Su perfume es exquisito.

1381 Words
NARRA TESEO. Dicen que el destino suele ser un cruel patán que ama jugar con nuestras vidas. De acuerdo no es asi como hablan de él, pero así es la manera en la que gusta burlarme de las personas que suelen creer en que realmente nuestras vidas están escritas por alguien o algo, como si realmente aquello existiera, era una tonta idea a mi parecer, ya que nadie está a la merced del otro, todos somos dueños de nuestro propio futuro. A mis apenas 25 años sabía bien que el destino solo podemos forjar nosotros, así como yo lo había hecho levantando esta empresa, que aunque no me pertenecia, al menos no del todo, puesto que mi padre era el jefe, era yo quien llegaba a cargo todo y quien la hacía funcionar. No fue el destino quien me ayudó a llegar a la cima, estaba seguro que jamás creería en él, aun cuando las siguientes horas parecerían irreales para mi. ¿Podrá el destino existir aun para los que no creemos en él?. –¿Qué piso? –pregunté regalándole una pequeña sonrisa. –52 –contestó ella y estuvo a punto de apretar el mismo botón, pero yo hice antes y accidentalmente su dedo rozó el mío. Traía las uñas pintadas de un bordo bastante bonito, eran del mismo color que su pollera, la cual se ajustaba a su cuerpo. –Lo siento –dijo al mismo tiempo que yo lo hacía, y luego bajó su mirada tímidamente. –Está bien –respondimos nuevamente juntos en armonía, y aquello nos hizo sonreír. Tenía una sonrisa bastante cautivadora, pero el sonido de está fue lo que más captó mi atención, ya que era bastante peculiar y hasta podría decir que la avergonzaba, aunque a mi me había parecido muy tierna. –Teseo, ¿estás ahí? –se oyó la voz de mi madre en eco dentro de aquel reducido espacio. Fue entonces cuando recordé que me encontraba en una llamada con ella, por poco lo había olvidado. –Aquí estoy –respondí poniendo el celular nuevamente en mi oreja, y observando a la joven de pollera bordo junto a mi, gracias al espejo que estaba frente a nosotros tenía una vista bastante panorámica de la joven con rasgos latinos junto a mi. De vez en cuando notaba que me devolvía la mirada, mientras el ascensor avanzaba. ateniéndonos a nosotros como los únicos dentro. Esta era una de las razones por la que me encantaba esté horario. –¿Qué fue todo eso? –preguntó mi madre. –No es nada, Ana–respondí distraído. –Hijito, no me digas así –prácticamente gritó la mujer mayor, para luego bajar el tono de voz un tanto triste. –Lo siento, madre. ¿En que estábamos? –pregunté notando una leve sonrisa en la joven. Luego desvié mi mirada hacia la pantalla del ascensor recién estábamos por el piso 25. –¿Por qué despediste a tu secretaria? –preguntó ella curiosa. –No podía tomarse el trabajo en serio, esa fue una de las principales razones supongo. –respondí a secas recordando a aquella idiota. –Además renunció, no la despedí, aunque me hubiera gustado hacerlo, pero de me adelanto para mi desgracia–comenté. – Para ti nadie se tomará el trabajo lo suficientemente en serio, y eso es porque tú te lo tomas demasiado serio, hijo mío –respondió. –Y estoy segura que renunció luego de que la hayas castigado mucho, pobre chica –insistió. Rodeé mis ojos poniéndolos enblanco, mi madre solía ponerse en contra mio aun cuando ni siquiera conocía a la otra persona. Cada día agradece no haber salido tan sentimental como mi madre, en eso me parecía un poco a mi padre, al menos en ello. –Lo que sea que paso, lo merecía. Yo trabajo el doble que todos, madre, lo mínimo que pido es que me retribuyan con las mismas ganas, ella apenas podía hacer una simple llamada como debía y eso nos costó mucho dinero, además de que me ocasionó grandes problemas por otras ineficiencias de la que no vale la pena traerlas a la conversación ahora–respondí molesto, pocas