Elowen estaba morada, ella me sostenía con fuerza así que supuse que también era alérgica a las avellanas o a la leche.
— ¿Eres alérgica a las avellanas? — ella asintió — maldición, no te preocupes que te ayudaré.
La cargué en mi espalda y salí corriendo, en mi oficina tenía una inyección para la alergia. Todo mundo me miraba cargar a Elowen pero no me importaba, el elevador comenzó a subir y sentí eterna la espera, finalmente llegué a mi oficina y empujé la puerta con uno de mis pies.
— Demonios — ya Elowen había perdido el conocimiento — no te preocupes, te ayudaré.
Sin dudarlo fui a mi escritorio y de la gaveta saqué la inyección que necesitaba, se la puse y espere un momento pero no reaccionaba. Empecé a darle respiración boca a boca y luego fue que ella lanzó un suspiro grande.
— Madre mía, miro una luz, miro una luz.
— ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? — Ella veía al techo entonces me levanté y fui al interruptor entonces lo presioné — era el foco, ¿Sigues viendo la luz?
— Nop — rió nerviosamente — así que al final sus disculpas por poco me mandan con San Pedro, sinceramente estar a su lado no es seguro.
— Lo siento, no sabía que eras alérgica a las avellanas. Por suerte compartimos la misma alergia y tenía medicina, luego iré a la farmacia para comprar la epinefrina.
— Le agradezco lo que hizo, no cualquiera carga a alguien en sus espaldas y corre de punta a punta — ella miró la comida que seguía en el mismo sitio — bueno, hay que comer, al final los alimentos no tienen la culpa.
Sonreí y me sentí tranquilo al ver que las cosas habían regresado a la normalidad. Me sorprendí en el momento que Elowen comió como si no hubiera un mañana.
— ¡Hey, ten calma! — le di agua — te vas a atragantar a este paso.
— Lo siento — ella respiró profundo — es que muero de hambre, no tuve tiempo para desayunar.
Terminó de comer luego de un rato y luego de eso nuestra jornada siguió con normalidad. Al llegar la hora de cerrar, Pablo fue a mi oficina y me dió las llaves de mi moto.
— Te miro en mejores condiciones, así que vete. Nos vemos mañana.
Me fui de la empresa y en lo que manejaba mi moto miré que Elowen iba en su bicicleta, ella se miraba bastante apresurada. La perdí de vista de repente y no le presté mayor importancia.
En el camino a mi apartamento miré que había una tienda de antigüedades y una mesa que llamó mi atención hizo que me detuviera.
— Buenas noches — saludé al vendedor — me interesa esta mesa, ¿Cuál es su precio?
— Buenas noches, joven — él miró la mesa y sonrió — vaya que tiene buen gusto, la han traído el día de hoy y la compré a un buen precio. Se la vendo en 5000$ espero que pueda comprender que el costo es porque se trata de una antigüedad, está hecha de madera de marfil rojo y es bastante rara.
— Lo sé, no se preocupe que la compró — tomé mi cartera y saqué la tarjeta — por favor cobrese. Me gustaría ver si la pueden llevar a mi apartamento, vivo en Tribeca.
— Claro señor — él sonrió con alegría — yo mismo llevaré la mesa.
Le ayudé a subir la mesa a un pequeño camión y después de eso le pedí que me siguiera. En el camino miré que Elowen se encontraba entrando a una casa, ¿Qué se suponía que hacía aquí? ¿Acaso también trabajaba de noche?
— Señor — el hombre tocó su bocina — ¿Esta es su casa? Pensé que me había dicho que vivía en un apartamento.
— ¡No! Lo que pasa es que miré a alguien que conozco, vamos, estamos cerca de mi apartamento.
Al llegar al edificio le pedí al personal que le ayudará al hombre con la mesa, por suerte logró alcanzar en un elevador especial que tenían para subir grandes cargas. Luego de eso fui a la laptop donde tenía todos los datos de los empleados, busqué el nombre de Elowen y no fue muy difícil de encontrar.
— ¿Elowen Reyesley? — me sorprendí — ¿Acaso es de los Reyesley que eran amigos de mi papá? ¿Pero qué necesidad tiene ella de trabajar como limpiadora si su familia tiene mucho dinero?
Perspectiva de Elowen
En el momento que entré a la casa y cerré la puerta, sentí una mano que jaló mi cabello muy fuerte. Sergio me dió un puñetazo que hizo que mi nariz reventará en sangre.
— ¡¿Qué te pasa?! — hablé con dificultad mientras trataba de detener el sangrado — ¿Ahora qué hice?
— ¿En serio te preguntas eso? — Cassidy se acercó a mí — por tu culpa el CEO me llamó la atención e incluso amenazó con despedirme.
— ¡Eso no es mi culpa! Muchas veces te dije que no te tomarás atribuciones que no te corresponden, te crees la jefa cuando no lo eres y fue por eso que el CEO te regañó.
— ¡Si mi amorcito quiere tomar decisiones o creerse la jefa, tú tienes que obedecer!
— ¡Una cosa soy yo y otra muy diferente es el jefe! Si la regañó fue porque despidió al doctor que nuestro otro jefe había contratado, no fue por mi culpa.
