¿Sueño lejano?

1568 Words
Grigori -¿Ya te tienes que ir?- pregunto Nina desde mi cama. -Si cielo. Partiremos en un par de horas, y si todo sale bien, dentro de cuatro días, tú y yo- dije subiendo nuevamente sobre su cuerpo desnudo- nos iremos a pasar un mes a Hawái. -¿Todo un mes? -Si- respondí a medida que dejaba besos en todo su cuerpo. -¿Solo nosotros? -Solos tu y yo amor. -¿Y me harás el amor antes de irte? -Eso no debes preguntarlo- dije antes de comenzar a besar su cuello, sabiendo que aquello le causaba cosquillas. Escuchar su risa, sentir su cuerpo, y saber que la tenía nuevamente era todo lo que necesitaba para estar bien y sentirme completo. Era todo lo que necesitaba al regresar a casa. Tras despedirme de forma apresurada de Nina, me encamine hacia donde se encontraba Luka arreglando nuestras cosas para partir. Anton y Bastian estaban organizando a sus hombres ya que ellos partirían en una aeronave con todo el armamento, mientras que nosotros viajaríamos en el jet del alemán. Los ánimos no eran muy buenos, para Anton dar este golpe, no era más que rebajarse, pero había que admitir que Hatzis e Ivanov estaban siendo una piedra en el zapato. Papá nos había enseñado que jamás debemos subestimar a nuestros enemigos, y ese fue nuestro mayor error; creer que teníamos controlado a Dionisio. Y por como se estaban dando las cosas, estaba seguro de que era más mi responsabilidad que de mi hermano. Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando algo, o más bien alguien choco con mis piernas, y me fue inevitable no sonreír al ver esas pequeñas y desastrosas coletas rubias. Amaba a mis sobrinos, pero sin lugar a duda, Abi me tenía envuelto en su dedo meñique. -¿Qué haces aquí muñequita?- cuestione mientras la cargaba en mis brazos. Ella solo se limito a señalar el lugar donde sus padres se encontraban despidiéndose. Deje un sonoro beso en su regordeta mejilla y me encamine a donde se encontraba mi hermano con el resto de su familia. En cuanto la niña se vio a pocos centímetros de su padre, se lanzo a sus brazos donde fue recibida de forma extremadamente cariñosa. Para fortuna o desgracia de Abi, era la niña de nuestros ojos. Ver a Anton con Fiorella y sus hijos me hizo dar una extraña sensación, una que se batía entre la envidia y el anhelo. Yo jamás había pensado en tener una familia, mucho menos después de haberme casado con Gaia, pero la escena que tenia en frente, me hacia ansiar una. Por un momento me imagine una pequeña niña de cabello rubio y ojos azules; una pequeña copia de Nina. Quizás después de todo, sí podría tener mi propia familia. -Es hora de irnos- anuncio Bastian luego de haberse despedido de su familia. -¿Dónde esta Gaia?- cuestione al no haberla visto en ningún momento. No era algo que me disgustara, pero era clave llevarla con nosotros. -Subió al jet desde temprano con su perra- respondió Anton pasando por mi lado. -Con la perra y una gran maleta- rio Bastian- Al parecer la griega no piensa volver con nosotros. -Es lo que todos esperamos- murmure. Una vez que todos estuvimos abordo, despegamos con rumbo a Atenas. Serian alrededor de once horas de vuelo, en las cuales nos encargaríamos de cubrir cada punto que se nos pudiera haber pasado por alto y reforzar las estrategias que ya teníamos. Estimábamos llegar a Grecia alrededor de diez de la noche, pero por dificultades climáticas, acabamos arribando a las tres de la madrugada. El contacto de Bastian nos había dicho que el cargamento partiría desde Atenas a Estambul desde un pequeño puerto que se encontraba tras la iglesia de San Nicolas. Al aterrizar, rápidamente nos subimos a los automóviles que nos estaban esperando en el hangar, y partimos junto con todos nuestros hombres al puerto. El clima era un desastre, llovía a baldes y eso definitivamente era un contratiempo, aun así, si lográbamos llegar a tiempo e interceptar la carga antes de que embarcaran, los tendríamos donde los queríamos. -Al llegar te quedaras en el coche junto con Luka- le dijo Anton a Gaia. -¿Y por que yo debo quedarme con ella?