NARRA TESEO.
–Gracias –susurró tímidamente. –Quisiera responderle lo mismo por cortesía –comenzó a decir sincera, aquello llamó mi atención. – Pero noté que usted no trae perfume –contestó con picardía.
Llevaba la razón, no solía usar perfume, a menos que vaya a una fiesta o cita, puesto que era muy cuidadoso con mi cuerpo y me encantaba el olor natural que este despedía.
No iba a darle aquellas largas explicaciones a ella, ya que no venían al caso.
Comencé a mover lentamente la mano que tenía puesta en su hombro y la acaricie suavemente en aquella zona mientras me acercaba a su rostro. Ambos estábamos visiblemente atraídos.
–Parece que los ventiladores se encendieron –comento soltando mi cintura y alejándose de pronto.
¡Maldición!, debo reconocer que estaba más que listo para dar el siguiente paso, pero al parecer ella debe ser de esas que se hacen las difíciles, cuestan un poco más, pero todas terminan cediendo ante mis encantos, era evidente que llame su atención y aunque ella no era del todo mi tipo,esta mañana me levanté un poco menos exigente.
–Así es –contesté sacando mi mano de su hombro. –Creo que lo mejor será que nos tranquilicemos y esperemos pacientemente,ya que estoy seguro que resolverán este inconveniente cuanto antes –comenté.
–Estoy de acuerdo con usted, pero sobre todo que lo harán rápido, puesto que para mi fortuna usted se encuentra aquí –dijo mientras yo apoyaba mi espalda a una de las paredes.
–¿ Eso qué significa? –pregunté sintiendo su brazo rozar el mío, al parecer se había ubicado justo al lado de mi, imaginaba que estaba apoyada sobre la misma pared del ascensor.
–Es el jefe de ellos, es por eso que nos sacaran cuanto antes. Pero si hubiera tenido la desgracia de quedarme encerrada sola, estaría todo el día aquí –contestó casualmente.
–No creo que sea tan así, estoy seguro que mi personal haría su trabajo como debe ser sin importar el contexto, es para eso que cobran un sueldo–respondí serio, supongo que soné más duro de lo que creí, ya que ella decidió guardar silencio, por lo que decidí continuar hablando.
–Me presentaría con usted, pero veo que ya me conoce, así que me limitaré a preguntarle su nombre –dije extendiendo mi mano hacia ella. Su mano siguió de largo sin lograr estrecharla y aquello nos hizo reír a ambos. –Estoy por aquí –dije tomándola, y uniendo su piel a la mía.
“Tranquilo Teseo, no puedes excitarte por un roce”, me reproche.
–Es sencillo reconocerlo, mucho más si su apellido se encuentra en todas partes –comentó divertida.
–Buen punto –contesté imitando su pequeña sonrisa.
– En cuanto a mi nombre, soy Ruby Andrade –dijo ella suavizando su voz, mi toque había provocado lo mismo en ella.
–Teseo Yilmaz –respondí soltando su mano. –Bueno señorita Andrade, trabajo en el piso 52, lo que me lleva a la siguiente pregunta, y esa es, ¿cuál era la razón del por que se dirigía aquel lugar?, ¿acaso trabaja allí? –pregunté.
–De hecho si, o al menos eso espero, ya que este es mi primer día y estoy llegando tarde –comentó ella dejando escapar una pequeña sonrisa.
–No se preocupe, quizás pueda hablar con su supervisor. ¿A qué sector iba? –pregunté.
Volví a oír su risita, era bastante pícara y aquello no lograba hacer disminuir mis ganas de revolcarme con ella justo aquí.
–Área de dirección –respondió trayendome de nuevo a la realidad y quitándome toda ilusión que se pudiera haber cruzado por mi mente, ya que ella se dirigía a mi sector y por ende era mi empleada. Estuve a punto de hablar cuando ella me ganó.
–Vine por el puesto de secretaria, el señor Bako Hassán me envió –explicó.
–¿Bako? –pregunté sorprendido, por el hecho de que aquel hombre era el abogado de mi padre y aunque trabajaba aquí, jamás lo hacía en mi sector, ni mucho menos se metía en mis asuntos. Puesto que él se encargaba de aconsejar a mi padre y ambos solían estar en el piso 53.
–Así es, antes trabajaba en el piso 53 junto con ellos, pero el señor Hassán me envió por el puesto debido a que su secretaria renunció – comentó trabándose en sus palabras, ¿nerviosa?.
–Es extraño que lo haya hecho, pero me alegro, ya que supongo que me quita un peso de encima, hoy tengo una importante junta y necesito ultimar detalles cuanto antes –explique.
¿Por que estaba siendo tan amable con ella?.–Aunque primeramente debería tomarle una entrevista para ver si estás acta para este trabajo –aseguré.
–Le aseguró que lo estoy, señor Yilmaz. De hecho en mi sector me encargaba del mismo papeleo… –comenzó a decir.
–Disculpeme señorita Andrade, pero con el debido respeto a mi padre debo asegurarle que el trabajo que yo hago es excesivamente superior al que realizan en el piso 53 –aseguré.
–Lo sé –respondió ella sin temor. –Estoy al tanto de todo, y pese a que apenas me avisaron ayer de esté cambio, le aseguro que me pasé toda la noche poniéndome a la altura de las circunstancias –aseguró quitándome una pequeña sonrisa.
Intrépida, me agrada.
–Es bueno oírlo, ¿qué le parece si comenzamos con la entrevista? –pregunté, me sentía desafiado y quería devorarla con preguntas, al menos lo haría de alguna manera, ya que lamentablemente no podía hacerlo como quería o más bien como hubiera deseado hacerlo.
–¿Aquí? –preguntó ella sorprendida.
–¿Tiene algo que hacer o algún sitio al que ir? – pregunté levantando mis hombros.
–No claro que no, es solo…–comenzó a decir nerviosa.
–¿Dónde estudio? –pregunté interrumpiendola. Oí que inhala aire y luego lo liberaba.
–En la universidad católica –contestó.
Escuela privada, no me agradaba mucho tener empleados que salían de aquellas universidades.
–¿Experiencia? –pregunté sonriendo de lado, esto era divertido y agradecia que las luces se encontraban apagadas, así ella no podría notar el placer que me producía estar asfixiandola de preguntas. –Además de ya sabe, el piso 53 –contesté entredientes.
No tenía nada en contra de mi padre, sin embargo, sé que él no era el más indicado para la posición en la que se encontraba. Yo era el Ceo de está empresa, todo pasaba por mi y gracias a mi se mantenía en pie, sin embargo, él era quien tenía la placa dorada en su puerta con las palabras “Presidente”. Cuando lo único que hacía por nosotros era holgazanear y equivocarse.
–Apenas tengo 22 años, así que no hay mucho que contar –dijo sincera.
Carraspeé mi garganta mientras negaba.
–De acuerdo, eso no es bueno –contesté sintiendo su respiración cada vez más agitada. Por alguna razón me gustaba ponerla nerviosa, no muchas cosas me divertían, pero esto era excesivamente gracioso.