La hacienda parecía haber recuperado su ritmo, pero bastaba con prestar atención para notar que algo se había quebrado. Las miradas eran distintas. Las palabras, más cuidadosas. Nadie se atrevía a nombrarlo, pero todos sabían que algo había pasado. María se había convertido en un secreto a voces, en una historia que nadie contaba pero todos pensaban. "La que dejó plantado a Julio por el patrón". María intentaba continuar como si nada. Se levantaba con el primer canto del gallo, ayudaba con los establos, tejía con Meche en las tardes, pero por dentro, su alma no encontraba refugio. Las noches se le hacían eternas, su cuarto se volvía una cárcel de recuerdos, y los suspiros eran lo único que le daba compañía. A veces lloraba en silencio, abrazando la foto de su madre, pensando qué consejo l

