sé- hablo mi hermano- hasta ahora nada de lo que me dices en nuevo para mí.
-¿Ni siquiera el hecho de que los búlgaros están comprando a los italianos?- Anton la miro sorprendido, al igual que yo- Esto no se trata de mí. Se lo dije a Grigori, esto es por ustedes. Ustedes interfirieron en los planes de Dionisio, distorsionaron todo lo que tenía meticulosamente planeado desde hace años.
-¿Cómo sabes lo de los italianos?- pregunte.
-Que las mujeres seamos unas inútiles ante sus ojos, no nos convierte en eso. Si hay algo que aprendí, es que la información es poder.
-¿Quiénes?- cuestiono Anton.
-La Camorra y algún que otro grupo pequeño. Tienes más enemigos de los que crees, y si …
-Esas mafias jamás trabajarían juntas- la interrumpí.
-Eso es porque nunca han tenido algo en común. Ahora lo tienen, y eso es derrocar a tu hermano.
-Los asesinare a todos- bramo furioso mi hermano.
-No tengo problema con eso. Ahora, con respecto a lo mío- insinuó la griega.
-Con respecto a lo tuyo, una vez que me asegure de que cada cosa que has dicho sea cierta, veré como me las arreglo para librar a mi hermano de ti- suspiro frustrado- Por ahora no necesito mas nada de ti, pero eso no quiere decir que crea que me has dicho todo.
Ante ese comentario, ella solo rodo los ojos y salió del despacho dando un portazo.
-Algo oculta, y tú lo averiguaras.
-Anton- lo llame haciendo que su atención estuviese en mi- ¿Realmente puedes conseguir que nos divorciemos?
-Puedo dejarte viudo. Sería mucho más sencillo.
-Hablo enserio.
-Igual yo.
Suspire y me senté a trabajar. Podía ser que nos preparamos para una guerra, pero aun así, los números debían ser controlados. Todo debía encajar a la perfección.
Pase el resto de la tarde sumergido en papeles; contratos, transferencias, facturas y pagos, arreglos con proveedores, y “arreglos con proveedores”. Realmente mi mente acabo agotada, pero no quería ir a descansar, o por lo menos no donde debía.
Mamá siempre se encargó de remarcar cuan obstinados éramos los Zhukov, por lo que siguiendo lo que todo mi cuerpo me pedía y mi mente pretendía negar, me encamine a las habitaciones de servicio.
Toda ella nublaba mi razón.