- reprocho mi amigo. -Porque yo lo ordeno, ¿Acaso no es suficiente para ti? -Lo es jefe, no me mal entiendas- se defendió rápidamente- es solo que creí que seria parte de la diversión y no niñero- Anton le dio una mirada de muerte a mi amigo, por lo cual él volvió a hablar rápidamente- Pero no me quejo jefe. Anton, Gaia, Luka y yo viajábamos en el mismo automóvil, mientras que Bastian viajaba con sus hombres de confianza en otro vehículo. -Creí que no les importaba si moría- hablo la griega en cuanto le pase un chaleco antibalas. -No me importa si mueres, pero en caso de que las cosas no salgan bien, para mí- aclaro Anton- quiero ser quien tenga el gusto de meterte una bala en la cabeza. -Ya basta- intervine- no es momento para empezar con sus estúpidas peleas, ya estamos por llegar al puerto. Por suerte ambos se limitaron a rodar los ojos y dejar el tema. Sinceramente no creía que Gaia supiese más de lo que había dicho, o por lo menos, no creía que nos estuviese engañando; nosotros éramos su pase a la libertad. -Diablos- oí murmurar a la griega. Cuando volteé a verla, me di cuenta de que estaba batallando para colocarse el chaleco. -Llegamos- anuncio Luka. Por la intensa lluvia, no se podía ver demasiado, solo unos cuantos conteiners. -Esto es extraño- dijo Anton- no hay movimiento. -Aun no es hora- dijo Luka tamborileando sus dedos en el volante del coche. -Aun así, es extraño- hable esta vez- solo hemos llegado una hora antes. Todos nos quedamos en silencio viendo el panorama mientras esperábamos que nuestros hombres hicieran un reconocimiento primario del terreno. Tras unos quince minutos de espera, Bastian llego junto con dos de sus hombres. -Aun no han vuelto- dijo refiriéndose a nuestros hombres- y eso no me da buena espina. -No hemos visto nada extraño. -No, pero eso no quiere decir nada Grigori. Debemos estar atentos. -Bien- dije acomodando mi chaleco y haciendo lo mismo con el de Gaia, quien aún no lo había podido abrochar- saldemos, y ella vendrá con nosotros. -No es una buena idea- replico mi hermano. -¿Y dejarla aquí para que escape si? -No escapare, y tampoco quiero salir para morir empapada y congelada. Si es una trampa, prefiero morir aquí dentro. -Cierra la maldita boca y sal. A regañadientes, todos acabamos saliendo y reuniéndonos con el resto de nuestros hombres. Sabía que Anton y Bastian no querían exponerse, ellos tenían familias que los esperaban en casa, al igual que yo; le había prometido a mi mujer unas merecidas vacaciones en Hawái, y no iba a fallarle. Si esto era una trampa, lo afrontaríamos como sabíamos, después de todo, no serian ni los primeros ni los últimos infelices en tratar de destituirnos. Tras caminar unos cuantos metros bajo la lluvia, el ambiente se tornaba más y más tenso, no había señales de los búlgaros, pero tampoco de nuestros hombres. -Me estoy helando- balbuceo Gaia- de que me servirá mi libertad si moriré de hipotermia. -Cierra la boca- dijimos mi hermano y yo al mismo tiempo. -Mierda- maldijo la griega congelándose en su sitio. -¿Qué parte de cierra la boca no has entendido?- cuestione furioso. -Mira allí imbécil- señalo hacia un conteiner. Seguí su mirada, al igual que el resto de los hombres, y lo que encontramos no fue nada bueno. El conteiner que había señalado Gaia estaba abierto e iluminado por un par de luces led, dentro se podían ver tres cuerpos, bueno, dos cuerpos y una cabeza. Dos de ellos los reconocí, eran los de los hombres que habíamos enviado para reconocer el terreno. Ambos estaban empalados y con sus torsos abiertos desde la garganta hasta sus genitales. La tercera víctima, a quien no conocía, fue reconocida por Bastian, su nombre era Izan, y era el contacto que tenia dentro de la mafia búlgara. Su cabeza se encontraba en un pico, en medio de los cuerpos de nuestros hombres, y colgando de su lengua había un papel. никога не обръщай гръб на врага си, грешката ти беше, че ме подценяваш Nunca le des la espalda a tu enemigo, tu error fue subestimarme. -Es una maldita trampa- bramo Anton. -Todos estén alerta- grite y tome a Gaia del brazo- ¿Tu sabia sobre esto? -Claro que no- chillo al mismo tiempo que se comenzaron a oír gritos y disparos. Rápidamente mi hermano me tomo de la chaqueta y coloco su frente sobre la mía. -No mi interesa como lo hagas, pero llegaras a las camionetas e iras directo al hangar, le dirás al piloto que tenga todo listo y si en media hora no llego junto con el alemán, te iras directamente a casa. -No te dejare aquí. -No te lo estoy preguntando, lo harás, y te llevaras a esa serpiente contigo. Y por tu bien Grigori, mas vale que llegues vivo y sin un rasguño. Sin decir más, me dio una M16 que le paso uno de sus hombres y me señalo el camino. Esto era una maldita mierda.
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