Theo Farah no esta de acuerdo con lo que su hijo ha hecho

1572 Words
Theo se enderezó de golpe, ajustándose las gafas para asegurarse de que había leído bien. El artículo estaba acompañado de una fotografía de Owen y Roxanne en una fiesta, ambos luciendo radiantes, con copas en la mano y sonrisas falsas. —¡Maldito imbécil! —bramó Theo, lanzando la tableta sobre la mesita de madera junto a él. Sacó su teléfono del bolsillo con manos temblorosas de furia y marcó el número de su hijo. La línea sonó varias veces antes de que Owen, despreocupado, contestara. —¿Papá? ¿Qué sucede? —¡Qué sucede! —rugió Theo, tanto que un par de turistas cercanos lo miraron con curiosidad—. ¡Me entero por las noticias de que te vas a casar con esa desvergonzada de Roxanne O’Neill! ¿Qué demonios pasa contigo, Owen? Owen suspiró al otro lado de la línea. —Papá, no es el momento. Estoy en medio de una reunión. —¡En medio de una reunión! —Theo casi lanzó el teléfono al suelo, pero se contuvo—. ¿Y despediste a Amalfi? ¡La madre de tus hijos! ¿Qué tienes en la cabeza? —Amalfi y yo ya no funcionábamos —respondió Owen con frialdad—. Era mejor terminar antes de seguir arrastrando algo muerto. —¡Muerto estás tú! —Theo golpeó la mesa con el puño, haciendo que su cóctel se derramara—. ¡Cómo te atreves! Esa mujer te dio dos hijos, te dedicó su juventud, te soportó durante nueve años. ¿Y ahora vas y la reemplazas por esa víbora? —No te metas, papá —dijo Owen con voz tensa—. Esto es mi vida, mis decisiones. Amalfi no es tu problema. —¡Es mi problema porque tú llevas mi apellido, malagradecido! —Theo respiró hondo, intentando calmarse, pero fue en vano—. ¿Cómo es posible que no sólo destruyas a una familia, sino que abandones a tus propios hijos? —No abandoné a nadie —replicó Owen, irritado—. Ellos están por ahora con Amalfi, pero los recuperaré, y tú no tienes idea de todo lo que pasó. —¡Porque no me cuentas nada! —Theo se pasó una mano por el cabello, desesperado—. Pero no importa. Lo que sé es suficiente. Eres un estúpido, Owen. ¡Un estúpido con todas las letras! —Papá, no tengo tiempo para esto. —¡Haz tiempo, maldita sea! —Theo alzó la voz—. Te advierto algo, Owen: vas a pagar caro esta estupidez. Y si crees que Roxanne te va a dar algo que Amalfi no pudo, estás más perdido de lo que pensaba. Owen permaneció en silencio por unos segundos antes de responder con un tono frío: —Haz lo que quieras, pero no voy a discutir esto contigo. Ahora, si me disculpas, tengo cosas más importantes que atender. Theo escuchó el pitido de la llamada cortada y lanzó el teléfono sobre la mesa con furia. Se reclinó en la silla, mirando al horizonte, mientras su mente trabajaba a toda velocidad. —No sabe con quién está jugando —murmuró, su mirada endureciéndose—. Ese niño necesita una lección, y yo me voy a encargar de que la reciba. Theo Farah miró su reloj de pulsera con impaciencia mientras marcaba el número de Marcel. Sabía que el asistente de su hijo respondería a sus preguntas, aunque temblara de miedo al hacerlo. Cuando la llamada fue contestada, Theo no perdió el tiempo. —Marcel, soy Theo Farah. Necesito que me confirmes algo, y no quiero rodeos ni mentiras. ¿Qué ha pasado con Amalfi? Resume y dime la verdad. Tampoco te atrevas a ocultarme algún detalle. Del otro lado de la línea, Marcel tragó saliva. El tono de Theo era tan intimidante que casi podía sentirlo atravesando el auricular. —Señor Farah, yo… claro, le responderé. —Eso espero. —El tono de Theo era cortante—. Habla ya. Marcel respiró hondo y comenzó a hablar, con la voz ligeramente temblorosa: —El señor Owen le pidió el divorcio a la señora Amalfi ayer. Ella firmó los documentos sin poner resistencia y luego se fue de la casa, llevándose a los gemelos. No tomó nada de dinero, señor, ni de las cuentas ni del patrimonio. Tampoco informó a dónde iba. Theo entrecerró los ojos, apretando el teléfono contra su oído. —¿Nada más? No me hagas perder el tiempo, Marcel. ¿Qué más sabes? Marcel dudó por un momento, pero la autoridad de Theo lo obligó a continuar: —Solo sé que, antes de desaparecer, la señora Amalfi y los niños fueron recogidos por una limusina. Cuando investigamos, resultó ser propiedad de la familia Walton. Hubo un silencio tenso en la