El sol se alzó sobre el rancho con una calidez engañosa. Las flores se abrían hacia la luz, los animales hacían su rutina matutina y los trabajadores comenzaban el día con su ir y venir habitual. Desde afuera, todo parecía normal. Tranquilo. Pero dentro de la casa, María se vestía con manos temblorosas. Había encontrado el nuevo papel en la ventana apenas amanecía. Un simple mensaje con tinta negra y escritura rápida: > “Hoy solo quiero verte con ese vestido azul que tanto odias. Si no lo haces, sabré que no entiendes cómo jugar este juego. —J” El vestido estaba al fondo del clóset. Era uno de los primeros que había comprado en Aguascalientes, antes incluso de confesarle a Ramiro su amor, antes de huir del pueblo, antes de que la vida se volviera este juego cruel. Se lo puso. El az

