Mi sexy secretaria.

1327 Words
NARRA TESEO. Sonreí en silencio para no llamar su atención y luego continúe con el interrogatorio más divertido y sensual que alguna vez tuve,de hecho el sonido de respiración comenzaba a hacerme ceder sobre la tonta regla de no estar con ninguna de mis empleadas. –¿Trajo algún currículum o alguna otra información en la que pueda ver sus papeles más luego?, es para llamarla en caso de necesitarla–dije presionandola, sabía que decirle eso sería casi como rechazarla, y quería ver qué es lo que hacía ante aquella situación, aunque era parte de la entrevista, ya que si se rendía en esta instancia sin buscar alguna solución, no estaba lista para esto. Y para ser sincero no quería continuar perdiendo tiempo en secretarías mediocres, necesitaba alguien que esté dispuesto a darlo todo como yo lo hacía. Un pequeño silencio nos invadió, eso me decepciono un poco, aunque alejarla de la oficina incrementaba mis opciones de acostarme con ella. –Traigo unos papeles con mis datos, pero creí que usted ya había arreglado con el señor Hassán para que comience hoy mismo –respondió. ¿Iba a recurrir al acomodo?. –Me temo que no, porque el señor Hassan no puede interponerse en las decisiones que se toman en el piso 52, aunque imagino que ya lo sabía. Además nadie entra por acomodo en mi sector, solo quien es 100% capaz lo hace, y me temo que usted señorita Andrade no es suficiente para el puesto, es por eso que me gustaría decidirlo con más tiempo y luego de hacer otras entrevistas, pero siendo sincero no creo que la llamé –afirmé. Nuevamente el silencio nos invadió. La luz del ascensor se encendió, ella tenía su rostro bastante rojo, supongo que se encontraba avergonzada, mis ojos se dirigieron a su escote, ya que traía una camisa negra con algunos botones desabrochados los cuales dejaban a la vista tales atributos, no era un escote grosero, pero si seductor. Tal vez no sea tan malo que no trabaje para mi,volví a repetirme. –Entonces no veo la razón de tener que dejarle mi número–comenzó a decir llamando mi atención. –Porque no pienso irme sin haberlo convencido –aseguro, sonreí de lado un tanto sorprendido, para ser sincero, estaba más que sorprendido justo ahora. El ascensor comenzó a funcionar. –Le diré algo, señorita Andrade … – –Puede decirme Ruby –interrumpió. –Está bien, Ruby. Estamos en el piso 40, tiene hasta el 52 para convencerme –comenté. Ella había comenzado esté juego, pero yo pondría las reglas para jugarlo. –Será suficiente –aseguró ella con una confianza envidiable. –¿Cree que pueda? –pregunté solo para ponerla nerviosa y restarle tiempo, si ella quería jugar, jugaría. El ascensor se detuvo en el piso 41, donde unas cuatro personas ingresaron. Ellos hablaban entre sí, mientras que la atención de la joven permanecía en mí, tenía sus ojos clavados sobre los míos, como si intentara hipnotizarme. –Cada dia llega mucho más temprano que todos, que es cuando en su mayoria la oficina se encuentra vacía, al llegar pide un cafe n***o sin azucar, el cual habitualmente recibe media hora despues de su llegada, la razon es que sus secretaria siempre venian a tiempo, 07:00am para ser exactos, pero yo lo hare una hora antes, sin ser necesario que me pague esa hora y tendre su cafe listo para cuando llegue –comenzó a decir acercandose a mi, su hombro chocaba con el mio y acercaba su rostro para intentar hablar lo más silencioso posible. Sonreí burlandome. –Puedo pagarle esa hora extra si así lo quisiera, aunque su servicio solo sería para cafetera. ¿Me ve cara de necesitar una moza? –pregunté mientras ella bajaba su mirada decepcionada. Piso 43. –Adelantaria todo su trabajo, y le aseguro que a diferencia de todas las secretarías que tuvo antes yo podré más que mi 100%, le daré el 200% de ser necesario –comenzó a decir. –Promesas que se cumple la primera semana –interrumpi sonriendo malévolamente. Esto era realmente divertido. Algunos se volteaban a vernos, principalmente a ella, pero eso no la detuvo. –Pero solo son promesas, señorita Ruby, y nadie puede vivir de promesas, muchos menos confiar en ellas —aseguré. –He hablado con Camila Duarte, y ella me pasó los horarios de su agenda. Podría probarme el día de hoy y luego si no le conforma mi desempeño, organizaría yo misma sus entrevistas a otras, aunque por lo ocupado que se encuentra hoy, yo no perdería el tiempo en ello y lo invertiría en lo que es realmente importante –explicó. –¿Y qué es eso? –pregunté. –Su reunión con los All blue Stoke–contestó ella. –Veo que se informó, pero aún no es suficiente – dije observando mis manos y bostezando. Piso 47. –Su junta con ellos es a las 16hs –comentó. –Lo sé–acote. –Creo que es un error –aseguró. –¿Qué? –pregunte sorprendido. –¿Por qué? – –A lo largo del día tiene muchas reuniones, por ejemplo la de las 10AM con los socios de su padre, sin duda, puedo afirmar que esa es una completa pérdida de tiempo, por el hecho de que… –tomó aire y puso una mano en su rostro – ¡Maldición!, con el debido respeto, a esos ancianos ya los tenemos. Pero los “All blue” deberían ser nuestra prioridad, debemos cazar a esos inversionistas, antes de que otros lo hagan. Oí que nuestra principal competencia “Style´s” los invitaron a desayunar y luego a un tour por la cuidad sin compromiso, como ellos dicen, sin embargo, solo basta que siembren un poco de duda para que cuando usted se reuna con ellos vengan con miles de exigencias nuevas que haga caer el trato –afirmó, la observé casi incrédulo. La pasión que demostraba justo ahora la hicieron perder aquella ternura que traía al comienzo, sus rasgos se tornaron firmes, al igual que su mirada y debo reconocer que me atraía mucho más que antes. –Debo reconocer que estoy algo sorprendido –comencé a decir notando como su sonrisa crecía en todo su rostro. –¿Quien dice “maldición” en su entrevista de trabajo y espera conseguir el puesto? –pregunté mientras veía en primera plana como su rostro se caía por completo. Deseaba reír muy fuerte justo ahora, pero me limite a solo hacer una leve maldita sonrisa. Bajó su mirada decepcionada, ¿ le había ganado?. –No se si definirlo como un hombre gracioso o excesivamente cruel – comentó rompiendo el silencio –Soy un poco de ambas –afirmé. PISO 51. Ingresaron algunas personas más y ahora mismo estábamos lo suficientemente apretados. –No voy a regresar a casa –comenzó a decir observando el suelo, luego levantó su mirada y sonrió. –¿Por qué no? –pregunté completamente intrigado, esta mujer era todo un misterio ante mis ojos. –Porque no abandonaré este edificio de esta manera, toda mi vida se trato de luchar el doble que los demás para obtener al menos un poco de recompensa y créame si este es el caso, estoy lista para volver a hacerlo –aseguró. Piso 52. La observé una última vez antes de caminar hacia la puerta, al cruzarla me gire para mirarla y le regale algo que nunca antes había dado. –¿ Vienes o no? –pregunté con una sonrisa en mi rostro. Mi confianza, no en gran manera, pero le obsequie un poco de mi confianza dándole una oportunidad, la cual esperaba no lo arruinará, ya que comenzaba a caerme bien, ella no era como las demás secretaria que había tenido, Ruby tenía hambre de éxito y podía en sus ojos. Finalmente tenía secretaría, un tal Ruby Andrade.
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