No necesitaba de esas frases ni de ningún truco, ese era mi sueño y con gusto lo cumpliría si nos beneficiaria a ambos, con la condición de que me ame y me entregue todo de él.
Estaba lista para entregarme, quería ser completamente suya si él me lo permitía. Desde que mi cuerpo comenzó a experimentar el deseo carnal, lo pedía a él, lo deseaba a él. Eh esperado por muchos años para este momento.
Soñé con estar tan cerca y ahora me estaba robando el aliento, su mirada, sus palabras me arrebatan, me seducen, me asfixian y me sumergen en lo más profundo de mis fantasías.
—Dalia no necesitas que alguien te lo diga, lo eres y eso es lo único que debes creer. —La luz se puso en verde y el acelero el auto, solo le dije gracias y ya no hubo preguntas por parte de él.
Sin embargo, aquellas palabras atravesaron mi corazón como una flecha, sentí un derechazo justo en la boca del estómago y cada vez me faltaba el aire.
Había dejado de respirar ya que en el momento que decidí abrir la boca me di cuenta de que no había tomado aire.
Tomé todo el aire que me fue posible, esperando que aun quedara algo en el auto. — perdón si me entrometo en lo que no me importa. —Utilice su misma frase y eso nos hiso reír un momento. —¿Puedo saber que paso con su esposa?
—No Dalia. Perdona, pero esa pregunta no la puedo responder, es demasiado privada. —Su rostro se contrajo, su sonrisa se borró y ambas manos sostuvieron el volante con mucha fuerza.
Yo sabía que había pasado, pero tenía curiosidad de como él se dio cuenta. — Disculpa, no quise. —Estaba entrando a un terreno que no debía de importarme, el problema es que todo de él me importaba y debía de admitirlo quería escuchar de sus labios lo sucedido.
Tal vez aun no estaba preparado, tal vez le resultaba doloroso lo ocurrido. Solo tal vez quería olvidar lo que paso.
—No, está bien, yo pregunte cosas privadas, solo que no me gusta hablar de ese tema. Quieres hacerme otra pregunta, para compensar las mías.
Fingió una sonrisa, aun el tema de su esposa le dolía, era más que obvio hace poco él llegaba a casa y la encontraba bajo el marco de la puerta esperando la con su hija, eran la familia perfecta la que cualquiera envidiaría.
La esposa que cualquier hombre quisiera tener. Una mujer hermosa, ama de casa, buena amante, con la sonrisa más brillante. Una mujer que dedica su tiempo a cuidar de ti como de la casa, a cuidar de tu hija y de tu corazón.
Aunque falló en lo último, aquella mujer se perdió en el camino de la perfección, no solo le falló a su matrimonio, le falló a su hija a su hogar, a ese lugar donde los tres estaban creando lo más hermoso.
Le falló a cupido y a cada flecha que el disparó.
Que podía preguntar si sabía todo de él, desde que comía por las mañanas, hasta lo que comía al mediodía, mi obsesión por él había llegado a un punto donde no necesitaba preguntar por su vida.
—No tengo nada que preguntar.
—¿No soy muy interesante? —Volvió a bajar la velocidad a llegar a otro semáforo solo que no tuvo que esperar, giro a la derecha y continuamos sin parar. Me acomode en el asiento y lo observe mientras su sonrisa volvía. — No eres de muchas palabras Dalia, me siento en desventaja contigo.
—Solo estoy tratando de callar mis pensamientos. — Lo que él provocaba en mí, lo que él me hacía sentir era como estar en una montaña rusa, podía acelerarme el corazón como pararlo en un segundo, podía llevarme al cielo con su sonrisa como enviarme al infierno con sus palabras.
Mi corazón se encontraba en mi cabeza retumbando por la emoción, por el miedo, por la incredulidad. Mi chico Wilson no entendía que en ese momento estaba mordiendo mi lengua que debatía por pasar por sus labios, cada vez que me miraba todo mi cuerpo se estremecía y solo deseaba calmarse con sus caricias, con sus besos.
—Di lo que piensas, tengo mucha curiosidad de saber que callas.
—Puede que se moleste. — Mi corazón se aceleró al imaginar decirle lo que estaba pensando en ese momento, si mi corazón saliera de mi pecho y se colocara en la carretera e hiciera una carrera con el auto, sé que ganaría.
Estaba segura de que lo haría, mi cuerpo era muy pequeño y no soportaba la velocidad en que estaba viajando, golpeaba las paredes de mi cuerpo buscando un lugar donde salir. Lo sentía atorado en la garganta, lo sentía golpeándome la cabeza, lo sentía hasta en las planta de los pies.
—Bueno, prometo no molestarme si me dices que es lo que callas. — Me volvió a observa nuevamente, se mantuvo un buen tiempo con su mirada puesta en mí, agradecí que las calles se encontraran solas y que la carretera estaba recta.
—Podría ver al frente. —Solté un poco desesperada, no solo corría peligro la vida de su hija si no que mi vida también estaba en sus manos.
—Tengo mucha curiosidad Dalia, no puedo descifrar que piensas y es muy extraño. — Su labio se curvo en una media sonrisa girando su cabeza hacia el frente como se lo pedí.
—Soy extraña. —Reí al saber que él también lo pensaba, no era el primero que me decía que era extraña, no es que lo fuera o tal vez sí, pero es lo que él causaba en mí. Yo era una persona normal con una obsesión que no era buena, pero al final era igual que todos.
Una simple mortal con el sueño de tener una familia, un hogar e hijos. El problema era que lo quería con él, con el chico de la calle Wilson, aquel que lo vi cuando solo tenía once años, con aquel cabello mojado y los ojos más hermosos que había visto.
—No eres extraña, es extraño ver tus ojos y encontrar un remolino. —Sonreí ya que así se encontraba mis pensamientos, revoloteando gracias a él y su mirada. — ¿En qué piensas Dalia?
—¿En verdad lo quiere saber? —Mi pequeño corazón viajaba por todo el mundo mientras mi cuerpo moría lentamente feliz de estar a su lado, de escuchar su hermosa voz de inhalar su delicioso aroma. Mi nombre salir de su boca se escuchaba como un bello canto, uno que podía escuchar las veinticuatro siete.
Cómo era posible que un simple nombre que lo había escuchado durante dieciocho años sonara cómo el nombre más perfecto en sus labios.
—Cómo no te lo imaginas.
—Pienso cual es el motivo del porque una madre abandona a su hija. — Mordió su labio negando, giro la cabeza en dirección a la ventana, las gotas cada vez eran más grandes y la carretera se encontraba completamente mojada.