La noche había caído como un telón espeso sobre la propiedad. Afuera, los grillos cantaban con insistencia y el aire tenía ese olor a campo húmedo, a tierra que respira profundo bajo la oscuridad. María se encontraba en su habitación, sentada en el borde de la cama, con el rostro desencajado, las manos frías y un papel arrugado entre sus dedos. > “Esta noche. Graneros. 3 a.m. Dile a Ramiro que estás cansada, discute con él, y no dejes que te toque. Haz lo que te digo, María. Sé buena niña o Meche pagará las consecuencias. —J” El miedo le oprimía el pecho. Se sentía sola en una guerra sin armas. Y lo peor de todo es que tenía que engañar al único hombre que realmente amaba. Ramiro estaba sentado en el comedor cuando ella bajó. Le sonrió con ternura, pero María evitó su mirada. —¿Est