línea, tan pesado que Marcel sintió que le faltaba el aire. —¿La familia Walton? —Theo repitió lentamente, dejando que el nombre se hundiera en el aire—. ¿Estás seguro de eso, Marcel? —Completamente seguro, señor. Verifiqué las placas. Theo permaneció en silencio por unos segundos, su mente procesando la información. Finalmente, su voz resonó con un tono frío y decidido: —Así que Owen no sólo fue lo suficientemente estúpido como para pedirle el divorcio a Amalfi, sino que también la dejó marcharse sin un centavo. Y ahora resulta que está bajo la protección de los Walton. —Es lo que parece, señor. —Marcel habló con cautela, sintiendo que cualquier palabra equivocada podría costarle caro. —Bien. —Theo inhaló profundamente, tratando de calmar la furia que comenzaba a arder en su interior—. Escucha, Marcel, de ahora en adelante me vas a mantener informado de cualquier novedad sobre Amalfi y los niños. Quiero saber todo. ¿Entendido? —Sí, señor Farah, entendido. —Y una cosa más. —La voz de Theo se volvió cortante y autoritaria—. No le menciones a Owen que hemos tenido esta conversación. Esto queda entre nosotros. —Claro, señor. Theo colgó sin despedirse, sus pensamientos girando como un torbellino. El nombre Walton retumbaba en su mente. Esto no era una simple coincidencia. Algo más estaba pasando, algo grande. Y él no descansaría hasta descubrir qué era. **** Leryan Farah observaba la celebración desde una esquina, con una copa de champán en la mano y una sonrisa superficial en el rostro. Aunque la mansión O’Neill estaba decorada con un lujo exquisito y todos parecían encantados con el anuncio del compromiso entre Owen y Rox, ella no podía ignorar la expresión sombría de su hermano. Decidida, cruzó la sala y se plantó frente a él. —¿Qué pasa contigo, Owen? —dijo, inclinándose ligeramente para no llamar la atención de los demás—. Hoy deberías estar feliz. Estás anunciando tu compromiso con mi amiga Rox. ¿Por qué esa cara? Owen apenas levantó la vista, jugando con el vaso de whisky en sus manos. —No es nada, Leryan. —No me vengas con eso. —Leryan frunció el ceño, irritada por su actitud evasiva—. Te conozco, Owen. Estás pensando en algo. —Es papá —confesó Owen tras un momento de silencio—. Se enteró del compromiso. Leryan puso los ojos en blanco y soltó un bufido. —¡Por supuesto que papá tenía que arruinarlo! Ese hombre siempre encuentra la forma de meterse donde no lo llaman. Owen apretó la mandíbula, claramente incómodo con la dirección que estaba tomando la conversación, pero Leryan continuó, sin piedad. —Siempre fue lo mismo con él. Sobreprotegía a Amalfi como si fuera una especie de joya preciosa. ¿No te diste cuenta? A veces parecía que la quería más que a mí, su propia hija. Owen permaneció en silencio, sin confirmar ni negar sus palabras. —Y ahora, ¿qué pasa? —insistió Leryan, alzando una ceja—. No me digas que la tonta de Amalfi está por ahí diciendo que la humillamos. —No sé nada de ella. —Owen finalmente levantó la mirada, su expresión sombría—. Se fue de la casa con los niños. Leryan entrecerró los ojos, analizándolo. —Espero que no esté por el mundo esparciendo chismes sobre nosotros, Owen. Porque si la gente empieza a pensar que los Farah la trataron mal, eso dañaría tu reputación. Y, por ende, la mía. —No tengo tiempo para preocuparme por lo que diga Amalfi. —Owen desvió la mirada, apretando el vaso de whisky con más fuerza de la necesaria—. Ahora tengo que lidiar con mi padre. Está furioso. Leryan lo miró con desdén y luego dio un sorbo a su champán. —Que Theo se enoje. Siempre ha sido igual. Pero si Amalfi comienza a hablar de más… créeme, Owen, los chismes no solo te arruinarán a ti, también a Rox. Y eso es algo que no pienso permitir. —No tienes que preocuparte, Leryan —respondió Owen, su tono frío y cortante—. Amalfi no me importa. Y tampoco a nadie más. Leryan sonrió, satisfecha con esa respuesta, y le dio una palmadita en el brazo. —Esa es la actitud, hermano. Ahora, sonríe. Hoy es tu noche, y Rox te adora. Owen fingió una sonrisa, pero en su mente solo había confusión y una creciente frustración. Su padre, Amalfi, los niños… todo estaba comenzando a pesarle más de lo que quería admitir.  
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