Ganas no me faltaban de volver al lugar donde dejé a mi padre y a Alexander conversando, pero me contuve por dos razones. La primera, porque estaba conversando con Julián y sería muy descortés de mi parte dejarlo hablando solo. Y segundo, porque tampoco iba a entrometerme en la conversación entre ellos. — Es lamentable lo que hicieron esas mujeres con usted, ¿tomará medidas legales? Yo puedo recomendarle al mejor bufete de abogados de New York en casos de difamación. —dijo Julián cambiando completamente de tema, al ver que no obtuvo alguna respuesta de mi parte. Lo miré, intentando adivinar lo que pasaba por su cabeza, pero me resultó imposible. Julián sabía ocultar sus emociones detrás de un rostro inexpresivo que lo hacía lucir misterioso y atractivo.