— ¡¿Y tú cómo sabes lo que pasó?! Se suponía que estabas desmayada, ¿Acaso fingías solo para meterme en problemas?
— Podía escuchar todo a pesar que estaba inconsciente, incluso lo que le dijo a la encargada de limpieza pero pensé que era porque me encontraba delirando. No obstante, veo que las cosas se están poniendo en orden y el nuevo jefe está colocando la basura en su lugar.
— ¡Cómo te atreves! — Sergio levantó su mano y me intentó golpear pero yo lo detuve — ¡¿Qué haces?! ¡Suéltame!
— Escucha, me estoy cansando de todo esto. No me provoques, Sergio. Sabes bien que si quiero hablar voy a destruirte, porque ese cuento chino que mi papá me dejó sin nada no te lo creo en absoluto, él sabía muy bien lo que eras y dudo mucho que me dejará en el desamparo sabiendo bien el ave de rapiña que tenía como hermano.
— ¿Acaso has perdido la cabeza? Te voy a tumbar todos esos dientes y te los haré tragar como chicle, no vuelvas a responderme así si no quieres que te desgracie la vida por bocona.
— Ya me la has desgraciado — lancé su mano con fuerza — he aguantado todo tipo de vejaciones por tu parte y me cansé, hasta el perro más fiel saca los dientes cuando solo lo tratan de patadas.
Logré detener el sangrado y en el momento que caminé un poco más allá miré que el comedor había sido cambiado. En su lugar estaba uno moderno.
— ¡¿En dónde está el comedor que mi papá me regaló?! — las lágrimas se mezclaron con mi sangre — ¡Responde! ¡Dime en dónde está, Sergio!
— Lo he vendido — él respondió con burla — ¿Acaso creíste que íbamos a comer en el comedor que tú utilizaste? Obvio que no.
— ¡Tú no tenías ningún derecho de hacer eso! ¡Ese comedor era mío! Mi papá me lo obsequió por mi ingreso a la universidad, no puedo creer que te atrevieras a hacer eso. Dime en dónde lo vendiste.
— Lo vendí a una tienda de antigüedades, pedí mil dólares y me los dieron enseguida.
— ¡¿Acaso estás demente?! Ese comedor le costó a mi papá diez mil dólares, incluso en el estado que se encontraba se podía pedir ocho mil dólares.
— No me importa, este comedor le gustó a mi amorcito y es lo que interesa.
— Esto no se va a quedar así, lo del comedor fue la gota que derramó el vaso. A partir de este momento vean quién les hace las cosas de la casa, también les digo que voy a comer de la comida que está en esta propiedad y utilizaré el baño.
— ¡¿Quién te crees para hablar de esa forma?! — Sergio me alzó del cuello y quedé separada del suelo por varios centímetros — tú no eres nadie aquí, deberías estar agradecida que te estoy manteniendo en esta casa.
— ¡Suéltame! — hablé con dificultad — ¡Me estás asfixiando! ¡No me quiero morir!
Sergio no me soltaba y tuve que rasguñar sus ojos entonces me soltó, empecé a toser debido a la asfixia mientras tomaba aire a bocanadas.
— ¡¿Qué diablos te pasa?! — me levanté y le di una bofetada que de pasó lo rasguño — ¡No me vuelvas a tocar de esa manera!
— ¡Eso no te lo voy a permitir! — Cassidy me tomó del cabello — no vengas a agredir a mi amorcito, aquí la única que debe tener la cara marcada eres tú. No creo que las personas lo noten, al final eres tan espantosa que sólo será una raya más al tigre.
Miré que Sergio tomó un cuchillo de la cocina, él se acercó con el arma a mi rostro y lo veía asustada. Intenté zafarme del agarre pero fue imposible hacerlo ya que Cassidy me tenía bien agarrada.
— Vas a pagar todo lo que hiciste — él puso la punta del cuchillo en mi mejilla — mi rostro nunca más lo vuelves a tocar.
— Sergio, no hagas esto por amor a Dios — las lágrimas se deslizaban por mis mejillas — te juro que no te vuelvo a tocar, pero no me cortes el rostro.
— Eso debiste pensar antes de haberme tocado y de permitir que le llamaran la atención a Cassidy, ella no se encuentra sola, lo contrario a ti.
Sergio deslizó el cuchillo por mi mejilla y empecé a gritar pero Cassidy cubrió mi boca para que nadie escuchara. Sentí las punzadas de dolor mientras la sangre escurría por mi piel y caían en la alfombra.
— Esto no se va a quedar así — hablé con dificultad — esta fue la gota que derramó el vaso y te pienso denunciar a la policía.
— Anda, hazlo. Pero ya sabes que tu mamacita del alma va a pagar los platos rotos, nunca la vas a encontrar y le pagaré a alguien del asilo para que la envíe al otro mundo.
— ¿Cómo puedes ser tan miserable? Te recuerdo que también es tu madre, incluso eres su niño consentido, siempre estuvo ahí para ti de forma incondicional y lamentablemente no puedo decir lo mismo en mi caso.
— La vieja ya no me es de utilidad, además te recuerdo que mi papá siempre estuvo contigo y a mí me ignoraba solo por estar pendiente de ti. Nunca debiste haber nacido, antes era hijo único y arruinaste todo con tu llegada…