Grigori
El camino al jet fue rápido, y gracias a las habilidades de Luka, no fue difícil perder a los hombres que nos seguían. Al llegar, solo fueron cuestión de minutos antes de despegar.
Una vez en el aire, intente comunicarme nuevamente con mi hermano, pero seguía sin conseguirlo, lo cual estaba desesperándome.
-¿Cómo estás?- pregunto Luka llegando a mi lado con un botiquín en las manos.
-¿Cómo crees?
-Bien, fue una mala pregunta. Te curare.
-No vas a curarme- dije molesto- deja eso ahí- señale la mesa delante de mí- yo mismo lo hare.
-Que necio eres- murmuro antes de dejar el botiquín y levantarse- una vez que termines de curarte, deberías de ver a tu mujer- señalo con la cabeza el lugar en el que se encontraba Gaia- no se ve muy bien.
Una vez que estuve solo, me encamine a la habitación para curar mi herida, no era grave, pero tampoco era meramente superficial. Cuando iba pasando por los asientos, tome la mano de Gaia y la guie conmigo a la habitación. Ella no se resistió, solo se dejó guiar.
Cuando estuvimos solos, me quite la camiseta para ver mi herida, y luego comencé a curarme. Mientras lo hacía, veía de vez en cuando a Gaia, quien solo se había quedado sentada en la cama, con la mirada perdida.
-Debes ducharte- dije una vez que acabe de curarme.
Al ver que ella no respondía, me acerque y la ayude a ponerse de pie para luego quitarle la ropa. Cuando le quite mi chaqueta, pude ver que había manchado casi todo su abdomen con mi sangre. Solo tenía un trozo de tela cubriéndola, ya que el infeliz que la quiso violar, había destrozado su camisón.
Intente quitarle lo poco que cubría su cuerpo, pero al hacerlo ella no reacciono bien.
-No me toques- grito e intento cubrirse con sus brazos.
-Gaia, tranquilízate- levante mis manos tratando de que se calmara.
Por primera vez desde que la conozco, no vi a la chica prepotente y orgullosa a la que estoy acostumbrado. Solo veía a una niña asustada.
-No me toques- susurro.
-Mírame- dije acercándome lentamente- Solo quiero ayudarte a que te duches. Solo eso griega.
Ella mi miro confundida y luego miro su cuerpo, parecía no comprender. Al parecer estaba en shock.
-No tengo ropa- murmuro.
-Te daré algo mío. Siempre hay algo en el jet.
Ella solo asintió y se acercó a mí, al parecer queriendo que le quitara lo que traía.
Mientras la ayudaba a ducharse, pude ver claramente las marcas que habían dejado en su cuerpo, desde su cuello, hasta sus muslos. Ella no opuso resistencia en ningún momento, solo me dejo hacerlo.
-Listo- dije mientras la envolvía con una toalla.
-Gracias- dijo mientras parecía pensar- ¿Dónde está Hela?
-Pues ella te traiciono. Esta con Luka.
Gaia solo asintió y miro la cama.
-Ven, vamos a descansar.
-¿Dormirás conmigo?- su pregunta sonó más a petición.
Solo asentí y nos guie a la cama. Sabía que en cuanto Gaia volviera en sí, todo sería complicado.
En cuanto ambos nos encontramos bajo las sabanas, ella se acercó a mí y me abrazo por la cintura, contuve un quejido de dolor, y solo la deje descansar como quería. Ya tendríamos tiempo de sobra para discutir.
El viaje a casa fue más rápido de lo que pensé, al llegar a Moscú, un coche nos estaba esperando, al parecer Luka se pudo comunicar con Serguei y ambos habían arreglado nuestra llegada. Por una cuestión de seguridad, nos quedaríamos en casa de Anton, por lo menos hasta que las cosas se calmaran un poco.
Al llegar a la mansión de Anton, él estaba esperándome. No podría decirse que “hablamos”, porque el simplemente hizo que nos guiaran a la habitación para descansar; solo quería asegurarse que estuviera en una sola pieza.
A la mañana siguiente, antes del desayuno, Anton nos llamó a la griega y a mí a su despacho. Un punto a mi favor, era que Gaia había vuelto a ser Gaia.
-Empieza a hablar- demando Anton en cuanto entramos a su despacho.
-Cuando regresamos a Atenas, hace un par de sema- mi relato fue interrumpido ante el grito de mi hermano.
-¡Contesta Gaia!
-Anton, te estoy tratando de decir que es lo que ocurrió.
-No, tú no lo harás. Lo hará ella- señalo a Gaia- ella me dirá por que te quisieron asesinar, por que mi familia está en riesgo y por que no hablo antes- dijo entre dientes.
-Te diré lo mismo que le dije a Grigori- hablo la griega, pero antes de poder continuar, Anton volvió a interrumpir.
-No, no me dirás lo que le dijiste a él. Me dirás absolutamente todo. Sé que eres astuta Gaia, y sé que le has dicho lo que te conviene, pero yo no soy Grigori, a mí no me vas a convencer abriéndote de piernas.
-Imbécil- bramo la griega entre dientes.
-Habla- repitió Anton.
-Ivanov tiene negocios con mi padre desde hace muchos años. Sé que él provee armas, y Dionisio drogas y mujeres, no sé qué más hay entre ellos.
-Quiero toda la información que tengas sobre el búlgaro- demando mi hermano.
-Realmente no sabe mucho- hable esta vez.
Sabía que si dejaba que estos dos siguieran, no saldría nada bueno.
-Pues quiero saber absolutamente todo lo que sabe. Mi familia está en riesgo gracias a ella. Mis hijos Grigori. No dejare que nadie que quiera salga herido por alguien que no vale nada.
-Anton- dije en tono de advertencia.
Entendía su frustración, pero se estaba pasando.
-¿Qué? ¿Me dirás que le crees?- rio sin gracia- Por favor Grigori. Ella sabe cosas y no nos lo está diciendo. ¿Por qué demonios crees que Dionisio no se opuso cuando te ofreciste en lugar de Dasha?
-Yo no sé nada más- dijo Gaia.
-Su padre lo ha planeado desde el inicio- señalo Anton.
-Si lo hizo o no, no lo sé. Lo único que sé, es que los malditos problemas que tengan entre ustedes no son de mi incumbencia. Tanto para él- se refirió a su padre- como para ustedes, solo soy una pieza más, asique me tiene sin cuidado lo que ocurra.
En solo una fracción de segundo, me vi tratando de evitar que mi hermano asesinara a la griega.
-Anton- hable tratando de tratando de quitar el arma que tenía apuntando directamente a la cabeza de Gaia- no obtendrás nada así.
-No dejare que esta buena para nada ponga en riesgo a mi familia.
-¡Hay por favor!- rio sin gracias la griega- Has puesto a tu familia en riesgo sin mi ayuda. No seas hipócrita ruso. Asume que la maldita vida que has elegido ha puesto un blanco en tu familia. Si jalaras de ese gatillo en este momento, las cosas seguirán siendo iguales.
-Sácala de mi vista ahora, o no respondo- siseo mi hermano.
Sin esperar, la tome del brazo y la saque del despacho.
-¿Te has vuelto loca?- pregunte mientras la guiaba del brazo a nuestra habitación.
-Que tú seas un cobarde que no es capaz de darle la cara a tu hermano, no quiere decir que yo también deba serlo.
Estaba a punto de seguir discutiendo, cuando nuestros cuerpos chocaron con alguien.
-Lo siento- se disculpó inmediatamente.
Podría reconocer aquella voz aunque pasaran siglos.
-¡Oh por dios! ¡Grigori!- exclamo eufórica.
Gaia nos miró, y sin decir nada, se zafo de mi agarre y se perdió por los pasillos. Mi mirada viajo nuevamente a la dulce rubia que se encontraba frene a mí. No podía creer que la estaba viendo nuevamente luego de tantos años.
-Hola- hablo sacándome de mis pensamientos.
-Hola preciosa- no pude evitar atraerla a mis brazos.
Tras unos cortos segundos de abrazo, ella se separó.
-¿Cómo has estado?- cuestiono.
-¿Cómo has estado tú?
-Veo que no pierdes la costumbre de responder preguntas, con preguntas- rio.
-Y yo veo que sigues estando igual de hermosa.
No mentía, habían pasado más de cuatro años en los que no la veía, y seguía igual de hermosa.
-Grigori- me reprendió.
-No miento Nina, sigues igual de- antes de que la palabra “hermosa” saliera de mis labios, ella los cubrió con sus manos.
-No me avergüences- susurro tímida.
Sus enormes ojos azules me hipnotizaban.
Nina era la hija de Irina, y mi perdición. Fue la primera persona que confió en mí, y que me acepto aun sabiendo cual era mi destino. Era mi primer amor y gran amor, y después de mucho tiempo, volvía a tenerla frente a mí.