cosas me sacaban de quicio, pero la irresponsabilidad en el trabajo era una de ellas. Desvié mi mirada hacia la pantalla que reflejaba los números, piso 40. Faltaba poco para llegar, y tenía mucho que hacer, por lo que solo quería que se apresurara, cuando la luz del ascensor se apagó y se detuvo repentinamente. Sentí la mano de la joven junto a mí, sosteniendo mi brazo con fuerza por algunos segundos hasta que finalmente me soltó. Me acerqué al tablero y comencé a presionar el botón con la campana una y otra vez haciéndolo sonar. Miré hacia mi teléfono y noté que se había quedado sin señal. –¿Qué demonios está pasando? –pregunté en voz alta. –Quizás sea la tormenta eléctrica, en el caminó pude ver algunos truenos –contestó casi en un susurro. Su voz era suave, apenas audible, pero al mismo tiempo tenía una fuerza que nunca antes había oído.La luz se encendió de golpe, ambos nos miramos a los ojos. –¿Señor Yalmaz? –preguntó alguien sonando desde la bocina del tablero del ascensor. –Así es –respondí acercándome a está y observando hacia la cámara, la cual se movía de lado a lado llamando mi atención.–¿Qué está sucediendo? –pregunté acomodando mi traje. La joven bajó su mirada y vi que puso una mano en su pecho, mientras luchaba por respirar. –Hubo un pequeño desperfecto por la tormenta, pero nos llevará solo unos dos minutos arreglarlo –respondió el portero. –¿Unos minutos? –pregunté molesto, odiaba perder el tiempo y sobre todo esperar. –No lo sé, señor– contestó. –Entendido, apresúrese –respondí sabiendo que no había nada más que hacer que esperar. llevando mi atención a la joven–¿Se encuentra bien? –pregunté poniendo una mano en su hombro, ella levantó su mirada y me observó. Sus ojos café ingresaron a mi sistema como una droga. – Estoy bien –susurro. Su lengua pasó lentamente por su labio inferior, aquel movimiento no pasó desapercibido para mí, ya que me encontraba estratégicamente muy cerca de ella. –No se preocupe, en unos minutos nos sacarán de aquí – dije intentando tranquilizarla, pero su sonrisa casi cínica me desoriento. –No es eso lo que me preocupa, señor Yilmaz –respondió ella. Mi respiración comenzó a agitarse al igual que la suya, la ventilación parecía estar apagada, y supongo que comenzamos a notarlo. No voy a culparla a ella de mi falta de oxígeno, ni a lo adictivo que era tocarla, pero había un ambiente diferente en este reducido espacio. Ambos teníamos una química sorprendente, me he sentido así otras veces. De hecho la manera en la que mi cuerpo respondía justo ahora no era nueva para mi, y anteriormente siempre me permitía satisfacerme, sin embargo, no podía olvidar que estábamos en la oficina y mi responsabilidad siempre estaba en mi trabajo. Las luces nuevamente se apagaron, su mano se puso en mi cintura. –Señor Yilmaz, decidimos apagar las luces para utilizar esa energía en hacer funcionar los ventiladores –dijo la bocina del ascensor, la cual ahora se encontraba de espaldas a mi. Mentiría si dijera que ahora mismo eso es un problema, ya que mi mente ya no estaba en el horario a cumplir, ni siquiera en el trabajo, mi mente se había perdido en aquella mano que nos unía. La tensión que teníamos era innegable y tal vez la poca luz me favorecia, por el hecho de que necesitaba casi con desesperación estamparle mis labios con los suyos, y hacerla mía dentro de las paredes metálicas de este ascensor. No hacía estas cosas en el trabajo, pero tampoco me negaba el placer en ningún momento y no voy a negarle a ella la liberadora descarga de estrés que podríamos llegar a tener si es que ambos sentíamos el mismo calor. –Su perfume es exquisito –comenté en voz alta, mi voz ya no era la misma que antes, ahora mismo era mi hambre la que hablaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD